Un soldado ruso en activo, con el uniforme puesto en el frente de Zaporiyia, desbloquea su teléfono. No habla con un amigo ni pide dinero. Escribe a un desconocido y le envía un archivo: los planos del asalto que su propia unidad va a lanzar en horas contra una aldea ucraniana. El documento incluye dos vectores de ataque, uno real y otro señuelo. Solo que esta vez, en el lado ucraniano ya saben cuál es cuál. El asalto fracasa.
No es una dramatización, insiste VisualPolitik en su análisis. Es una historia real contada por uno de los coordinadores de la red que recibió aquel archivo. Estamos ante el mundo de los partisanos y redes ucranianas que operan dentro de Rusia. Un mundo del que llega información con cuentagotas, pero que tiene un papel mucho mayor del que se suele imaginar.
Nueve refinerías, cinco subestaciones y un solo grupo
Para calibrar la dimensión, VisualPolitik cita lo ocurrido en los últimos días. Una red clandestina de rusos asegura haber ayudado a Ucrania a golpear nueve refinerías. También afirma haber incendiado almacenes de combustible, dejado fuera de servicio cinco subestaciones eléctricas y manipulado armarios de relés de la red ferroviaria. Todo, únicamente en los últimos diez días y hablando de un solo grupo.
El canal recuerda que, al ampliar el foco al resto de organizaciones, la lista crece: vías férreas incendiadas, barcos hundidos en sus propios puertos, radares y baterías antiaéreas destruidas, vehículos militares convertidos en chatarra. Y aun así, la mayoría de estas operaciones probablemente nunca saldrán a la luz.
Igor, el exvicepresidente que da la cara por Chispa Negra
El ejemplo visible tiene nombre. VisualPolitik presenta a Igor, portavoz de Chispa Negra, la red que reivindica parte de esos ataques. Antes de eso fue vicepresidente de Gazprom Bank, el banco del gigante gasístico ruso. Tres décadas de carrera en Moscú. En 2022 se marchó a Ucrania y se alió con los combatientes.
Chispa Negra apareció públicamente el 7 de septiembre de 2025, y no por decisión propia. Las fuerzas de operaciones especiales de Ucrania los dieron a conocer al atribuirles un apoyo decisivo en un ataque contra la refinería de Elsky, en la región de Krasnodar. A partir de ahí se les vinculó con ataques a otras refinerías, a un sistema antiaéreo Buk-M3, un radar y buques rusos en el Caspio. VisualPolitik contabiliza 16 menciones entre septiembre de 2025 y agosto de 2026. En noviembre el grupo abrió sus propios canales y en mayo de este año Igor se convirtió en su portavoz público.
‘Mi patria está en peligro y yo no puedo llevar una vida acomodada y satisfecha mientras están matando a mis familiares, a mis conocidos y a mis amigos. Quiero lavar mi pasado ruso.’
— Igor, portavoz de Chispa Negra, citado por VisualPolitik
¿Por qué un hombre perfectamente integrado en la élite rusa dio ese paso? Según explica Igor en las entrevistas que cita VisualPolitik, fue sobre todo una cuestión moral.
Convicción, boca a boca y estructuras rotas a propósito
Esa declaración importa. VisualPolitik sostiene que el principal motor de reclutamiento en estas redes no es el dinero, sino la convicción. Puede haber incentivos económicos, pero una persona que se juega la vida por convicción tiene otro valor. Y los métodos de reclutamiento son tan variados como discretos: boca a boca, redes sociales e incluso la dark web.
Las cifras exactas, admite el canal, bailan. Las únicas estimaciones las dan los propios grupos, que aseguran tener agentes repartidos por toda Rusia. Comprobarlo es imposible. Lo que sí está documentado, añade VisualPolitik, es que desde el inicio de la invasión se han registrado sabotajes por todo el país, desde las regiones fronterizas hasta el extremo oriente. Y están organizados de forma muy atomizada, en grupos autónomos que con frecuencia no se conocen entre sí. Esa fragmentación no es un defecto: es lo más inteligente que podían hacer.
Al principio de la guerra, la lógica era otra. Se formaban pequeñas células de tres o cuatro personas que sí se conocían, con una cadena de mando definida y material preparado de antemano. Funcionaba, pero tenía una debilidad evidente: si descubrían a uno, podían llegar a los demás. Y la represión lo cambió todo.
Del FSB a las SIM biométricas: así se blindó la caza
Ya en el verano de 2022, el FSB bloqueó redes móviles ucranianas, instaló sistemas de intercepción, multiplicó controles y sometió a interrogatorios y torturas a sospechosos de colaborar. Desde entonces no ha dejado de empeorar. Las ciudades del frente están llenas de cámaras y las operadoras que entran en territorio ocupado deben instalar sistemas que dan acceso directo al FSB. Para registrar una tarjeta SIM se exigen datos biométricos. Aun así, las redes se adaptaron.
Las condenas por traición en Rusia no han parado de crecer: 468 solo en 2025, frente a 196 en los 25 años anteriores a la invasión, según datos que recoge el canal. La base de datos ACLED sitúa en cerca de 700 los incidentes de sabotaje documentados dentro de Rusia desde el inicio de la guerra. Y la evolución es reveladora. En 2022 el objetivo principal fueron las oficinas de reclutamiento, que ardieron por decenas con la movilización. Desde 2023 el foco se desplazó a los armarios de relés y cajas de señalización junto a las vías.
Más que sabotaje: información de primera mano
El verdadero impacto de estas redes no está solo en lo que destruyen. VisualPolitik insiste en que su papel más crucial se juega en el frente. Allí los grupos insurgentes no se limitan a preparar sabotajes: también dan información. Información de primera mano que ayuda directamente a la operativa ucraniana. El caso del soldado que filtró los planos del asalto es la prueba.
El canal plantea, además, una pregunta honesta: cuánto de todo esto es real y cuánto forma parte de la guerra de la información. La opacidad es inevitable. Cuanto menos se sepa de cómo se organizan, más difícil resulta identificarlos. Y lo más probable es que gran parte de sus acciones no salga nunca a la luz.
Una guerra invisible que juega en dos tableros
Lo que describe VisualPolitik encaja con el contexto público de la invasión a gran escala iniciada en febrero de 2022. La represión interna rusa se endureció al ritmo de la guerra, y las condenas por traición se dispararon. El caso de Igor Volobuyev llama la atención porque no encaja con el perfil habitual de un disidente: viene de la élite financiera, no de la calle.
Para el lector, la implicación es clara. Si una red clandestina consigue degradar refinerías y redes eléctricas, y al mismo tiempo filtrar planes militares, el frente se vuelve más poroso. Pero la atomización también tiene un precio: la descoordinación y la imposibilidad de verificar el alcance real.
La guerra dentro de Rusia no se parece a la de los titulares. Es silenciosa, fragmentada y a menudo invisible. Y quizá sea esa invisibilidad su mayor arma. A fin de cuentas, como lo cuenta VisualPolitik, un soldado con un teléfono puede hacer más daño que un batallón mal informado. ¿Cuántos archivos más están circulando ahora mismo sin que nadie los vea?
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de VisualPolitik en YouTube.




