El precio de la gasolina y del diésel roza ya los 2 euros por litro tras doce semanas seguidas de subidas. El gasóleo repuntó un 4,58% en la última semana, hasta 1,918 euros el litro, mientras la gasolina escaló un 3,32% para situarse en 1,928 euros, su máximo anual, según el Boletín Petrolero de la Unión Europea.
A comienzos de septiembre, el gasóleo había dado un respiro a los conductores. La reactivación del mecanismo de salvaguarda, con una rebaja fiscal de 20 céntimos por litro, se notó en los surtidores apenas unos días. Esa ventaja se ha evaporado casi por completo: el carburante ha retomado la escalada y ha devuelto la mayor parte del alivio al bolsillo del automovilista.
La gasolina, en cambio, no ha dado tregua. Acumula doce semanas consecutivas al alza, una racha que se traduce en un encarecimiento del 30% desde finales de junio. Desde hace dos semanas mantiene además el sorpasso sobre el diésel, al cotizar por encima de él por primera vez desde marzo.
Que la gasolina cueste más que el gasóleo rompe una lógica histórica en España, donde el diésel ha sido tradicionalmente más barato por su menor carga fiscal y su mayor peso en el transporte profesional. El estrechamiento de esa brecha responde, en parte, a la cotización internacional de cada producto y a la caída de la demanda de gasóleo en Europa.
Llenar un depósito medio de 55 litros de gasóleo cuesta ahora 105,49 euros. Hace un año, la misma operación se quedaba en 77,55 euros, es decir, 28 euros menos. Para los vehículos de gasolina, el llenado supone 106,04 euros, 25 euros más que hace doce meses, cuando el desembolso era de 81,40 euros.
Ninguno de los dos carburantes ha recuperado aún los máximos del verano de 2022. En julio de aquel año, la gasolina alcanzó los 2,141 euros por litro y el gasóleo los 2,1 euros. La referencia sigue lejos, pero la pendiente preocupa a los analistas del sector.
El alivio de los 20 céntimos ha durado semanas: el mercado ha devuelto el precio del diésel a la casilla de salida en apenas un mes.
La tendencia al alza arranca del estallido del conflicto en Irán, que tensó las cotizaciones del crudo y, con el decalaje habitual, se ha trasladado a los surtidores. La evolución del barril no llega de inmediato a la bomba: lo hace con semanas de retraso, lo que explica por qué los precios siguen subiendo incluso cuando el petróleo se estabiliza.
España paga menos que la media europea, aunque la brecha se estrecha
El precio de la gasolina sin plomo de 95 se mantiene en España por debajo de la media comunitaria. La Unión Europea registra un promedio de 2,092 euros el litro, mientras que la eurozona alcanza los 2,157 euros, según el Boletín Petrolero comunitario. El diferencial se repite en el gasóleo: 2,226 euros de media en la UE y 2,262 euros en la zona euro frente a los 1,918 euros españoles.
Esa brecha, sin embargo, es engañosa como consuelo. España partía de una base fiscal más baja y aun así ha visto cómo sus carburantes subían con más fuerza que en los países vecinos en términos porcentuales. La presión sobre el consumidor es real: llenar el depósito cuesta hoy entre 25 y 28 euros más que hace un año.
La patronal de las estaciones de servicio, Aevecar, ha reclamado que se mantengan las bonificaciones fiscales para afrontar el encarecimiento. Sus argumentos chocan con la posición del Ministerio de Hacienda, que ya advirtió de que el mecanismo de salvaguarda tiene fecha de caducidad: la rebaja de 20 céntimos por litro expira en octubre.
El dilema fiscal del Gobierno ante el máximo anual de los carburantes

El Gobierno afronta una decisión incómoda. Prorrogar la rebaja de 20 céntimos hasta final de año supondría renunciar a una recaudación estimada en varios cientos de millones de euros. Retirarla, en cambio, dejaría al diésel y a la gasolina a un paso de los 2 euros, justo cuando el Ejecutivo trata de contener el malestar por el coste de la vida.
El precedente de 2022 no ayuda. Entonces, la bonificación generalizada de 20 céntimos se aplicó durante meses con un coste fiscal superior a los 2.000 millones de euros. La medida se retiró de forma escalonada y dejó un regusto amargo: el precio volvió a subir en cuanto desapareció el descuento.
La rebaja fiscal no abarata el carburante, solo retrasa su factura: cuando se retira, el precio recupera el terreno perdido en semanas.
Existe, además, un factor que el Ejecutivo no controla. El precio final depende de la cotización específica de cada carburante, independiente de la del petróleo, de los impuestos, del coste de la materia prima, y de la logística, así como de los márgenes brutos de las operadoras. Sobre varios de esos componentes, el margen de actuación nacional es escaso.
Una subida que tensiona la política energética y el bolsillo del consumidor
El encarecimiento de los carburantes llega en un momento delicado para la política energética española. La inflación subyacente había dado señales de moderación en los últimos trimestres, y el repunte del diésel amenaza con trasladarse al resto de la cesta de precios. El transporte de mercancías, la logística y la distribución son eslabones sensibles: cualquier subida del gasóleo se filtra antes o después al precio final de los alimentos y de los bienes de consumo.
La comparación con 2022 resulta inevitable, pero también peligrosa. Entonces, el contexto era distinto: la invasión de Ucrania disparó el crudo por encima de los 120 dólares y los gobiernos europeos respondieron con medidas fiscales masivas. Ahora el detonante es el conflicto en Irán y la tensión en las rutas de suministro, con un petróleo menos extremo pero con una presión más persistente. El riesgo evidente es que la subida se vuelva estructural.
La decisión sobre el mecanismo de salvaguarda será la primera piedra de toque. Si el Ejecutivo lo prorroga, ganará tiempo pero no resolverá el problema de fondo: un sistema fiscal que penaliza el carburante sin ofrecer alternativas de movilidad accesibles.
Si lo retira en octubre, el repunte podría devolver los precios a la zona de máximos de 2022 en plena temporada de consumo. Los próximos datos del Boletín Petrolero, que se publican cada jueves, marcarán si la racha de doce semanas se rompe o se prolonga. La respuesta llegará antes de que acabe el año.




