Seis claves de un psicólogo para volver al trabajo sin síndrome postvacacional

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Programa un plan agradable para la primera semana

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El síndrome postvacacional es, en esencia, un problema de contraste: el cerebro pasa en pocas horas de la libertad del verano a la rigidez de la agenda, y los especialistas calculan que tarda entre dos y siete días en reajustar el ritmo. Ese malestar no se combate solo con fuerza de voluntad, sino dándole a la mente razones para no interpretar la vuelta como el fin de lo bueno. De ahí que los psicólogos incluyan entre sus claves programar un plan agradable para la primera semana: un concierto, una cena con amigos, una escapada de fin de semana o simplemente un paseo al atardecer después de la jornada. Es la manera de sostener en el calendario esa cuota de ocio que durante las vacaciones era la norma y que, si se corta de golpe, convierte el resto del año en un territorio hostil. La psicóloga Lidia Nicolau lo advierte con claridad: si el ocio queda reservado únicamente para las vacaciones, los otros once meses se hacen insoportables.

La utilidad del plan agradable no está tanto en la actividad elegida como en que actúa de refuerzo: el cerebro aprende que hay algo ilusionante a la vista y tolera mejor el esfuerzo de la reincorporación. Funciona dejar agendada una «cita amable» ya el primer día, una comida sin prisa o un café con un compañero al que no se ve desde hace semanas, y mantener pequeños placeres entre semana, no solo el fin de semana: microdescansos de diez minutos, una clase retomada o un ritual matinal de transición. El contacto social suma además un efecto regulador emocional en los procesos de adaptación. Quien vuelve sabiendo que el miércoles tiene plan con alguien y que el jueves recupera esa actividad que le gusta llega con otra disposición: la primera semana deja de vivirse como un muro que hay que escalar para convertirse en una transición con fechas que esperar, y los beneficios del descanso estival se prolongan en lugar de evaporarse en dos días.


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