Alier desarrolla papel reciclado capaz de capturar 6 g de CO2 con residuo siderúrgico

El proyecto CAPTAPAPER, con 152.800 euros y la mitad financiados por ACCIÓ, terminó en diciembre de 2025 en fase de laboratorio. Los 6 gramos por metro cuadrado aún deben validarse en condiciones reales antes de hablar de escala industrial.

La papelera Alier ha desarrollado papel reciclado con un aditivo procedente de residuo siderúrgico capaz de capturar cerca de 6 gramos de CO2 por metro cuadrado al año, una vía que convierte un material masivo en sumidero de carbono.

Del acero al pliego: cómo un residuo industrial se vuelve captador de CO2

El punto de partida no es una planta de captura, sino un residuo. La industria siderúrgica genera materiales sobrantes que, transformados en aditivo, se incorporan a la pasta de papel cien por cien reciclado. El resultado son prototipos que conservan las propiedades del producto original y suman una función ambiental nueva: absorber dióxido de carbono del ambiente. La empresa asegura que el proceso no altera gramajes, resistencias ni acabados del papel.

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Los primeros ensayos han probado la fórmula en dos familias de producto muy distintas: bolsas comerciales y placas de cartón yeso para construcción. Esa versatilidad es la que ha llevado a Alier a explorar líneas de negocio ligadas a la economía circular industrial. Un mismo aditivo, dos cadenas de suministro y un residuo que deja de ser un coste de gestión.

Vamos a los datos. Un folio A4 tiene 0,062 metros cuadrados de superficie; una resma de 500 hojas suma algo más de 31 metros cuadrados. A razón de 6 gramos por metro cuadrado y año, esa resma capturaría unos 187 gramos de CO2 anuales. La cifra es modesta por unidad, pero opera sobre un material que se produce por millones de toneladas cada año.

‘Queríamos contribuir a mitigar el cambio climático reduciendo la concentración de CO2 del ambiente y, al mismo tiempo, aportar valor ambiental al producto papelero’, explica Pilar Carnicé, directora de Innovación de la compañía. El objetivo declarado es que un bien corriente deje de ser solo un emisor y pase a tener una función compensatoria.

La letra pequeña: 152.800 euros, dos prototipos y ninguna planta industrial

El desarrollo se enmarca en CAPTAPAPER, un proyecto que la papelera presentó con un presupuesto de 152.800 euros y una ejecución que se extendió de enero de 2024 a diciembre de 2025. La Generalitat, a través de ACCIÓ, financió 76.400 euros: la mitad exacta del coste. Con ese dinero se han fabricado prototipos, no capacidad productiva.

Seis gramos por metro cuadrado no descarbonizan una fábrica. Cambian, eso sí, la función de un producto que hasta ahora solo emitía.

Aquí está el detalle que ordena todo. El Departament d’Empresa i Treball precisa que la tecnología sigue en fase de desarrollo y que necesita más trabajo para optimizar prestaciones y comprobar su comportamiento en condiciones de uso real antes de valorarla a escala industrial. Traducido: laboratorio sí, línea de producción todavía no. La empresa sitúa ese siguiente hito sin fecha pública confirmada.

captura de CO2

📊 Impacto ecológico en cifras

  • CO2 capturado: cerca de 6 gramos por metro cuadrado de papel y año en los prototipos ensayados.
  • Inversión: 152.800 euros de presupuesto, con 76.400 euros aportados por ACCIÓ, el 50% del total.
  • Estado: fase de desarrollo, sin capacidad industrial ni validación en condiciones reales de uso.
  • Equivalencia tangible: una resma de 500 folios A4 capturaría unos 187 gramos de CO2 al año.

Alier no es una startup. Fundada en 1832 y con sede en Rosselló, en la comarca del Segrià, es una de las papeleras más antiguas de España y emplea a más de 250 personas. Ese perfil importa: la captura no exige equipos nuevos ni consumo energético añadido, sino un cambio en la formulación de un proceso que ya existe y que ya tiene mercado.

Del residuo al producto: la sinergia que la industria del acero necesita

El interés industrial del hallazgo está en el cruce de sectores. La siderurgia es una de las actividades más expuestas al coste del carbono en Europa, entre el régimen de comercio de derechos de emisión y el mecanismo de ajuste en frontera. Convertir un residuo en materia prima para otro sector reduce la factura de gestión y abre una vía de revalorización que no requiere una planta de captura dedicada.

Las placas de cartón yeso, el segundo destino del proyecto, no son casuales. La construcción avanza hacia la declaración del carbono incorporado de sus materiales, y cualquier producto que reste CO2 a la atmósfera durante su vida útil tiene un argumento comercial distinto. Ahí es donde los seis gramos pueden valer más como atributo de producto que como toneladas contabilizadas.

Ni bala de plata ni maquillaje: dónde encaja de verdad esta captura difusa

Conviene situar la magnitud. La captura directa de aire mueve hoy costes por tonelada muy elevados y consume energía en el propio proceso. La propuesta de Alier es lo contrario: captura pasiva, distribuida y sin coste energético asociado, integrada en un bien de consumo que se fabrica igual. Para entender la diferencia de escala, basta con repasar cómo funciona la captura de carbono convencional.

El precedente del sector apunta en la misma dirección. Otras papeleras y fabricantes de materiales han explorado aditivos minerales y fibras con capacidad de mineralización del CO2, casi siempre con resultados en gramos por metro cuadrado y no en toneladas por instalación. La novedad aquí es el uso de un residuo siderúrgico como materia activa. La asignatura pendiente es común a todo el ramo: la verificabilidad. Sin una metodología de medición aceptada y una verificación independiente, seis gramos son un dato de laboratorio, no un dato climático.

Lo que sí ha cambiado es el marco. La Taxonomía Verde europea, la directiva de información corporativa de sostenibilidad y las reglas de ecodiseño empujan a las empresas a demostrar el comportamiento ambiental de sus productos con método, no con eslóganes. Un aditivo que captura CO2 y se fabrica con residuo ajeno encaja en ese relato solo si el dato se sostiene año tras año y en uso real.

El efecto dominó llega hasta el comprador. Si la papelería industrial introduce fibra con capacidad de captura, la exigencia se traslada al fabricante de bolsas, al distribuidor de materiales de construcción y, al final, al envase que el consumidor tiene en la mano. La transición no se decide solo en un parque eólico: también en la formulación química de un pliego.

🌍 El Impacto Real para el Futuro

  • Beneficio medible: un material de uso masivo pasa a retirar CO2 del aire, con cerca de 6 gramos por metro cuadrado y año.
  • Modelo que cambia: el residuo siderúrgico deja de ser un coste de gestión y se convierte en materia prima para otro sector.
  • Para las próximas generaciones: si la captura se verifica y escala, el papel que hoy solo emite podría restar carbono durante décadas de vida útil.

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