The Economist alerta: Nvidia IA dispara su capitalización y abre el debate sobre otra crisis financiera

El fabricante de chips se ha convertido en el corazón del S&P 500. The Economist analiza si su papel como financiador de clientes como OpenAI alimenta un auge sólido o prepara el terreno para una crisis.

Durante los últimos dos años, Nvidia se ha convertido en el corazón del mercado bursátil estadounidense. Representa cerca del 8% del S&P 500 y ha aportado casi 15 centavos de cada dólar devuelto a los inversores desde inicios de 2023, según el análisis de The Economist. Su nuevo vídeo plantea una pregunta incómoda: si la misma compañía que vende los chips financia a sus propios clientes, ¿está alimentando un auge sólido o preparando el terreno para una crisis?

De fabricante de gráficas a gigante del S&P 500

El punto de partida del análisis de The Economist es el crecimiento financiero de Nvidia. Desde que ChatGPT se lanzó al público, el precio de sus acciones se ha multiplicado por 14. No se trata, advierten los analistas, de un fenómeno puramente especulativo: los ingresos subyacentes han seguido una trayectoria igualmente agresiva. Si se anualizan, los ingresos trimestrales se han duplicado en cada uno de los tres últimos ejercicios y rozan ya los 100.000 millones de dólares.

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Esa cifra estaba muy lejos en 2015, cuando la compañía era sobre todo un fabricante para aficionados a los videojuegos que montaban tarjetas gráficas en sus ordenadores. Hoy su peso es tan grande que condiciona al índice entero. The Economist subraya que cualquier persona con exposición al mercado estadounidense está expuesta a Nvidia, lo quiera o no. Es un dato que explica por qué la evolución de un único fabricante de semiconductores acapara titulares macroeconómicos.

La cuota de chips de IA se reparte poco a poco

Ahora bien, el dominio de Nvidia no es estático. Según el vídeo, hace dos o tres años cerca del 80% de los chips de IA vendidos en el mercado procedían de la compañía. Ese porcentaje ha bajado a alrededor del 60%. El 40% restante pertenece al llamado silicio personalizado, chips desarrollados por las propias empresas de software para sus necesidades internas. La proyección que maneja el análisis es clara: a finales de la década, el mercado podría repartirse al 50%.

OpenAI, Ohio y la garantía que financia la expansión

Para explicar cómo funciona la ingeniería financiera de Nvidia, The Economist utiliza un ejemplo concreto y muy público: OpenAI. El laboratorio de IA está construyendo un centro de datos de ocho gigavatios en Ohio, una instalación de tamaño comparable a un par de reactores nucleares medianos. Es un proyecto carísimo. OpenAI está bien financiada, pero también pierde mucho dinero. Aquí entra Nvidia: no es solo un fabricante, es ademas un financiador. Garantiza el arrendamiento del terreno y la energía durante 20 años.

Nvidia asume una apuesta doble: sobre sí misma y sobre la economía en su conjunto, porque puede permitírselo gracias a la escala de su negocio.

— The Economist

Con esa garantía, los prestamistas se sienten más inclinados a financiar el contrato de OpenAI. Si la empresa incumple, Nvidia puede buscar otro inquilino para la infraestructura. El vídeo recuerda además que Nvidia ha invertido 30.000 millones de dólares directamente en OpenAI. Esa combinación de inversión accionarial, garantías y venta de chips genera, según los analistas, flujos circulares difíciles de ignorar.

La defensa de Nvidia frente al término ‘financiación circular’

La compañía, señala The Economist, es muy sensible a la expresión financiación circular y rechaza con dureza cualquier comparación. Los analistas reconocen que existen diferencias reales. Nvidia no presta dinero a sus clientes para comprar chips; lo que hace es garantizar suministro o precios futuros. Cuando vende el chip, reconoce el ingreso de inmediato, a diferencia de un préstamo cuyos efectos se materializan más tarde.

También destaca que sus mayores clientes son hiperescaladores con flujo de caja positivo y balances sólidos, algo muy distinto al perfil de la burbuja puntocom. A eso se suma la propia fortaleza financiera de Nvidia: unos 100.000 millones de dólares en efectivo e inversiones líquidas y una generación anual de flujo de caja libre cercana a los 200.000 millones. Esa capacidad, según el vídeo, le permite sostener garantías sin depender de financiación externa.

¿Crisis o aceleración? Dos lecturas de un mismo riesgo

Cuando el presentador pregunta si estas prácticas harán más probable una recesión, las respuestas son matizadas. Shirley, una de las analistas, cree que no provocarán la recesión por sí solas, pero sí podrían amplificar los efectos de una desaceleración: algunos acuerdos probablemente no deberían cerrarse. Henry, por su parte, recuerda que Nvidia es macroeconómicamente relevante. Si su apuesta fallara, la economía estadounidense sufriría más, aunque los primeros perdedores serían los propios accionistas de la compañía.

El vídeo introduce un matiz histórico importante. La recesión que siguió al estallido puntocom fue poco profunda, nada comparable con la crisis financiera global, porque no hubo un efecto sistémico de la banca sobre la economía. La conclusión de The Economist es que las prácticas de Nvidia probablemente aceleren el auge de la IA más que causar un colapso, pero reconoce que el entorno es lo bastante incierto como para que ambos desenlaces sean posibles.

Lo que conviene vigilar si inviertes en bolsa estadounidense

El análisis de The Economist deja una advertencia para los inversores de a pie. Quien mantiene un fondo indexado al S&P 500 no está comprando únicamente una cesta diversificada: está concentrando una parte nada trivial de su patrimonio en una sola empresa. La dependencia del índice respecto a Nvidia convierte los resultados trimestrales de la compañía en un evento macroeconómico. Por eso, más allá del debate sobre si existe o no una burbuja de IA, conviene prestar atención a tres señales: la evolución de los ingresos reales de Nvidia, el ritmo al que las grandes tecnológicas desarrollan sus propios chips y la salud financiera de empresas como OpenAI.

El propio análisis sugiere que el escenario más incómodo no es el que muchos imaginan. Si la demanda de IA no se materializa al ritmo esperado, Nvidia tendría un doble problema: perdería pedidos de sus clientes y, al mismo tiempo, tendría que responder por las garantías que ha otorgado a empresas en dificultades. En ese caso, su posición central en el ecosistema aceleraría la caída en lugar de amortiguarla.

La pregunta, como suele ocurrir, no es si la IA transformará la economía, sino si el sistema financiero está preparado para los costes de esa transformación. Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de The Economist en YouTube.

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