3Mantén el mismo horario también el fin de semana
El principal motivo para no ceder ante los madrugones del sábado se llama jet lag social. Así denominan los especialistas de la Sociedad Española del Sueño al desajuste que se produce cuando el horario de acostarse y levantarse del fin de semana se separa más de dos horas del de los días lectivos: el organismo reacciona casi igual que si el niño hubiese viajado a otra franja horaria. Óscar Sans, coordinador del grupo de Pediatría de la SES y de la Unidad del Sueño del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, recuerda que las horas de sueño perdidas entre semana no se recuperan durmiendo de más el sábado y el domingo. Al contrario: si el lunes se levanta a las siete y el fin de semana duerme hasta el mediodía, el domingo por la noche no tendrá sueño a su hora, se dormirá tarde y costará arrancar a la mañana siguiente. El reloj interno tarda hasta el miércoles o el jueves en asimilar de nuevo el ritmo escolar y, si cada semana se vuelve a romper, el ciclo se perpetúa.
Mantener el horario también en fin de semana no implica renunciar a cierta flexibilidad, sino fijar un margen que no desbarate el reloj biológico. Los pediatras consultados coinciden en que la hora de despertarse es la pieza clave: levantarse a una hora parecida y exponerse a la luz natural de la mañana ancla el ritmo circadiano y hace que la hora de acostarse se adelante de forma natural. Si el niño se despierta a las siete entre semana, conviene que el sábado y el domingo no lo haga más tarde de las nueve o las diez; con ese margen de dos horas el lunes deja de convertirse en un campo de batalla. La regularidad no solo sostiene la calidad del descanso, la base del aprendizaje y el rendimiento en clase, sino que previene efectos medibles: el grupo de investigación en obesidad de la Fundación Jiménez Díaz ha relacionado el jet lag social infantil con un mayor riesgo de obesidad. Ese pequeño esfuerzo de constancia rinde más que cualquier remedio de última hora.



