La guerra por el suministro de inteligencia artificial se recrudece a las puertas de Norteamérica. México se ha colado como el segundo mayor exportador mundial de componentes para IA, desbancando a Taiwán y acercándose a China, según el Informe sobre el Desarrollo Mundial 2026 del Banco Mundial. El nearshoring tecnológico gana la partida y reconfigura el mapa de la economía digital.
Claves de la operación
- México ya es el segundo exportador de hardware para IA. Solo China le supera en la venta de semiconductores, componentes electrónicos y equipos para centros de datos.
- El nearshoring arrincona a Taiwán en la cadena de suministro. La proximidad a Estados Unidos y la necesidad de acortar los plazos de entrega convierten a México en el socio preferente.
- Exporta los chips pero apenas los usa: la gran paradoja. Solo uno de cada cinco pequeños negocios mexicanos emplea la IA, un lastre que hipoteca la productividad futura del país.
Nearshoring: por qué los centros de datos de EE. UU. miran al sur
El apetito insaciable de capacidad de cómputo en Estados Unidos está redibujando las rutas del hardware. Cada nuevo centro de datos que inauguran AWS, Microsoft o Google necesita una cantidad ingente de servidores, memoria y sistemas de refrigeración. Taiwán sigue siendo el rey de los semiconductores avanzados, pero la manufactura de componentes, placas base, fuentes de alimentación y ensamblajes intermedios se está desplazando al otro lado del Pacífico.
México aprovecha su vecindad con el cliente más grande del planeta para escalar posiciones en la cadena de valor. El país exporta hoy más de 80.000 millones de dólares en componentes electrónicos, una cifra que el Banco Mundial proyecta que crecerá un 18 % anual durante los próximos tres ejercicios. La ventaja no es solo arancelaria: los plazos de entrega se acortan de semanas a días, y los inventarios de los fabricantes estadounidenses ganan flexibilidad a costa de la concentración asiática.
La gran paradoja: exporta chips pero no usa la IA

El vigor exportador choca de bruces con la realidad doméstica. México fabrica los ladrillos con los que se construye la IA, pero apenas los coloca en su propio tejido productivo. El mismo informe del Banco Mundial coloca al país en el grupo de economías que exportan mucha tecnología para inteligencia artificial sin figurar entre las que más la emplean. España está en ese mismo saco, como veremos.
El dato más elocuente es la adopción en el tejido empresarial: solo el 20 % de las microempresas mexicanas (entre 5 y 19 empleados) usan herramientas de IA, un porcentaje similar al de Jordania o Tailandia y muy lejos del 44 % que registra España en el estudio de Microsoft. La escasez de conexiones de banda ancha fiable, la inestabilidad eléctrica y la falta de perfiles técnicos explican buena parte del retraso.
México ha ganado la batalla del suministro, pero la verdadera guerra de la IA se libra en la adopción empresarial. Exportar chips no garantiza el dominio tecnológico.
El espejo español: mismo grupo exportador, idéntica brecha de uso
El Banco Mundial agrupa a México y a España bajo la misma luz: ambos exponen músculo exportador en componentes para IA pero no aparecen en el top 20 de países que más la utilizan. Para una economía como la española, con un peso industrial relevante y un sector servicios dominante, la brecha es una llamada de atención. Telefónica, Indra y Amadeus lideran la digitalización empresarial en el IBEX 35, pero su entorno doméstico no rema a favor.
La experiencia mexicana demuestra que colocar piezas en la cadena global no basta para cosechar las ganancias de productividad que promete la inteligencia artificial. La diferencia entre exportar componentes y absorber la tecnología es el margen que separa a una potencia manufacturera de una economía innovadora. En España, el riesgo es similar: el informe de Microsoft cifra en un 44 % el uso de IA en las empresas, una cifra que, siendo superior a la mexicana, sigue sin traducirse en una ventaja competitiva sostenida.
El Banco Mundial advierte de que en los países de renta media solo un 4,5 % de los empleos están en riesgo de automatización inmediata, frente al 14,2 % de las economías avanzadas. Esa menor amenaza laboral puede convertirse en un incentivo para que México y España retrasen las reformas digitales, un error que los dejaría aún más rezagados cuando la IA redefina los flujos comerciales.
En esta redacción entendemos que la geopolítica de los chips ya no se juega solo en Asia. México ha sustituido a Taiwán como el socio de facto de Estados Unidos para el aprovisionamiento de hardware de IA. El reto pendiente, tanto para el país azteca como para España, es dejar de ser meros proveedores y convertirse en actores que, además de fabricar los ladrillos, construyan también el edificio.




