La NASA abre la puerta a que empresas privadas rescaten al telescopio Hubble de su órbita menguante. Sin un reimpulso, el observatorio que cambió la astronomía moderna caerá sobre la atmósfera a mediados de la década de 2030.
El anuncio lo firma el administrador de la agencia, Jared Isaacman, que ha pedido propuestas al sector privado para comprobar si alguien puede mantener vivo al telescopio. La formulación es deliberadamente abierta: no habla de una misión concreta, sino de buscar oportunidades razonables para que el Hubble siga entregando ciencia el mayor tiempo posible. Nada de diseño cerrado ni de pliego con especificaciones. Primero, quién se atreve.
No hay urgencia inmediata. Nadie va a ver arder el telescopio este año ni el que viene. El problema es de aritmética orbital: la resistencia de la termosfera, esa capa de aire extremadamente tenue que aún roza los 500 kilómetros de altura, frena al observatorio metro a metro, día tras día, sin pausa y sin ruido.
Ese descenso es minúsculo a escala humana y demoledor a escala orbital. Unos metros diarios, sumados durante años, bastan para convertir una caída libre silenciosa en una fecha de caducidad impresa en un calendario de misión.
La agencia ha recordado que al Hubble le queda ciencia importante por delante. Y ahí está el nudo del asunto: el telescopio sigue produciendo datos que ningún otro instrumento replica hoy, sobre todo en el ultravioleta, una franja del espectro que el James Webb no cubre.
En órbita baja, la diferencia entre seguir funcionando y arder en la atmósfera son unos cientos de kilómetros y un contrato firmado a tiempo.
Treinta y seis años cayendo, centímetro a centímetro
El Hubble llegó a la órbita en abril de 1990, a bordo del transbordador Discovery. Desde entonces fue visitado cinco veces por astronautas, la última en 2009, cuando el programa del transbordador aún respiraba. Esa época terminó. Hoy no existe ninguna nave tripulada capaz de agarrar al telescopio y subirlo de altura, salvo que alguien diseñe, financie y ejecute la maniobra.
De ahí el giro comercial. La NASA ya exploró en 2022, junto a SpaceX, la posibilidad de emplear una cápsula Dragon para elevar la órbita del observatorio. El estudio quedó en eso, en un estudio sin contrato detrás. La convocatoria de ahora persigue algo distinto: que sea la industria quien proponga y, sobre todo, quien ponga precio.
En paralelo, el telescopio envejece por dentro. En los últimos años ha tenido que operar con un giroscopio menos y sus instrumentos han encadenado paradas intermitentes. La electrónica de los años ochenta sigue viva por pura tozudez de ingeniería. Puedes consultar el estado de la misión en la página oficial del telescopio Hubble.
Cómo se empuja un autobús de 11 toneladas a 500 kilómetros de altura
El Hubble mide 13 metros y pesa algo más de 11 toneladas. Elevar semejante masa exige acoplarse a ella o empujarla con un remolcador orbital, y ninguna de las dos cosas es trivial: la estructura no fue diseñada para que una nave comercial se le pegue por cualquier costado ni para recibir empujones desde ángulos arbitrarios.
Para hacerse una idea de la altura, piense en un avión de pasajeros en crucero. Vuela a unos 11 kilómetros. El observatorio está cincuenta veces más arriba, en un territorio donde el aire casi no existe, pero existe lo suficiente para frenar un objeto que lleva décadas sin encender un motor.
Un reimpulso no es un viaje: es un empujón. Como darle una patada a una piedra que rueda cuesta abajo, solo que la cuesta es el planeta entero y la piedra da una vuelta completa cada 95 minutos.

Por qué la órbita del Hubble importa más allá del Hubble
Hay una razón científica y otra estratégica. La científica es la llamada tensión del Hubble: las medidas del ritmo de expansión del universo que el telescopio ha firmado no coinciden del todo con las que llegan del fondo cósmico de microondas. Ese desacuerdo sigue sin resolver y es uno de los problemas abiertos más jugosos de la cosmología contemporánea.
Salvar al Hubble no es conservar una reliquia: es mantener abierta una ventana de observación que hoy nadie más tiene.
La razón estratégica tiene que ver con el modelo. Buena parte de la exploración espacial del futuro inmediato se juega en contratos de servicio, no en grandes programas públicos. Si una empresa logra reimpulsar el Hubble con un presupuesto razonable, esa capacidad —acoplarse, empujar, retirar— queda demostrada y vendible para satélites de todo tipo. Cuesta exagerar lo que eso abriría.
Soy escéptico con los plazos y optimista con el fondo. El anuncio no detalla presupuesto, ni calendario, ni reparto de responsabilidades en caso de accidente, y esos son justo los detalles que deciden si una convocatoria se convierte en misión o se queda en nota de prensa. Tampoco está claro qué ocurre si nadie presenta una propuesta viable: la fecha de caducidad de mediados de los años treinta no se mueve porque la industria tarde en decidirse.
Hay además una pregunta incómoda que la agencia tendrá que responder antes o después: cuánto vale un telescopio que ya no es el más potente del cielo. La respuesta corta es que no compite con el Webb, lo complementa. La larga incluye ultravioleta, series temporales de tres décadas y una comunidad de miles de investigadores que han construido su carrera sobre esos archivos. Más contexto histórico en la entrada de Wikipedia sobre el telescopio.
Existe una tercera vía, menos romántica: el descenso controlado. Dejar que el observatorio caiga sobre una zona deshabitada del océano en un punto calculado, con la maniobra bien planificada y sin riesgo para nadie. Es la opción barata, la que no exige innovación alguna, y precisamente por eso conviene tenerla presente: marca el suelo contra el que se medirá cualquier propuesta comercial.
El calendario, en cualquier caso, ya está en marcha. La pelota está en el tejado de las empresas, y el Hubble seguirá cayendo mientras se decide quién la recoge.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha anunciado: la NASA solicita propuestas al sector privado para reimpulsar la órbita del telescopio Hubble y evitar su reentrada atmosférica.
- Dónde: órbita terrestre baja, a unos 500 kilómetros de altura sobre la superficie.
- Institución responsable: NASA, con anuncio firmado por su administrador, Jared Isaacman.
- Cuándo: convocatoria abierta por la agencia; sin reimpulso, la reentrada está estimada para mediados de la década de 2030.
- Impacto a futuro: validaría ante la industria la capacidad de maniobrar y remolcar satélites en órbita, un mercado emergente para las próximas décadas.




