La Comisión Europea ha puesto en revisión la joya de la corona de su política climática. El mercado de emisiones UE (EU ETS), el sistema de comercio de derechos de carbono que ha conseguido un recorte histórico del 50% en las emisiones industriales desde 2005, podría ralentizar su ritmo de descarbonización. Bruselas plantea cambios que, según los críticos, añadirán 2.000 millones de toneladas extra de CO2 a la atmósfera en la próxima década, lo que abre un debate sobre la credibilidad climática de la Unión.
El EU ETS, el patrón oro que ha reducido las emisiones a la mitad
El EU ETS funciona como un sistema de ‘cap and trade’: fija un límite máximo de emisiones para unas 10.000 instalaciones industriales, refinerías y centrales eléctricas, que representan el 40% de la contaminación climática europea. Cada año, la cantidad de derechos de emisión disponibles se reduce, forzando a las empresas a comprar los necesarios para cubrir su actividad. Quien contamina menos puede vender los excedentes; quien supera el límite se enfrenta a fuertes multas.
Desde su puesta en marcha en 2005, este mecanismo ha sido el principal motor de la descarbonización industrial en Europa. Un documento de trabajo reciente lo calificó como la política climática más impactante del mundo. Su influencia se extiende a sistemas similares en California, Corea del Sur o Quebec, que lo han tomado como referencia. Pero ahora, la propuesta que llegó desde el piso 13 del edificio Berlaymont en Bruselas genera, según varias organizaciones, “humo negro y acre”, en palabras de Wijnand Stoefs, responsable de política europea de la ONG Carbon Market Watch.
La Comisión propone ralentizar el ritmo: menos recortes y más derechos gratuitos
El cambio más relevante que está sobre la mesa afecta al factor de reducción lineal, es decir, a la velocidad a la que se retiran derechos de emisión del mercado. Hasta ahora, el sistema se encaminaba a una senda que habría llevado a los sectores cubiertos a la neutralidad climática en 2039, con una reducción anual del 4,4%. La propuesta de la Comisión baja esa tasa al 3,7% entre 2031 y 2035, y al 1,7% a partir de entonces, según detalla Grist.
Además, Bruselas mantiene la asignación gratuita de derechos a determinadas industrias consideradas en riesgo de deslocalización (las llamadas ‘fugas de carbono’). Esta práctica, que ha permitido a gigantes como ArcelorMittal o BASF acumular excedentes millonarios, es ahora más laxa. Los sectores que más presionaron en los despachos comunitarios —las acereras y las químicas— son los que más se benefician de esta generosidad adicional.
📊 Impacto ecológico en cifras
- CO2 adicional: Aproximadamente 2.000 millones de toneladas extra de dióxido de carbono podrían emitirse hasta 2040 respecto al plan anterior.
- Ritmo de descarbonización: La reducción anual pasa del 4,4% actual al 3,7% en 2031-2035 y solo al 1,7% a partir de 2035.
- Empresas afectadas: 10.000 instalaciones industriales, eléctricas y refinerías sujetas al sistema.
- Equivalencia tangible: El presupuesto mundial de carbono que aún permite limitar el calentamiento a 1,5 °C se sitúa en 80.000 millones de toneladas; 2.000 millones más erosionan aún más ese margen.
La Comisión justifica estos ajustes como una forma de aliviar la presión sobre la industria europea mientras se respeta el objetivo vinculante de reducir las emisiones totales un 90% para 2040. Pero Sven Harmeling, responsable de clima en Climate Action Network Europe, advierte de que “lo que ocurre entre 2030 y 2040 es lo que realmente importa al clima”. La senda elegida permitiría un volumen de emisiones mucho mayor durante esos años, aunque la cifra final de 2040 sea la misma.

La propuesta aún debe negociarse con el Consejo de la UE y el Parlamento Europeo, y varios ministros de Medio Ambiente ya han prometido “luchar con uñas y dientes” contra un debilitamiento del mercado. Se espera que la normativa definitiva esté lista a principios de 2027.
La diferencia entre llegar a 2040 con más o menos emisiones no es un matiz; son opciones climáticas con consecuencias muy distintas.
El efecto dominó: ¿contagiará el frenazo a otros mercados de carbono?
La flexibilización del EU ETS tiene un potencial de contagio internacional. Sistemas como el de California, que ya amplió en mayo los derechos gratuitos a las refinerías, podrían encontrar en el paso atrás europeo la coartada perfecta para replicar concesiones similares. Wijnand Stoefs lo resume con claridad: “Será una cinta de munición para los lobbies industriales de todo el mundo”.
No obstante, expertos como Milan Elkerbout, del think tank Resources for the Future, matizan que las diferencias estructurales entre unos mercados y otros los protegen de una copia exacta. En su opinión, alinear otros sistemas con el europeo podría incluso elevarlos. Aun así, reconoce que la señal que emite la UE es peligrosa: grandes contaminadores de otros continentes presionan por lo mismo —precios del carbono más bajos, más permisos gratuitos y reglas más laxas—, y la nueva posición europea les da argumentos.
Una credibilidad climática en juego: la letra pequeña que diluye el liderazgo verde
El EU ETS no es una herramienta aislada; forma parte del Pacto Verde Europeo y del paquete Fit for 55, que aspira a que la UE reduzca sus emisiones netas un 55% en 2030 respecto a 1990. La ralentización del ritmo de descarbonización industrial traslada, de facto, la factura climática a otros sectores —agricultura, transporte, edificación— y a las próximas décadas. Cuanto más se retrase la reducción en la industria, más drásticos tendrán que ser los recortes posteriores o más caras resultarán las tecnologías de compensación.
Desde la redacción, creemos que la propuesta de Bruselas supone un repliegue innegable en la ambición climática, aunque el sistema siga siendo, con mucha diferencia, el más exigente del planeta. El riesgo no está tanto en el papel final de 2040 como en la acumulación de emisiones durante el camino. Cada año de retraso añade toneladas de CO2 que permanecerán en la atmósfera durante siglos y que estrechan el ya mínimo presupuesto de carbono global. La batalla en el Consejo y en el Parlamento será, por tanto, la prueba de fuego de la resiliencia climática de la Unión.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: El mantenimiento del sistema actual habría permitido alcanzar la neutralidad industrial en 2039; la propuesta retrasa ese hito y añade 2.000 millones de toneladas de CO2.
- Modelo que cambia: La flexibilización debilita el estatus de ‘patrón oro’ del mercado europeo de emisiones y puede frenar la adopción de sistemas similares en otras regiones.
- Para las próximas generaciones: Cada tonelada emitida ahora reduce el margen para limitar el calentamiento a 1,5 °C y encarece la adaptación climática que heredarán.




