Seis claves de un psicólogo para volver al trabajo sin síndrome postvacacional

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Convierte el primer día en una escalera de mini-metas

Dos estudiantes bajan las escaleras en un soleado campus universitario urbano, involucrados en una conversación.

El primer día de reincorporación concentra el mayor contraste entre el ritmo ocioso del verano y las exigencias laborales, y es ahí donde la estrategia de la escalera de mini-metas demuestra su valor. Los psicólogos que estudian el regreso al trabajo coinciden en que quienes más sufren el llamado síndrome postvacacional suelen ser personas autoexigentes que pretenden rendir al máximo nada más llegar: vaciar la bandeja de entrada, resolver semanas de pendientes y recuperar en una jornada lo que no se hizo en muchas. Ese arranque, advierte la psicóloga de salud laboral Elisa Sánchez, choca con expectativas irreales y multiplica la sensación de bloqueo. Fragmentar el día en metas pequeñas y alcanzables produce el efecto contrario: la investigación de Teresa Amabile y Steven Kramer recogida en Harvard Business Review mostró que el progreso incremental, por modesto que sea, aumenta el compromiso y el bienestar en el trabajo. Cada peldaño completado devuelve sensación de control y genera impulso para seguir subiendo.

La metáfora de la escalera obliga además a ordenar los pasos. La psicóloga experta en salud laboral Isabel Aranda propone reservar la primera jornada para tomar contacto, hacer una revisión general y elegir dos o tres prioridades realistas en lugar de intentar producir al máximo, lo que resume en la idea de rebajar expectativas sin tirar la toalla. En la práctica, eso supone empezar por la tarea más sencilla y dejar los proyectos complejos para cuando la mente haya reenganchado: la neuropsicóloga Valeria Medina estima que el cerebro necesita entre una y tres semanas para readaptar funciones como la atención sostenida, de modo que exigirse grandes logros el primer día resulta contraproducente. El psicólogo Nacho Coller recuerda que los grandes propósitos de septiembre suelen abocarse al fracaso igual que los de enero; lo pequeño y verificable es lo que sostiene la motivación. Esta clave merece estar en la lista porque convierte un consejo abstracto en un plan concreto, medible y fácil de cumplir justo en el momento de mayor vulnerabilidad.


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