El Hubble ha rastreado el oxígeno de 37 galaxias enanas y falta buena parte del que predecían los modelos. No es un error de medida: es un desajuste que obliga a revisar cómo las galaxias pequeñas expulsan sus elementos hacia el espacio intergaláctico.
Un artículo publicado este lunes en The Astrophysical Journal por el equipo del proyecto GLOW (Galaxies Losing Oxygen via Winds), financiado por la NASA y la National Science Foundation, presenta el resultado en el comunicado de la NASA. La investigación combina imagen óptica de archivo del telescopio espacial con datos del retirado Spitzer, y de dos radiotelescopios en tierra: el Very Large Array y el Australian Telescope Compact Array.
La elección del oxígeno no es casual. Después del hidrógeno y el helio es el elemento más abundante del cosmos, su fabricación estelar se entiende bien y resulta relativamente fácil de detectar. Eso lo convierte en un trazador fiable del resto de elementos pesados. Kristen Wingfield McQuinn, investigadora principal de GLOW y jefa de operaciones científicas del telescopio Roman en el STScI, lo justifica por razones prácticas: permite saber cuánto material fabrican las estrellas y cuánto acaba fuera de la galaxia.
37 galaxias enanas y un desajuste que no cuadra
Las 37 galaxias no se eligieron al azar. Son sistemas de entre unos miles y cientos de millones de estrellas, con masas en el rango donde las simulaciones predicen que la expulsión de oxígeno se dispara. Y están lo bastante cerca para que el Hubble resuelva sus estrellas una a una, algo imposible en la mayoría de las galaxias enanas conocidas.
La explicación más plausible está en los vientos galácticos. Las explosiones de supernovas inyectan energía en el gas y lo empujan fuera del sistema, hacia el espacio que separa unas galaxias de otras. Según este trabajo, ese mecanismo es mucho más eficaz en los sistemas de baja masa de lo que recogen los modelos al uso. El dato no cuadraba. Grace Telford, coautora y profesora en la Universidad de Utah, lo plantea como un ejercicio de contabilidad: si el oxígeno estuvo dentro en algún momento, en algún momento tuvo que salir.
Las galaxias enanas apenas conservan una fracción mínima del oxígeno que sus propias estrellas han fabricado.
Cómo se mide el oxígeno que escapa de una galaxia

El método es una suma de miradas complementarias. La imagen óptica del Hubble permite reconstruir las poblaciones estelares, las historias de formación estelar y su composición química. Spitzer, ya retirado, aportó información sobre el polvo; los radiotelescopios midieron el gas. Con ese rompecabezas, el equipo repartió el oxígeno en tres cajas: el que está dentro de las estrellas, el que flota en el gas interestelar y el que ya ha salido de la galaxia.
Póngase en escala. La Vía Láctea alberga cientos de miles de millones de estrellas; algunas de estas enanas, apenas unos miles. Son el equivalente, salvando las distancias, a un pueblo frente a una megalópolis. Y sin embargo dominan el censo galáctico del universo local: los sistemas pequeños son, con diferencia, los más numerosos.
No es la primera vez que el oxígeno sale de las cuentas. Un estudio de 2014 ya encontró que las galaxias con formación estelar parecidas a la nuestra pierden una fracción considerable de este elemento, y que parte reposa en el halo difuso que rodea los discos, el llamado medio circumgaláctico. GLOW extiende esa pesquisa a galaxias de baja masa y a entornos muy distintos. Una pregunta sigue abierta: no está claro si la mayor parte del oxígeno perdido se acumula en ese halo o si ha sido expulsado del todo de las inmediaciones de la galaxia.
Por qué el desajuste obliga a revisar los modelos de evolución galáctica
Aquí está el interés real del trabajo. El enriquecimiento químico del gas intergaláctico no es un detalle marginal: determina la composición de la próxima generación de estrellas, la relación entre la masa de una galaxia y sus elementos pesados y, en última instancia, cuánto carbono, oxígeno y hierro quedan disponibles para formar planetas. Si los modelos subestiman la eficacia del feedback de las supernovas, están sobreestimando lo que esas galaxias conservan y leyendo mal su historia. El desajuste es de contabilidad, no de física nueva: nadie propone una partícula desconocida ni una ley alternativa, solo un reparto distinto de la energía que ya conocemos. Si el oxígeno escapa antes de que nazcan nuevas estrellas, además, la galaxia envejece químicamente más despacio de lo que sugieren su color y su brillo.
Conviene señalar los límites. Los 37 objetos se escogieron por estar justo en el rango de masa donde el efecto se espera máximo, lo que orienta la foto hacia el fenómeno que se quiere estudiar. El oxígeno no se ha pesado en el espacio intergaláctico: se infiere de lo que falta dentro. Y no hay todavía una confirmación independiente con otro instrumento que cierre el balance. El artículo, eso sí, ha pasado la revisión por pares de The Astrophysical Journal. A mí me parece un resultado más valioso por lo que abre que por lo que cierra: pone cifras a un proceso que llevábamos décadas describiendo de forma cualitativa.
El siguiente paso ya tiene hoja de ruta. McQuinn cuenta con un programa aprobado para usar el telescopio Roman, recién lanzado, en la búsqueda de galaxias aún menos masivas. Una vez identificadas, el Hubble y el James Webb podrán observarlas con más profundidad y reconstruir cómo formaron estrellas a lo largo del tiempo cósmico. Telford, por su parte, quiere emplear el Hubble en caracterizar las estrellas masivas concretas que producen el oxígeno y lo expulsan de su galaxia anfitriona. Queda una pregunta tan simple como difícil: dónde está exactamente todo ese oxígeno que falta.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: Las galaxias enanas de baja masa retienen solo una fracción pequeña del oxígeno que producen sus estrellas, porque los vientos de supernovas lo expulsan con más eficacia de la que predicen los modelos.
- Dónde: En 37 galaxias enanas del universo local, entre ellas NGC 4449, todas lo bastante cercanas para resolver sus estrellas individuales.
- Institución responsable: Proyecto GLOW, con financiación de la NASA y la National Science Foundation, y observaciones del telescopio Hubble (NASA/ESA).
- Cuándo: Estudio publicado el lunes 2 de noviembre de 2026 en The Astrophysical Journal.
- Impacto a futuro: Obliga a revisar los modelos de enriquecimiento químico del medio intergaláctico y abre observaciones de seguimiento con los telescopios Roman, Hubble y James Webb.




