Ondo Finance permite desde el 21 de septiembre que las instituciones aprobadas acuñen acciones tokenizadas en Ethereum sin aportar efectivo nuevo. El respaldo son títulos que esas entidades ya tenían depositados en Alpaca, el bróker que ejerce de custodio. El inventario tradicional se convierte así en tokens que circulan por una red pública.
El mecanismo se denomina conversión in-kind, es decir, en especie. La institución no envía dinero a la plataforma: transfiere internamente sus acciones desde su propia cuenta de Alpaca a la cuenta que Ondo mantiene en ese mismo bróker. Esos valores quedan como referencia para emitir los tokens equivalentes en la cadena elegida. El camino también funciona en sentido inverso: cuando la entidad canjea sus tokens, las acciones de referencia regresan a su cuenta original.
El objetivo declarado por la compañía es resolver una fricción conocida por los operadores profesionales. Hasta ahora había que levantar efectivo, comprar el valor de referencia y después destinarlo a la creación de tokens. Con esta vía, quien ya controla las acciones las moviliza directamente hacia la infraestructura de tokenización. Ondo sostiene que el atajo puede ayudar a los market makers (los intermediarios que dan precio de compra y venta) a reponer inventario con más rapidez y a ofrecer spreads más ajustados. Es una expectativa, no un resultado.
Ethereum y BNB Chain sí, Solana no: el mapa de la operación
Las conversiones in-kind arrancaron el 21 de septiembre en Ethereum y BNB Chain, según la información publicada por Ondo. Llama la atención lo que falta: Solana no figura entre las redes habilitadas, aunque allí sí se negocian los Ondo Stocks. La diferencia importa a las instituciones que reparten liquidez entre varios ecosistemas y que tendrán que esperar una ampliación de la infraestructura.
Por debajo del anuncio hay una estructura de intermediarios regulados. La custodia y el corretaje los aporta Alpaca Clearing, un bróker-dealer registrado ante la SEC y miembro de FINRA, a través de su Instant Tokenization Network. Ondo se encarga de la emisión de los activos digitales. La secuencia mantiene separadas dos cosas que conviene no confundir: los valores depositados bajo custodia y los tokens que representan exposición económica a esos valores.
El token no es la acción: es una promesa de exposición económica emitida sobre una red pública y custodiada por un tercero regulado.
Esa distinción tiene consecuencias prácticas. Ondo subraya que sus tokens no equivalen jurídicamente a acciones, fondos cotizados ni recibos estadounidenses de depósito (ADR), y que solo se ofrecen a personas no estadounidenses que cumplan los requisitos. Para usar la ruta in-kind hay que tener cuenta activa en Ondo y en Alpaca y superar la aprobación de esta última. La compañía aclara que las conversiones posteriores no exigen validación manual, pero el acceso inicial depende de una autorización institucional y la mayoría de los participantes necesita aprobación previa.
El detalle no es menor.
Los números que Ondo pone sobre la mesa
La plataforma de Ondo Finance registraba 3.630 millones de dólares en activos distribuidos a través de 441 productos al 22 de septiembre, según los datos que la propia compañía divulga. Su vertical de acciones alcanzó 1.000 millones de dólares en valor total bloqueado en mayo, menos de un año después de su lanzamiento en septiembre de 2025. El interés no es teórico: en agosto se ejecutó en Ethereum una operación individual de 2,3 millones de dólares en tokens QQQon.

Por qué este movimiento importa más allá de Ondo
La tokenización de activos del mundo real dejó de ser un experimento de laboratorio, pero casi toda la conversación giraba en torno al efectivo: fondos monetarios, deuda del Tesoro, depósitos. Lo que cambia con esta vía es la pieza que entra en el circuito. Ya no hace falta dinero nuevo para acuñar; basta con reciclar inventario que ya existe. Es un paso lógico y también el más delicado, porque toca la frontera entre lo que es un valor negociable y lo que es una representación digital con derechos distintos.
El contexto regulatorio acompaña, aunque con matices. El 17 de septiembre, cuatro días antes de que arrancaran las conversiones, la SEC emitió una orden de exenciones temporales y condicionales para determinados Tokenized Securities Venues. La coincidencia sitúa la iniciativa en un debate más amplio, pero conviene ser precisos: la información disponible no sostiene que esa orden haya aprobado el producto concreto de Ondo. El marco se está formando, no está cerrado.
Hay un riesgo evidente en la arquitectura. La custodia depende de un único intermediario, Alpaca, y la emisión de un único emisor, Ondo. Si cualquiera de las dos piezas falla o cambia de criterio, la ruta se estrecha. A eso se suma una limitación de jurisdicción: los tokens no se ofrecen a residentes estadounidenses. La exposición económica se reproduce en una cadena; la propiedad directa, con sus derechos de voto y su fiscalidad, no.
Merece la pena mirar atrás. La expansión de las finanzas descentralizadas en 2020 enseñó que la liquidez se construye rápido cuando hay incentivos y se deshace igual de rápido cuando desaparecen. La tokenización de valores avanza a otro ritmo, al de los custodios, los brókeres regulados y los permisos. Más lenta, y también más difícil de deshacer. La pregunta abierta no es si habrá más acciones tokenizadas en Ethereum, sino cuántas instituciones están dispuestas a mover inventario real hacia un formato que todavía no les otorga la propiedad del título.





