El precio de los carburantes marca un récord en Europa y las protestas estallan en Portugal

La gasolina y el diésel alcanzan máximos nunca vistos en la eurozona. Portugal registra protestas de conductores y el Gobierno defiende su política fiscal mientras aumenta la presión sobre la inflación de septiembre.

El precio de los carburantes ha marcado hoy un récord en Europa. Portugal ha amanecido con nuevas subidas del diésel y la gasolina, y las protestas de conductores han estallado en dos puntos del país. Me detengo en los datos: el diésel ha alcanzado un máximo histórico y la gasolina registra el nivel más alto desde la crisis energética de 2022.

La protesta ha tenido dos formatos. Por la mañana, decenas de conductores hicieron sonar el claxon en el puente 25 de Abril, que une Lisboa con Almada. En paralelo, una marcha lenta avanzó hacia la refinería de Galp en Sines, convocada por WhatsApp y redes sociales. Según la agencia Lusa, los participantes portaban pancartas como “Basta de subidas de carburantes” y “las familias no pueden más”. La Guardia Nacional Republicana calcula entre 60 y 100 vehículos.

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El desglose de un récord: gasolina y diésel en máximos

Según las proyecciones del Automóvel Club de Portugal (ACP), el diésel subió 15 céntimos, hasta 2,169 euros por litro, y la gasolina 12 céntimos, hasta 2,142 euros. Son precios antes de aplicar la reducción del Impuesto sobre los Productos Petrolíferos (ISP) aprobada por el Gobierno: con esa rebaja, los incrementos efectivos quedaron en 12 y 9 céntimos, respectivamente.

La radiografía europea confirma la presión generalizada:

  • Alemania: la gasolina supera el récord de 2,203 euros por litro fijado en marzo de 2022.
  • Portugal: ocupa el puesto 19 de 21 países en gasolina más cara; solo Francia y Dinamarca tienen precios superiores. En diésel, mejora hasta el 17.
  • UE-27: el informe semanal de precios de petróleo sitúa a Portugal en el puesto 20 en gasolina con impuestos. Dinamarca es la más cara y Malta, la más barata.

Al cierre del día, la ministra de Medio Ambiente y Energía, Maria da Graça Carvalho, defendió que la subida está en línea con el resto de Europa. Mencionó a Francia como referencia y a España como excepción. La ministra enumeró las medidas de apoyo, entre ellas la reducción del ISP, la ampliación del programa de bombonas de gas solidarias y ayudas al sector agrícola. Fue más lejos al responder a la oposición:

“El Gobierno no está sacando provecho de esta crisis de los combustibles.” — Maria da Graça Carvalho, ministra de Medio Ambiente y Energía de Portugal, rueda de prensa, 7 de septiembre de 2026

Carvalho recordó que la Autoridad Reguladora de los Servicios Energéticos (ERSE) publicó a mediados de agosto un estudio sin evidencia de abuso por parte de los operadores. El informe descartó además el fenómeno conocido como rockets and feathers, es decir, el patrón por el cual los precios suben con rapidez y bajan con lentitud. La ERSE atribuyó la diferencia con España a la fiscalidad, aunque subrayó que la carga tributaria portuguesa se mantiene estable, en línea con la mayoría de la UE y de la eurozona.

El contexto energético y el riesgo que no resuelven los datos

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El repunte de los carburantes no se explica solo por un evento local. Europa arrastra desde hace meses la disrupción de rutas comerciales por el conflicto en Oriente Medio y, en concreto, por el bloqueo del Estrecho de Ormuz, un cuello de botella crítico para el crudo. Los expertos consultados por Euronews añaden otro factor estructural: la capacidad de refinado limitada, que afecta sobre todo al diésel y se nota incluso cuando el crudo está disponible.

Lo que veo aquí es un choque de oferta que golpea la parte más sensible del presupuesto de los hogares. La subida del diésel no es trivial: en una economía industrializada, se filtra con rapidez a los costes de transporte, a los alimentos y a los bienes industriales. La contradicción es que los reguladores no encuentran abuso y la mayoría de gobiernos no quiere compensar permanentemente el alza; la carta a Irlanda que menciona AFP es la señal más clara de que el impuesto extraordinario sobre las petroleras ha dejado de ser una hipótesis.

En mi lectura, la reunión de ministros de Finanzas de los días 18 y 19 de septiembre en Irlanda será el primer test. Si de ella sale un mandato para explorar un gravamen europeo, los mercados energéticos podrían empezar a descontar un cambio de régimen fiscal. Si se queda en debate, la pelota volverá al BCE, que tendrá que decidir si el repunte energético es transitorio o si contamina las expectativas de inflación.

🌍 El impacto en España y Europa

El impacto directo en España es doble. Por un lado, el encarecimiento del gasóleo eleva los costes de la logística y del transporte de mercancías, un canal que acaba pesando sobre el IPC general y sobre el poder adquisitivo. Por otro, refuerza la cautela del BCE: con los carburantes al alza, la inflación de la eurozona puede tardar más en consolidarse en el 2%. Eso presiona al Euríbor a 12 meses y, con él, a las hipotecas variables de miles de familias españolas.

  • Euríbor e hipotecas: si el BCE retrasa o modera los recortes de tipos por el repunte energético, el alivio en las cuotas hipotecarias previsto para 2026 puede ser menor de lo esperado.
  • Inflación europea: los carburantes son un componente pequeño del IPC, pero muy visible; su subida puede elevar las expectativas de inflación, justo lo que el BCE quiere evitar.
  • Tejido empresarial: el transporte por carretera, la agricultura y las industrias intensivas en diésel son las primeras en absorber el alza antes de trasladarla a los precios finales.
  • BCE: la energía figura en su cuadro de riesgos como un factor que puede retrasar la normalización de los tipos; estos nuevos máximos añaden argumentos a esa posición.

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