Pastillas para dormir y melatonina: el aviso médico sobre la mezcla tóxica de suplementos que te lleva a urgencias.

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El dato: las intoxicaciones por melatonina se han multiplicado en la última década

Un hombre duerme sobre una mesa con un vaso y una botella de whisky cerca, sugiriendo agotamiento.

El dato que mejor mide la tendencia lo firma el CDC estadounidense. Entre 2012 y 2021, los centros de toxicología del país registraron 260.435 ingestiones de melatonina en menores de 19 años y el número anual pasó de 8.337 a 52.563, un aumento del 530%. El peso relativo es todavía más elocuente: si en 2012 esos casos representaban el 0,6% de todas las intoxicaciones pediátricas notificadas, en 2021 eran el 4,9%, y en 2020 la melatonina se convirtió en la sustancia más ingerida por niños en esos registros. Las urgencias acompañaron la curva, con un alza del 420% en las visitas por ingestión no supervisada de lactantes y niños pequeños entre 2009 y 2020. No todo fueron sustos: 4.097 menores requirieron hospitalización, 287 pasaron por cuidados intensivos, cinco necesitaron ventilación mecánica y dos murieron.

El patrón se repite fuera de EEUU y no es un episodio aislado. En Chile, el Centro de Información Toxicológica de la Universidad Católica contabilizó 927 casos entre 2019 y 2022, con un crecimiento anual del 230% (de 147 a 338); el 60,8% fueron intentos de suicidio y el 38,2% correspondió a adolescentes. En España no hay un registro público comparable, pero las sociedades de Sueño, Pediatría, Pediatría Extrahospitalaria, AEPap y Neurología Pediátrica firmaron en 2022 un comunicado conjunto por el «uso y abuso» de estos preparados, y la AEMPS solo considera medicamento la melatonina por encima de 2 mg al día: los complementos quedan por debajo, sin autorización previa. A la accesibilidad se suma la opacidad del envase: un análisis de 31 suplementos publicado en el Journal of Clinical Sleep Medicine halló contenidos entre un 83% por debajo y un 478% por encima de lo que declara la etiqueta.


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