El Grupo Prisa afronta una nueva etapa entre una mejora de sus resultados operativos que no achica la asfixiante deuda, y un creciente debate político sobre la orientación de sus medios. La compañía ha conseguido reducir sus pérdidas y elevar con fuerza sus ingresos durante el primer semestre de 2026, pero todavía arrastra una deuda financiera neta de 779 millones de euros.
El presidente y principal accionista de Prisa, Joseph Oughourlian, no parece dispuesto, por ahora, a desprenderse de ninguna de sus dos grandes patas. Santillana aporta la rentabilidad y Prisa Media conserva la influencia, una combinación que permite al empresario mantener bajo su control tanto un negocio educativo internacional como dos de las principales marcas informativas españolas: El País y la Cadena SER.
Los resultados conocidos en junio muestran una evolución positiva. Prisa ingresó 513 millones de euros en el primer semestre, un 26% más que los 406 millones del mismo periodo de 2025. El EBITDA creció un 70%, hasta los 86 millones, con un margen del 17%, mientras que las pérdidas netas atribuidas se redujeron un 48,8%, desde los 27,7 millones del año pasado hasta los 14,1 millones actuales.
El crecimiento está muy relacionado con Santillana, impulsada entre otros factores por contratos como el PNLD en Brasil, y con la expansión de sus sistemas educativos, que ya han superado los cuatro millones de suscripciones. En Prisa Media también hay motivos para el optimismo: el tráfico digital general aumentó un 13% y ElPaís ha superado los 482.000 suscriptores totales, mientras la publicidad creció un 6%.
El problema es que la mejora de la cuenta de resultados todavía no se ha traducido en una reducción sustancial del endeudamiento. La deuda financiera neta al cierre de junio se situó en 779 millones, prácticamente estable.
Oughourlian mantiene las dos patas del grupo
En la junta de accionistas celebrada en junio, Oughourlian defendió una estrategia de crecimiento con prudencia y negó que exista un cambio de línea editorial en El País o la SER. El plan estratégico 2026-2029 fue respaldado por el 99,9% de los votos.
Pero el debate existe y ha generado una creciente incomodidad en el entorno del Gobierno. En Moncloa se observa con atención la evolución de Prisa y, especialmente, cualquier posible cambio en la orientación editorial de sus medios. El divorcio entre el Ejecutivo y Oughourlian, que empezó a hacerse evidente el pasado año, se ha profundizado con algunas decisiones empresariales y con el rechazo del empresario a determinadas operaciones promovidas desde el espacio progresista.
Una de las más significativas fue precisamente la decisión de no participar en el proyecto televisivo impulsado por José Miguel Contreras. La Séptima llegará finalmente a la TDT el próximo noviembre sin participación accionarial de Prisa.
Contreras, por su parte, ha llegado a definir a Prisa como una especie de conglomerado de medios de «falsa bandera»: un grupo que dirige medios destinados fundamentalmente a una audiencia progresista pese a estar controlado por un empresario cuya trayectoria y posiciones económicas no encajan con ese espacio, tal y como ocurre con Atresmedia.
La paradoja resulta evidente. Mientras la izquierda política reclama desde hace años mayor presencia empresarial en los medios, buena parte de sus grandes cabeceras siguen estando bajo el control de accionistas que no proceden de ese espacio ideológico.
La SER cambia y Oughourlian mueve piezas
Uno de los focos de mayor sensibilidad se encuentra en la Cadena SER. La salida de Ángels Barceló de Hoy por Hoy y el ascenso de Aimar Bretos han alimentado las especulaciones sobre el futuro editorial de la emisora.
El cambio se produjo después de una etapa marcada por las tensiones en torno a la composición de las tertulias y la presencia de determinados perfiles políticos. En Prisa se llegó a discutir la incorporación de más voces del Partido Popular, una posibilidad que Barceló habría rechazado, según las informaciones manejadas en el sector. Su salida terminó desembocando en el ascenso de Bretos, un periodista que ha mostrado mayor disposición a introducir perfiles centristas y conservadores en las mesas de análisis.
La nueva SER ha comenzado a incorporar este verano algunas voces que encajan en esa estrategia. Entre ellas aparece Ignacio Urquizu, sociólogo y antiguo dirigente socialista, cuya posición crítica con Pedro Sánchez le ha convertido en una de las voces del espacio progresista menos alineadas con el actual presidente. Su presencia está siendo además promocionada tanto por Prisa como por Atresmedia pese al nulo tirón que goza entre la militancia socialista. También ha ganado presencia Karina Sainz Borgo, periodista y escritora del ala conservadora, que a partir de septiembre ganará voz en la SER.

Nada de esto significa que Prisa haya abandonado su línea progresista, pero sí su seguimiento de la línea cercana al Gobierno, que a día de hoy no tiene ni una televisión privada, radio o periódico de papel favorable a sus intereses. Oughourlian ha insistido públicamente en que tanto El País como la SER mantendrán su identidad editorial. Pero sí se percibe una voluntad de ampliar el espectro de las voces que participan en sus espacios de opinión y análisis para marcar espacio con Moncloa, que ayudó al empresario en su ascenso a la presidencia de Prisa y en su entrada en el accionariado de la rentabilísima Indra, señalada desde sectores progresistas por hacer caja gracias al aumento del belicismo a nivel global.
El País pone a Ayuso contra las cuerdas
Mientras algunos sectores de la izquierda sospechan de un supuesto giro de Prisa, El País y la SER han protagonizado una de las ofensivas informativas más importantes contra Isabel Díaz Ayuso, que lleva tres semanas sin recobrar el aliento.
El diario publicó la compra por parte de la Comunidad de Madrid de un ático de 485 metros cuadrados en Chamberí que no puede utilizarse como oficinas, que fue la excusa aducida por el PP para justificar la compra. La impopular operación, gestionada a través de la empresa pública Planifica Madrid, provocó una enorme polémica política.
La SER se sumó a la cobertura y ha mantenido el asunto en primera línea durante semanas. La Comunidad de Madrid terminó anunciando la venta del inmueble junto a otros cuatro edificios, con una previsión de obtener entre 20 y 22 millones de euros se supone que para contribuir a la reconstrucción de la Sierra Oeste tras los incendios.
Ayuso ha acusado a los medios de impulsar una campaña de desprestigio y ha evitado en los últimos días responder a varias de las preguntas sobre la operación. La polémica ha golpeado a la presidenta madrileña precisamente en un verano especialmente complicado, después de su gris viaje a México y en plena crisis política por los incendios.
El episodio demuestra que, pese a los rumores sobre un supuesto desplazamiento editorial, los medios de Prisa continúan siendo capaces de poner en dificultades a uno de los principales referentes políticos de la derecha española.
La paradoja es que todo esto sucede mientras Oughourlian sigue reforzando su control sobre el grupo. Los sucesivos cambios de despachos, estructuras y responsabilidades han servido para asentar su posición y la de su mano derecha, Pilar Gil, dentro de Prisa.
El grupo afronta además un cambio físico de enorme carga simbólica. Prisa prepara el traslado de su sede madrileña desde el histórico edificio de El País en Miguel Yuste a Avenida de América, 115, en un inmueble gestionado por IBA Capital y que también acoge a Vodafone. El movimiento responde a una estrategia de optimización y reducción de costes inmobiliarios.
Así, Prisa entra en una nueva fase con mejores resultados, pero sin haber resuelto todavía su principal problema financiero. La deuda continúa cerca de los 800 millones y Oughourlian no quiere desprenderse ni del negocio educativo que sostiene al grupo ni de los medios que le proporcionan influencia y capacidad de interlocución.
La compañía tendrá que hacer compatible esa realidad económica con un escenario político cada vez más incómodo. El Gobierno quiere saber hacia dónde camina Prisa, la derecha la acusa de mantener una línea hostil y el propio Contreras cuestiona que sus medios sean realmente progresistas por quién está detrás de ellos.
Mientras tanto, Oughourlian mantiene la fórmula: Santillana para ganar dinero, Prisa Media para conservar influencia y una deuda que, pese a la mejora de los resultados, sigue siendo tan grande como la que el actual presidente de la compañía achacaba a su antecesor, Juan Luis Cebrián.




