Más de 1.000 empresas cripto sin licencia MiCA: la UE ejecuta la purga

Francia concentra seis de los 23 emisores de stablecoins autorizados, mientras los supervisores endurecen el control sobre el resto del sector. La depuración coincide con un repunte de estafas y campañas de phishing ligadas a MiCA.

El reglamento MiCA ha dejado sin licencia a más de 1.000 empresas cripto en la Unión Europea, según recoge La Vanguardia. La cifra confirma el primer gran filtro regulatorio del sector: quien no tiene autorización deja de operar, y quien espere a ver qué pasa ya ha perdido el tren.

Francia concentra seis de los 23 emisores de stablecoins autorizados en la UE y confirma su apuesta por un mercado que muchos bancos observan con respeto. No es una victoria menor: las stablecoins son, hoy por hoy, la única puerta de entrada clara para que un emisor no bancario compita con el dinero electrónico sin pedir permiso al banco central.

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La purga tiene una lectura práctica. Las plataformas que operaban desde terceros países han tenido que decidir entre solicitar licencia en un Estado miembro, comprar una entidad autorizada o cerrar. El coste de adaptación supera en muchos casos la caja disponible. Por eso la cifra de más de 1.000 empresas sin licencia no parece un simple retraso administrativo: es una expulsión silenciosa del mercado europeo.

Cinco Días titula que los supervisores europeos dejan sin licencia a más de 1.000 empresas cripto. El dato coincide con el endurecimiento de las autorizaciones y con la obligación de que cualquier servicio de custodia, intercambio o emisión de criptoactivos pase por un regulador nacional antes de operar en los Veintisiete.

Un filtro sin gritos: la depuración del reglamento MiCA

Lo que viene por delante es una poda considerable de proveedores. MiCA exige un programa de cumplimiento, capital regulatorio y controles de blanqueo que no todos los fundadores pueden costear. Las plataformas medianas se enfrentan a una decisión incómoda: consolidarse, vender o desaparecer. El mercado europeo, que hasta hace poco era un refugio de nicho, se está convirtiendo en un club con barreras de entrada altas.

La depuración también llega con una advertencia de seguridad. La experta de Kroll, Fernanda Restrepo, recogida por El Periódico, asegura que ‘las estafas en criptomonedas van a seguir existiendo y van a evolucionar’. En paralelo, los analistas de TyN Magazine describen una campaña masiva de phishing que utiliza la propia Ley MiCA como anzuelo: los atacantes suplantan a supuestos supervisores para robar claves privadas.

La regulación no expulsa a quienes llegan tarde; expulsa a quienes nunca pensaron en pedir permiso.

Francia marca el ritmo de las stablecoins y España busca su hueco

El liderazgo francés en stablecoins no es casual. El país ha dado un marco fiscal y de supervisión estable a los emisores, lo que ha atraído a seis de los 23 autorizados en toda la UE. España, en cambio, ha preferido un perfil más bajo. El Banco de España ha recordado, una y otra vez, que los criptoactivos no son dinero y que su supervisión se limita a la prevención del blanqueo y al registro de proveedores.

Esa diferencia explica, en parte, por qué la banca española no ve la purga como una amenaza. BBVA, Santander y CaixaBank prefieren que los criptoactivos queden lejos del pasivo bancario tradicional. La autorización europea les da, además, un argumento comercial: si un emisor de stablecoins quiere acceso a cuentas bancarias, tendrá que acreditar licencia MiCA y controles antilavado equivalentes.

La comparación con Estados Unidos es inevitable. Allí la discusión sigue atrapada entre jurisdicciones federales y estatales, y ni siquiera las grandes plataformas tienen claridad total. Europa ha elegido una vía opuesta: una licencia única, supervisores nacionales coordinados y 27 mercados que exigen el mismo estándar. Ese es, probablemente, el mayor activo del reglamento MiCA, aunque también el más costoso para los pequeños proveedores.

El ángulo bancario de la purga: más competencia, menos ruido

El reglamento MiCA resuelve un problema que la banca llevaba años señalando: la asimetría regulatoria. Una entidad tradicional soporta requisitos de capital, supervisión continua y responsabilidad fiduciaria; un proveedor cripto sin licencia operaba con reglas mínimas. La depuración de más de 1.000 empresas cambia el campo de juego, pero no elimina el riesgo. Lo traslada al mundo de los autorizados.

Mi impresión es que 2026 será el año en el que el mercado cripto europeo deje de ser un espacio de promesas y empiece a medirse por balances. No es una limpieza perfecta: siempre habrá actores que utilicen la etiqueta MiCA para ganar confianza y seguir estafando. El hito a vigilar será la próxima revisión de la Comisión Europea sobre el alcance del reglamento a los servicios financieros descentralizados, una conversación que ya no puede aplazarse.


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