2Cenar tarde y con exceso de sal: el pico de presión de madrugada
El reloj pesa tanto como el menú. Cuando la cena cae pegada al sueño, el organismo no completa el tránsito del estado de alerta al de reposo y la presión arterial pierde su descenso nocturno fisiológico, esa caída de alrededor del 10% que debería registrarse mientras dormimos. El equipo de Ebru Ozpelit, de la Universidad Dokuz Eylül (İzmir), presentó en el congreso de la Sociedad Europea de Cardiología celebrado en Roma un trabajo con más de 700 personas hipertensas: casi el 25% de quienes cenaban en las dos horas previas a acostarse no lograba ese descenso, frente al 14,2% de los que comían antes de las 19:00. Los autores sostuvieron que el perjuicio podía ser comparable al de una dieta muy salada. Es un estudio observacional y sin seguimiento de infartos, pero encaja con el resto de la evidencia en crononutrición. En España, con una cena media entre las 21:30 y las 22:30, ese margen de dos o tres horas respecto a la cama se rompe casi a diario.
La sal es la otra mitad del problema, y la cena es la comida por la que más sodio oculto se cuela: embutido, queso curado, pan, conservas y platos preparados. La relación entre sodio y presión nocturna está descrita desde hace décadas. En un ensayo con 64 hipertensos publicado en Hypertension, con dieta alta en sal los pacientes sensibles al sodio apenas bajaron un 8,3% de presión media por la noche, frente al 11,5% de los resistentes, y el patrón non dipper —no bajar lo suficiente— afectó al 57% de los primeros y al 26% de los segundos; con dieta baja en sal, las diferencias se difuminaban. Otro trabajo en Circulation comprobó que restringir el sodio devolvía el ritmo circadiano normal a los hipertensos sensibles. El margen en España es amplio: unos 9,7 gramos de sal al día frente a los 5 que marca la OMS. Adelantar la cena y aligerarla de sal inciden sobre el mismo pico de madrugada.


