Qué mide el estudio de Delphi Digital
El Ethereum blockspace institucional ya tiene su primer cuello de botella medido en minutos. Si solo un 5% del peso de los proponentes de bloques cumple los requisitos que exige un banco, ese banco esperará de media cuatro minutos hasta dar con un bloque que pueda usar. La probabilidad de encontrar uno en cerca de un minuto cae al 23%.
El cálculo es de Delphi Digital, firma de análisis e inversión centrada en criptoactivos, y se publicó el 27 de octubre. No describe un fallo de la red, sino el coste de poner filtros encima de una red diseñada para no tenerlos.
Conviene recordar cómo se reparte el trabajo. Cada 12 segundos se abre un slot: la ventana en la que un validador concreto, el proponente, arma el siguiente bloque. Ese turno se sortea ponderando el stake efectivo, es decir, los 32 ETH depositados por cada validador y su historial. Un servicio que solo acepta operadores que pasan el filtro de un cliente accede a una fracción de las oportunidades de la red, no a todas. Ahí empieza la aritmética.
ETHGas es la pieza que ha puesto el tema sobre la mesa. Vende espacio en bloque —blockspace, en la jerga del sector: la capacidad de cada bloque para admitir transacciones— con filtros aplicados antes de que la transacción llegue. Qué operadores son aceptables, qué reglas de ordenación rigen, qué identidad o jurisdicción se exige. La liquidación sigue en la red pública. No se traslada el dinero a un jardín vallado; se pone control de acceso a la puerta del jardín.
El anuncio que acompaña esa tesis es el acuerdo con ether.fi, cerrado en abril y valorado entonces en 3.000 millones de dólares en ETH. Abarca tres años, cerca del 40% de las tenencias de la firma y el uso exclusivo de la plataforma de preconfirmaciones de ETHGas. Suena contundente. No responde a la pregunta que importa.
Reservar blockspace no es comprar tiempo: el tiempo llega cuando el siguiente proponente pasa el filtro del cliente.
El tamaño del compromiso no dice cuánto peso activo de proponentes cumple hoy las condiciones de cada institución. Un validador que opera en el mercado general puede no satisfacer, las reglas de un banco concreto. Los paneles de relés tampoco aclaran nada: en una captura del 27 de octubre mostraban 221.558 registros históricos de validadores y 104.728 cargas de datos entregadas, contadores acumulados que no identifican el stake elegible.
Preconfirmar no es incluir ni finalizar
ETHGas promociona confirmaciones en torno a 50 milisegundos. La promesa es real, pero se refiere a otra etapa. La preconfirmación comunica un compromiso antes de que la transacción entre en un bloque; la finalidad de Ethereum depende de su consenso y llega después. Un acuse rápido no demuestra acceso inmediato a un proponente calificado ni liquidación en ese mismo plazo.
Para una mesa que gestiona colateral o rebalancea cartera, lo que cuenta es si hay capacidad apta justo cuando toca operar. Ahí se juega la propuesta entera.
El contexto explica la prisa. El 19 de octubre, JPMorgan confirmó que JPM Coin, su token de depósito en dólares con ticker JPMD, operaba en la red principal de Ethereum para clientes institucionales, después de pasar por Base. El dinero institucional ya vive en la misma red pública que el colateral tokenizado. La pregunta dejó de ser si los bancos usarán Ethereum: ahora es con qué latencia y con qué garantías.
El precedente de MEV-Boost y el riesgo de un mercado de dos capas
Ethereum ya vivió una discusión parecida con la separación entre proponente y constructor de bloques, el mecanismo conocido como PBS y popularizado por MEV-Boost tras The Merge de septiembre de 2022, el paso a prueba de participación que jubiló la minería. Entonces se discutía quién ordena las transacciones y cuánto vale ese privilegio, el valor extraíble que el sector llama MEV. Ahora la pregunta es quién puede negarse a ordenarlas.
La diferencia importa porque el blockspace con filtros crea dos mercados. Uno abierto, donde cualquier validador compite por proponer. Otro con lista de invitados, donde la disponibilidad depende de que haya suficientes operadores homologados en la cola de turno. Con un 5% del peso, ese segundo mercado va a cuentagotas. Con un 40%, la espera estimada baja a unos 30 segundos y la probabilidad de dar con un slot elegible en un minuto sube al 92%. Son supuestos del modelo, no garantías.
El riesgo de fondo es de concentración. Si los operadores que cumplen los criterios de las grandes entidades acaban siendo un puñado, el acceso institucional dependerá de un oligopolio de validadores homologados. Eso no rompe Ethereum, pero tensa una de sus promesas básicas: que da igual quién seas para que tu transacción entre. Ya ocurrió algo parecido cuando Dencun abrió los blobs en marzo de 2024, el espacio de datos barato para los rollups: las comisiones de las capas 2 se hundieron y el relato cambió en semanas. La infraestructura evoluciona deprisa; las métricas que la describen, bastante menos.
Queda una pregunta que el mercado resolverá con datos, no con notas de prensa: quién publica primero el stake efectivo elegible y el rendimiento de entrega frente a plazos. Mientras eso no ocurra, el blockspace institucional seguirá siendo una promesa con horquilla. Sobre la mesa hay propuestas serias, como la separación consagrada entre proponente y constructor recogida en el repositorio de propuestas de mejora de Ethereum, y el próximo ciclo de upgrades decidirá si esos filtros caben en el protocolo o se quedan en la capa de servicios.




