El año nuevo en Marte arranca este miércoles a las 13:43, hora peninsular española. En ese instante, el planeta rojo cruza su equinoccio boreal y estrena una nueva vuelta alrededor del Sol: es el año marciano 39, según el calendario que sigue la Agencia Espacial Europea. Nadie lo celebrará con uvas. Pero el hito es tan real como el nuestro, y recuerda que la Tierra no tiene el monopolio de los calendarios.
Un año de 687 días que empieza en el equinoccio boreal
La definición es astronómica y sencilla. El año marciano comienza cuando el Sol cruza el ecuador celeste del planeta en dirección norte, es decir, en el equinoccio boreal. En el hemisferio norte de Marte arranca entonces la primavera; en el sur, el otoño. El instante exacto lo ha fijado la ESA en las 13:43 de la España peninsular, 11:43 en tiempo universal coordinado. Nada de brindis: el reloj avanza solo.
El ciclo completo impone respeto. Un año en Marte equivale a 687 días terrestres, o 668 soles, que es como se llama el día marciano: 24 horas y 39 minutos, poco más de media hora más largo que el nuestro. Casi el doble de tiempo que un año terrestre. Traducido a escala humana, un adulto de 40 años tendría 21 en Marte: basta dividir la edad por 1,88. La ESA lo plantea como un juego y, de paso, deja caer una consecuencia operativa: los equipos de misión trabajan con relojes que se desfasan 39 minutos cada día respecto a los nuestros.
Las estaciones tampoco se reparten igual. Marte tiene cuatro, como la Tierra, pero su órbita es más elíptica y su eje está inclinado, de modo que, unos tramos del año duran mucho más que otros. El hemisferio norte recibe más luz durante su verano y el sur durante el invierno norteño. Ese desequilibrio orbital está detrás de algunos de los contrastes más extremos del planeta.
Soles de 24 horas y 39 minutos: cómo se cuenta el tiempo en Marte
El calendario marciano no es antiguo ni sagrado. La convención arrancó en 1955, y el primer año quedó ligado a un episodio meteorológico: la gran tormenta de polvo de 1956. Desde entonces, cada ciclo se numera sin interrupción. Es una herramienta de trabajo, no una ley física, y su utilidad es doble: permite comparar observaciones tomadas por instrumentos distintos y situar en el tiempo fenómenos que se repiten con el ritmo del planeta.
Cuando Marte se acerca al Sol, la atmósfera se calienta, los vientos levantan partículas muy finas del suelo y esas partículas absorben calor y lo redistribuyen alrededor, alimentando el proceso. El resultado puede ser una tormenta que cubre el planeta entero. El calendario sirve para anticipar esa temporada, que en el año marciano 39 ocupará su segunda mitad, entre finales de 2027 y agosto de 2028.
La cuenta marciana arrancó en 1955; la terrestre lleva siglos discutiéndose. Marte cumple su órbita sin mirar el reloj.
Las temperaturas extremas van por otro camino. Al mediodía de un día de verano, el aire marciano puede rozar los 0 °C; esa misma noche se desploma hasta –60 °C. En invierno, las mínimas nocturnas alcanzan los –110 °C. Entre los fenómenos recurrentes destaca la nube alargada de Arsia Mons, un rastro de cristales de hielo que puede medir hasta 1.800 kilómetros de largo: casi la distancia en línea recta entre Madrid y Berlín. Su ritmo está atado a la estación.
Por qué el año marciano 39 importa a quien trabaja en Marte
Casi todo lo que ocurre en Marte va por ciclos, y el calendario ayuda a anticiparlos. Un año marciano 39 recién estrenado significa un hemisferio norte entrando en primavera, capas de hielo estacional que se subliman y una temporada de polvo todavía lejana. Las misiones que operan en órbita y en superficie planifican con esa referencia porque la luz, el polvo y la temperatura condicionan el rendimiento de los instrumentos y la energía disponible a bordo. La numeración del año no cambia ninguna órbita, pero ordena la agenda de quien tiene que decidir cuándo observar, cuándo ahorrar batería y cuándo esperar.
Conviene, eso sí, no confundir precisión con certeza. El calendario marciano es una convención humana adoptada en 1955, no un hecho natural que pueda demostrarse con un experimento: el equinoccio es un cálculo de efemérides y su minuto exacto puede variar ligeramente según el modelo orbital que se consulte. La fecha no se mueve; el minuto, sí. Y sigue abierta una pregunta que importa más que la numeración: hasta qué punto pueden anticiparse las grandes tormentas de polvo con meses de antelación. Las respuestas, por ahora, son parciales, y esa incertidumbre es justamente lo que hace útil seguir contando los años.
La ESA ha aprovechado la efeméride para pedir a sus equipos de exploración marciana que compartan sus propósitos de año nuevo, y ha invitado a cualquiera a hacer lo mismo en sus redes sociales. La poeta neerlandesa Marjolijn van Heemstra firma el poema que acompaña la iniciativa. Quien prefiera una meta más concreta ya puede apuntarla: el próximo año nuevo en Marte no llegará hasta dentro de 687 días, en torno al 17 de agosto de 2028. Para entonces, el año 39 habrá atravesado ya su temporada de polvo.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: El arranque del año marciano 39, fijado en el equinoccio boreal de Marte, que abre un ciclo de 687 días terrestres.
- Dónde: En Marte, en su órbita alrededor del Sol; no requiere observación desde la Tierra.
- Institución responsable: Agencia Espacial Europea (ESA), que difunde la efeméride y sigue la convención del calendario marciano fijada en 1955.
- Cuándo: Miércoles 30 de septiembre de 2026, a las 13:43 (hora peninsular española) y a las 11:43 UTC.
- Impacto a futuro: Fija el reloj de las estaciones y de las tormentas de polvo de Marte, referencia para planificar las misiones en órbita y en superficie.




