La NASA selecciona el telescopio infrarrojo PRIMA para cartografiar el universo frío y polvoriento

El observatorio, con un espejo de 1,8 metros y un tope de coste de 1.200 millones de dólares, debe superar una revisión de confirmación antes de construirse. Su lanzamiento está previsto para 2033 y buscará la luz que ni el James Webb ni los radiotelescopios captan del todo.

La NASA ha seleccionado PRIMA, su primer telescopio infrarrojo lejano, para estudiar el universo frío y polvoriento. La agencia anunció el miércoles 23 de septiembre que la misión avanza a la fase B, donde se afinan el diseño preliminar y las tecnologías críticas antes de comprometer la construcción. Es el primer miembro de la clase Probe Explorers, una familia nueva de misiones astrofísicas dentro del veterano programa Explorers.

PRIMA responde a las siglas de PRobe far-Infrared Mission for Astrophysics, la misión de sondeo en el infrarrojo lejano para la astrofísica. La NASA la presenta como la ventana que faltaba en su flota, capaz de mirar donde ningún observatorio espacial en activo llega con la sensibilidad necesaria. El anuncio completo aparece en el comunicado oficial de la agencia.

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Qué buscará PRIMA en el infrarrojo lejano

El observatorio llevará un espejo de 1,8 metros, menos que la altura de una portería de fútbol, y lo dedicará a sondeos profundos y sensibles. La franja que le interesa no es el infrarrojo cercano que ya exprime el James Webb, sino el infrarrojo lejano, la región del espectro que queda entre esa luz y las ondas de radio que recogen los radiotelescopios terrestres.

Su objetivo es el universo que apenas brilla. El telescopio rastreará el resplandor tenue del polvo interestelar para responder a preguntas que la astronomía arrastra desde hace décadas: cómo se forman los planetas fuera del sistema solar, cómo han crecido las galaxias junto a sus agujeros negros y de qué manera se han acumulado el polvo y los elementos pesados a lo largo de la historia cósmica.

Entre la luz que capta el James Webb y las ondas que escuchan los radiotelescopios se extiende una franja comparable a los canales que quedan entre dos emisoras: existe, transporta información y casi nadie la ha sintonizado.

‘La misión PRIMA es la próxima ventana de la humanidad hacia el universo profundo’, afirmó Nicky Fox, administradora asociada de la Dirección de Misiones Científicas de la NASA. Fox señaló que el telescopio desvelará lo que hoy permanece oculto y ayudará a entender la formación de planetas, estrellas y agujeros negros, e incluso cómo llegó el agua a la Tierra. Shawn Domagal-Goldman, director de la División de Astrofísica, añadió que ninguna misión por sí sola desentraña todos los misterios del universo, pero que extender la flota hacia esa banda permite una mirada mucho más completa del cosmos.

No buscará luz visible ni ondas de radio: perseguirá el resplandor tenue y frío que delata el polvo donde nacen las estrellas y los planetas.

De la fase B al lanzamiento en 2033: la revisión que decidirá si se construye

Entrar en la fase B no equivale a una autorización definitiva. La NASA someterá el proyecto a una revisión de confirmación en la que pesarán el rendimiento técnico, la programación y el coste, y solo si la supera pasará a la fase C, la del desarrollo propiamente dicho. El techo presupuestario es de 1.200 millones de dólares, una cifra que no incluye el lanzamiento ni otros gastos ajenos al proyecto.

Si la revisión sale adelante, el lanzamiento está previsto para 2033 y la misión operará durante cinco años. El Jet Propulsion Laboratory, en el sur de California, dirigirá el proyecto, con el Goddard Space Flight Center de Greenbelt (Maryland) y el Marshall Space Flight Center de Huntsville (Alabama) como socios principales.

El consorcio internacional es otro de los rasgos del diseño: PRIMA contará con aportaciones del CNES francés, la italiana ASI, la alemana DLR, la agencia canadiense CSA, el instituto coreano KASI, la japonesa JAXA, y la agencia espacial británica.

La misión nace de una recomendación del informe decenal que las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos publicaron en 2020. La NASA la eligió tras evaluar varios estudios de concepto por su mérito científico, su viabilidad de coste y calendario y el uso de tecnologías reaprovechables en misiones mayores.

El programa Explorers es el más antiguo que la NASA mantiene en funcionamiento continuo. Desde el lanzamiento del Explorer 1 en 1958, que descubrió los cinturones de radiación de la Tierra, ha puesto en órbita más de cien misiones, entre ellas Uhuru y el Cosmic Background Explorer, cuyos investigadores recibieron el premio Nobel.

Por qué el infrarrojo lejano importa más de lo que parece

La astronomía espacial ha cubierto el espectro a saltos, dejando huecos que ahora empiezan a cerrarse. Domagal-Goldman situó el proyecto en una cadencia deliberada: misiones de primer nivel en las dos mitades de esta década, con el James Webb y el futuro Roman, y el arranque de la siguiente con este telescopio. Es también una apuesta por misiones medianas encadenadas frente a las grandes aventuras aisladas.

El riesgo está tasado y conviene leerlo con precisión. El techo de 1.200 millones de dólares excluye el lanzamiento y otros costes no asociados al proyecto, así que la factura final será mayor. El comunicado no especifica qué vehículo pondrá a PRIMA en órbita ni una fecha concreta dentro de 2033. Y la revisión de confirmación puede retrasar el calendario si el diseño se encarece o alguna tecnología clave no madura a tiempo.

Lo relevante es qué se juega la ciencia en esa franja del espectro. Buena parte del polvo que llena las galaxias, el mismo que forma los granos donde se cocinan nuevas estrellas, emite su energía justo ahí. Hasta ahora lo hemos visto de refilón, con datos parciales y catálogos incompletos. Si el telescopio vuela, la próxima generación de astrónomos trabajará con mapas que hoy no existen.

La próxima cita es esa revisión de confirmación, sin fecha pública en el comunicado. Después llegará la fase C, la construcción, y más tarde un lanzamiento previsto para 2033, a siete años vista: un bebé nacido estos días tendrá edad de leer sobre PRIMA cuando el telescopio abra su espejo.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: la NASA selecciona PRIMA, primer telescopio de la clase Probe Explorers, para pasar a la fase B de diseño y desarrollo tecnológico.
  • Dónde: observatorio espacial de infrarrojo lejano gestionado desde el Jet Propulsion Laboratory (California), con Goddard (Maryland) y Marshall (Alabama).
  • Institución responsable: NASA, con aportaciones del CNES, ASI, DLR, CSA, KASI, JAXA y la agencia espacial británica.
  • Cuándo: anunciado el 23 de septiembre de 2026; lanzamiento previsto en 2033 para una misión de cinco años.
  • Impacto a futuro: cubrirá la franja del espectro entre el James Webb y los radiotelescopios y producirá los primeros grandes catálogos del universo frío y polvoriento.

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