6Cambia el ‘tengo que’ por el ‘quiero retomar’
El lenguaje no solo describe la realidad: la construye. Cuando septiembre convierte la vuelta al trabajo en un tengo que, el cerebro procesa la reincorporación como una obligación impuesta desde fuera y activa una resistencia que, según los psicólogos, empieza días antes, ese domingo por la tarde en el que el malestar ya se instala antes de pisar la oficina. Cambiarlo por quiero retomar no es un truco de autoayuda, sino un cambio de registro con respaldo teórico: la teoría de la autodeterminación de Edward Deci y Richard Ryan distingue entre la motivación extrínseca, sostenida por el deber, y la intrínseca, que nace de la elección propia y se asocia con mayor persistencia, más creatividad y menos desgaste. La diferencia importa en un país donde solo el 10% de los trabajadores se siente comprometido con su empleo, según el informe de Gallup de 2023 sobre el Estado del Trabajo en España: si la relación con la tarea ya parte de la obligación, la vuelta de vacaciones se convierte en el escaparate de ese desencuentro.
El quiero retomar obliga además a precisar el motivo: retomar qué y para qué. Los psicólogos insisten en que el malestar postvacacional es sobre todo un problema de contraste y de adaptación, no una condena: el periodo de ajuste suele durar entre dos y cinco días, apuntaba el vocal del Colegio de Psicólogos de la Región de Murcia Antonio Varón. Formular el regreso como deseo ayuda a buscar dentro de la jornada aquello que da sentido —un proyecto, los compañeros, la estructura que ordena el día— y a recuperar la autonomía que la obligación secuestra. No se trata de fingir entusiasmo ni de negar la pereza, sino de pasar de una posición pasiva, de víctima del calendario, a otra activa, de quien decide cómo encara la reentrada. Esa pequeña decisión verbal tiene además utilidad diagnóstica: si ni reformulando se encuentra nada que valga la pena retomar, quizá el problema no sea el fin de las vacaciones, sino el trabajo al que se vuelve.



