La NASA capta los restos de supernova de cinco estrellas desde el Observatorio Oukaïmeden

La imagen combina unas 200 horas de observación desde Marruecos y abarca un campo equivalente a mil lunas llenas. Los cinco remanentes estelares, en la constelación de Auriga, estallaron en épocas distintas hace decenas de miles de años.

Los restos de supernova de cinco estrellas distintas aparecen reunidos en un único campo captado desde el Observatorio Oukaïmeden, en Marruecos. La imagen, difundida por la NASA en su programa Astronomy Picture of the Day (APOD), acumula unas 200 horas de observación y cubre una porción del cielo equivalente a mil lunas llenas colocadas una junto a otra. No muestra estrellas vivas. Muestra las cáscaras fantasmales que dejaron atrás tras estallar.

Lo extraordinario no es una explosión, sino cinco. Cada remanente es el eco de una estrella que murió por su cuenta, en un momento y a una distancia distintos, y que ahora aparece superpuesta en la misma fotografía como si el azar hubiera reunido a un quinteto de fantasmas en una sola sala.

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Cinco fantasmas estelares en la constelación de Auriga

El campo fotografiado se extiende por la constelación de Auriga, el auriga que guía un carro imaginario por el cielo del norte. Allí conviven los cinco objetos, bautizados con códigos de catálogo: G181.1+9.5, G182.4+4.3, G179.0+2.6, G180.0−1.7, más conocido como Sh2-240 o nebulosa de los Espaguetis, y G178.2−4.2. En la imagen anotada aparecen además el cúmulo abierto M37 y la nebulosa del Renacuajo, dos vecinos brillantes que ayudan a situarse en el mapa.

Los datos recogidos sitúan estos objetos a varios miles de años luz de la Tierra y les atribuyen edades de hasta decenas de miles de años. La escala se vuelve vértigo al traducirla a tiempo de viaje. La Voyager 1, la sonda más rápida jamás lanzada, avanza a unos 17 kilómetros por segundo, y a ese ritmo tardaría más de 17.000 años en recorrer un solo año luz. Alcanzar cualquiera de estas nebulosas exigiría millones de años de travesía.

200 horas para cazar cáscaras de gas incandescente

Detrás de la fotografía hay una proeza de paciencia. El equipo reunió aproximadamente 200 horas de observación para construir un mosaico de gran campo, y separó después la luz en dos colores clave: el rojo traza el hidrógeno y el azul, el oxígeno. Lo que emerge son estructuras filamentosas, gas sacudido y calentado por la onda de choque de cada explosión, que se expande todavía hacia el espacio interestelar.

Hay algo casi doméstico en estas cifras. Cuando las estrellas estallaron, hace decenas de miles de años, los humanos que poblaban la Tierra pudieron verlas como nuevos puntos brillantes en el cielo, astros que crecían de intensidad y se desvanecían en cuestión de semanas o meses. Después, durante milenios, su rastro se volvió invisible a simple vista. Solo ahora lo recuperamos con telescopios y horas y horas de exposición.

Cada una de esas cáscaras es materia que viaja lejos de casa y que, algún día, formará parte de otras estrellas y de otros mundos.

Lo que estos fantasmas cuentan sobre la materia que nos forma

Los remanentes de supernova son algo más que bellas imágenes. En ellos se cocina y se dispersa buena parte de los elementos pesados que hacen posible la química de la vida: el hierro de nuestra sangre, el calcio de nuestros huesos y el oxígeno que respiramos pasaron, en algún momento, por el interior de una estrella y salieron disparados en una explosión como estas. Mirar la nebulosa de los Espaguetis es, en cierto sentido, mirar el origen de nuestra propia materia.

No todas las supernovas nacen igual. Algunas marcan el final de estrellas gigantes que agotan su combustible y colapsan sobre sí mismas; otras surgen cuando una enana blanca roba materia a una compañera y supera un límite de masa. Distinguir ambos caminos en un remanente concreto suele exigir años de estudio, y en estos cinco objetos antiguos la tarea es aún más difícil, porque la onda de choque ya se ha difuminado sobre el fondo del cielo.

Conviene, eso sí, poner esta pieza en su sitio. La imagen forma parte del archivo divulgativo de la NASA y no de un artículo con revisión por pares: no presenta nuevas mediciones ni corrige las edades y distancias ya estimadas, que son aproximadas. Sabemos que cada objeto es una estrella muerta, pero no conocemos con detalle cómo fue cada progenitor ni el momento exacto del estallido. Los astrónomos siguen reconstruyendo ese pasado a partir de la forma y la temperatura del gas que aún se expande.

El hallazgo visual llega además en plena mudanza del programa. APOD, que durante años vivió en apod.nasa.gov, se traslada a la web principal de ciencia de la NASA, donde seguirá publicando una imagen del universo cada día. Los restos de estas cinco supernovas ya tienen su ficha en ese archivo colectivo. Y sirven de recordatorio de algo sencillo: las estrellas no desaparecen del todo. Dejan fantasmas, y de esos fantasmas estamos hechos.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: una imagen de gran campo que reúne los restos de cinco supernovas distintas en la constelación de Auriga.
  • Dónde: captada en el Observatorio Oukaïmeden, en Marruecos; los objetos se sitúan a varios miles de años luz de la Tierra.
  • Institución responsable: NASA Astronomy Picture of the Day (APOD), con imagen de Stephane Vetter y Yann Sainty.
  • Cuándo: difundida el 24 de septiembre de 2026, tras unas 200 horas de observación.
  • Impacto a futuro: muestra cómo las supernovas siembran el espacio de elementos pesados que formarán nuevas estrellas y planetas.

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