La nube Arsia Mons, una cola de hielo de agua de hasta 1.500 kilómetros, ha vuelto a aparecer sobre Marte. La NASA acaba de difundir su retrato más reciente, elegido este 2 de noviembre de 2026 como Astronomy Picture of the Day. La estructura se estira sobre el flanco occidental del volcán que le da nombre y se deshace en pocas horas. Lleva repitiéndose con puntualidad al menos desde 1977.
Su nombre técnico es Arsia Mons Elongated Cloud, o AMEC, y su comportamiento es de relojería. Solo se forma en primavera y verano del calendario marciano. Y solo durante las primeras horas de la mañana. Al mediodía ya no queda nada: el aire se calienta, la humedad se dispersa y la cola se evapora hasta el año siguiente.
Una cola de hielo que cubre casi la distancia entre Madrid y Berlín
El texto que acompaña a la imagen de la NASA describe una cola que puede extenderse ‘más de 1.500 kilómetros’ empujada por el viento. Otras mediciones del mismo fenómeno manejan cifras de hasta 1.800 kilómetros, que es la que ha circulado en la difusión del hallazgo. La diferencia no es un error de nadie: mide días distintos de un objeto que crece y se deshace. A 1.800 kilómetros, la nube cubriría casi la distancia en línea recta entre Madrid y Berlín.
Arsia Mons no es el volcán más alto de Marte —ese trono es de Olympus Mons—, pero sí el más meridional de los tres gigantes de Tharsis. Su caldera supera los 100 kilómetros de diámetro, una de las mayores del sistema solar. La nube que lleva su nombre vuela mucho más alto: hasta 20 kilómetros sobre el suelo, casi el doble de la altura de crucero de un avión comercial. A esa cota, el aire marciano es tan tenue que los cristales de hielo apenas encuentran de qué agarrarse.
Ahí empieza el problema. En la Tierra, las nubes se forman porque el vapor de agua condensa alrededor de partículas diminutas de polvo, los llamados nucleadores. En la alta atmósfera de Marte ese mecanismo falla: el aire es finísimo y hay muy poco polvo a esa altura. La receta que funciona en casa no funciona allí.
La hipótesis que hoy se sostiene con más fuerza, según el texto publicado por la NASA, es que el polvo no interviene en absoluto. Es una idea incómoda. Deja a los científicos sin el andamio conceptual al que están acostumbrados y convierte a esta nube en un pequeño laboratorio natural para repensar cómo se condensan los cristales de hielo en atmósferas pobres en aerosoles.
Cada mañana de primavera marciana, una nube de hielo de 1.500 kilómetros se levanta sobre Arsia Mons y desobedece el mecanismo que explica las nubes terrestres.
Cuarenta y nueve años fotografiando la misma nube

El primer registro conocido lo firmó la sonda Viking Orbiter 2 de la NASA en 1977, cuando la misión cartografiaba Marte con una resolución que hoy parece de juguete. Desde 2003, la Mars Express de la ESA ha seguido el fenómeno con cámaras mucho más capaces y ha confirmado que no era una racha óptica: ocurre cada año marciano, que equivale a 687 días terrestres, casi dos años nuestros.
La imagen que hoy difunde la NASA es de 2018 y lleva el sello de la ESA, el DLR y la Freie Universität Berlin, con procesamiento de J. Cowart. Su mérito no es solo estético. Cazar una nube que dura unas horas exige fotografiar el mismo punto del planeta varias veces por la mañana, algo que las órbitas modernas permiten y que en 1977 era impensable.
Lo que sigue faltando es la medida directa. Nadie ha caracterizado con resolución suficiente la concentración de aerosoles en el corazón de la AMEC. La hipótesis del polvo ausente es la favorita, no la cerrada.
Lo que una nube marciana enseña sobre la Tierra
Marte conserva poca agua. La mayor parte está congelada en los polos y en el subsuelo, y la atmósfera apenas contiene un 0,03% de vapor de agua. La presión superficial ronda los 6 hectopascales, menos del 1% de la terrestre. En ese ambiente, una nube de hielo de 1.800 kilómetros es una anomalía estadística que se repite, cada primavera. Entenderla ayuda a afinar los modelos del ciclo del agua marciano, los mismos que algún día habrá que usar para predecir el tiempo de una misión tripulada.
Hay algo más. Si el hielo se condensa allí sin nucleadores de polvo, toca revisar qué se da por sentado sobre la formación de nubes en cualquier atmósfera fría y seca, incluida la de ciertos exoplanetas y la de las capas altas de la nuestra. Es el tipo de resultado modesto que, sumado a otros, mueve la aguja del conocimiento.
Me interesa esta nube por lo que tiene de obstinada. No es un destello único ni el hallazgo de una tarde: es un fenómeno documentado durante casi medio siglo que aún no tiene explicación completa. Las cámaras de Mars Express han vigilado el volcán campaña tras campaña, y cada primavera marciana añade datos nuevos. La próxima ventana de observación llegará con el siguiente ciclo estacional del planeta y, con ella, una nueva ocasión de pillar a la AMEC en falta.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: la NASA difunde una nueva imagen de la nube alargada de Arsia Mons, una cola de hielo de agua de hasta 1.800 kilómetros que se forma cada primavera y verano marcianos.
- Dónde: sobre el volcán Arsia Mons, en la región de Tharsis, Marte.
- Institución responsable: NASA, con datos e imágenes de la ESA, el DLR y la Freie Universität Berlin.
- Cuándo: imagen difundida el 2 de noviembre de 2026; la fotografía original es de 2018.
- Impacto a futuro: entender cómo se forma hielo sin nucleadores de polvo ayudará a modelar el ciclo del agua marciano y la formación de nubes en atmósferas secas.




