El precio del gas ha cruzado hoy los 100 euros por megavatio hora en el TTF holandés y no alcanzaba ese nivel desde 2022. No es un pico aislado. Llega horas después de que el comisario de Energía, Dan Jørgensen, advirtiera de que la UE puede entrar en “otra crisis energética”, y con los almacenamientos en niveles históricamente bajos para finales de octubre.
He seguido el mercado estas semanas y el diagnóstico es fácil de enunciar y difícil de resolver: Europa sustituyó el gas ruso por GNL estadounidense, pero esa dependencia no es más barata ni más estable. A la concentración de proveedores se suma la interrupción continuada del gas catarí. Cada grado de menos se traduce en euros en la factura industrial.
Cien euros por megavatio hora: el mapa de la oferta europea
Los datos que explican el repunte son cuatro.
- 100 €/MWh en el TTF holandés, primer cruce de esa cota desde 2022.
- Almacenamientos históricamente bajos para la altura del año, con poco margen ante un invierno frío.
- Estados Unidos es ya el primer proveedor de GNL de la UE tras la invasión rusa de Ucrania.
- Catar, otro pilar del suministro, mantiene disrupciones en producción y transporte.
Ese cuadro tiene traducción monetaria inmediata. El gas marca el coste marginal de la electricidad en buena parte de los mercados mayoristas europeos, así que un TTF por encima de los 100 euros vuelve a presionar la inflación energética justo cuando el BCE daba por controlada la parte más volátil del índice. Veo más repunte estructural que susto puntual.
“We will assess opportunities for long-term energy connectivity, investment and offtake arrangements that contribute to European energy security and Canadian economic development while supporting our shared climate objectives.” — Borrador del comunicado conjunto UE-Canadá, cumbre de Montreal, octubre de 2026
Bruselas mueve ficha: estudio de viabilidad con Canadá para el GNL
La respuesta política ya está sobre la mesa. El borrador del comunicado de la cumbre UE-Canadá que se celebra en Montreal los días 29 y 30 de octubre, justo después de este cierre de mercado, incluye un estudio de viabilidad sobre exportaciones de GNL a largo plazo a Europa, según el texto al que ha tenido acceso Euronews. El documento añade cooperación en redes eléctricas, almacenamiento en baterías y protección física y digital de infraestructuras energéticas.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, respalda planes que podrían duplicar la capacidad de exportación de GNL de la costa oeste y ofrece Ottawa como proveedor fiable para economías que quieren diversificar. También se ha mostrado abierto a exportar desde Nuevo Brunswick si la provincia revierte su prohibición del fracking.
Quedan incógnitas relevantes: cuánto gas podría suministrar Canadá, a qué precio y con qué infraestructura. Y Asia compite por ese mismo GNL. Nada de eso impide que Bruselas lo presente como pieza central de su seguridad energética.
“It risks locking in fossil fuel infrastructure, stranded assets and higher bills for consumers on both sides of the Atlantic, while undermining Europe’s climate goals.” — Esther Bollendorff, Climate Action Network Europe
La crítica ecologista apunta a una contradicción de fondo: un terminal de GNL opera décadas, así que firmar suministro a largo plazo para resolver un invierno difícil puede retrasar la electrificación que Bruselas dice perseguir. En paralelo, la Comisión advirtió esta semana de que Europa necesita más capacidad de refino para resistir shocks energéticos.
Lo que veo: un problema de precios con raíces de infraestructura
Lo que veo en este episodio es menos una sorpresa de mercado que la confirmación de un desequilibrio que llevaba meses gestándose. Europa construyó su alternativa al gas ruso sobre dos patas frágiles: un proveedor estadounidense cuya política comercial cambia con cada administración y un suministro catarí con interrupciones recurrentes. El resultado es un mercado que reacciona con violencia a cualquier pérdida de oferta porque no tiene colchón. Los 100 euros no son una anomalía estadística; son el precio de la falta de holgura.
Hay una contradicción que los datos no resuelven. Con un invierno suave, el TTF puede corregir en semanas. Con un invierno frío, los almacenamientos bajos obligarán a comprar a cualquier precio y el contagio a la inflación europea será inmediato.
El hito que sigo es la cumbre de Montreal del 29 y 30 de octubre. Si el estudio de viabilidad se confirma en el texto final, Bruselas habrá elegido asegurar moléculas durante décadas a cambio de tensionar sus objetivos climáticos.
🌍 El impacto en España y Europa
Para el lector español, la transmisión es en dos pasos. Primero la factura eléctrica: con el gas en 100 euros, el coste marginal del mercado mayorista sube y arrastra la tarifa regulada y los contratos indexados de la industria electrointensiva. Después la inflación: un encarecimiento sostenido del gas durante el invierno reabre la brecha entre el IPC general y la subyacente y complica la senda de recortes que el BCE quiere mantener.
- Euríbor: el efecto es indirecto, vía inflación y expectativas de tipos. Si el repunte se traslada al IPC de noviembre y diciembre, el mercado retrasará las bajadas que descuenta para 2027 y las hipotecas variables notarán ese frenazo en la próxima revisión.
- Inflación y consumo: cada rebrote energético resta poder adquisitivo y golpea con más fuerza a los hogares de renta baja, donde la energía pesa más en la cesta.
- IBEX y financiación: las utilities con generación gasista mejoran margen; la industria electrointensiva y el transporte asumen más costes, y los emisores endeudados pagan más si los tipos tardan en bajar.




