1Roncar y no tratar la apnea: la causa nocturna de hipertensión que se escapa en consulta
Roncar fuerte no es una anécdota doméstica: es la señal más audible de que la vía aérea se está cerrando por la noche. Cada colapso repetido deja una hipoxia intermitente y un microdespertar que activa el sistema simpático, y ese pico de catecolaminas se repite decenas de veces por hora. La consecuencia es que la presión arterial pierde el descenso fisiológico nocturno: en pacientes con apnea sin tratar, el patrón non dipping aparece en torno al 84% de los casos, según las revisiones publicadas en Hypertension Research. De ahí que la apnea obstructiva se considere la principal causa de hipertensión secundaria y que su huella clínica sea una tensión que no cede del todo ni con tres fármacos. Entre el 30% y el 50% de los hipertensos tiene apnea; en la hipertensión resistente, la horquilla sube al 70-80%.
El problema es que esa causa rara vez se busca, aunque las guías europeas de hipertensión la incluyen entre las secundarias que hay que descartar en el paciente resistente. Un análisis de 5.347 historiales de hipertensos de Atención Primaria en Cataluña, difundido en enero de 2026 por investigadores del Clínic y la Universitat de Barcelona, halló que solo el 2,1% tenía diagnóstico documentado de apnea; los detectados lo fueron tarde, por derivación ante sospecha avanzada, y el 61% arrastraba mal control pese a estar polimedicado. Los síntomas tampoco ayudan: el ronquido aislado discrimina poco y muchas mujeres debutan con fatiga o insomnio en lugar de somnolencia. En España se estima que dos millones de personas la padecen sin saberlo, frente a unas 600.000 en tratamiento. La presión positiva continua reduce la tensión 2-3 mmHg de media y en torno a 5-6 en hipertensión resistente.


