Las urnas han propinado dos golpes casi simultáneos al establishment europeo. En Rusia, el partido de Vladimir Putin se encamina hacia una mayoría abrumadora. En Alemania, la CDU de Friedrich Merz encaja un nuevo correctivo y la AfD vuelve a arrasar. En Negocios TV lo resumen con una idea incómoda: los europeos no quieren una guerra con Rusia y lo están diciendo en las urnas.
Rusia Unida y el respaldo que Putin venderá como victoria
El análisis del canal arranca en Moscú. Según los datos que se manejan en el programa, Rusia Unida se encamina hacia los 355 escaños de los 450 en juego, un porcentaje que los propios tertulianos califican de muy elevado. La lectura inmediata es que el Kremlin venderá el resultado como un respaldo de la población civil a su maquinaria de guerra y a la continuidad del conflicto.
Los invitados ponen matices serios a esa fotografía. Recuerdan que el único partido liberal con recorrido fue suspendido por el Tribunal Supremo y que los sondeos le atribuían hasta un 18% de estimación de voto. Nunca lo sabremos, porque no pudo presentarse. Con ese agujero en el tablero, el resultado deja de ser una competición real y se convierte en una ratificación de la línea de Putin: gestión económica, gestión social y, sobre todo, gestión de la guerra.
Las sorpresas llegaron por otros flancos. El Partido Comunista, llamado a capitalizar el descontento de una parte de la sociedad rusa, no dio el estirón que algunos esperaban. La formación socialdemócrata se quedó en torno al 4,96%, al borde del umbral del 5% que da acceso al Parlamento. El partido liberal sí subió, alrededor de un 9%. Nada de eso altera el rumbo.
Sobre la marcha de la contienda, los analistas coinciden en un punto: Rusia busca la victoria, pero si pudiera cerrarla militarmente ya lo habría hecho. Lo que hay, sostienen, es una guerra de desgaste que a largo plazo probablemente le favorece. El riesgo real no está tanto en el frente como en el error de cálculo, en una escalada que empuje a Europa y a Moscú hacia una confrontación mucho más directa que la actual.
Alemania: el tercer batacazo y la derrota de Merz
El segundo tramo del programa aterriza en Alemania, donde el resultado se describe como un doble golpe para el partido gobernante. La CDU de Friedrich Merz pierde en Berlín y se queda fuera del Parlamento de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, su tercer batacazo consecutivo. En la capital gana la izquierda pero también los socialdemócratas ceden mucho terreno. Los tertulianos citan incluso la reacción de Angela Merkel, que habría calificado el resultado de desastre.
Es llamativo que sean precisamente los partidos contrarios a la guerra, y al riesgo de un conflicto abierto con Rusia, los que acaban etiquetados como extrema derecha en Alemania.
— Adrián, analista invitado en Negocios TV
El cordón sanitario que pasa factura a los partidos tradicionales
El diagnóstico que comparten los analistas apunta a una causa común: el cordón sanitario levantado contra la AfD y contra las formaciones de izquierda alternativa. Aislar a esos partidos no ha convencido a los ciudadanos, y el castigo se está dirigiendo contra quienes diseñaron ese aislamiento. Quienes suben, subrayan, son los partidos anti guerra, los que se oponen al envío de armas y a la escalada con Moscú, mientras los que se presentan como moderados empujan en dirección contraria.
La paradoja no es menor. En el debate público alemán, la etiqueta de extrema derecha acaba aplicada a fuerzas que, en política exterior, defienden justo lo contrario de lo que se defendía hace unos años. El descontento, añaden, no lo están recogiendo los partidos tradicionales, sino los que fueron marginados.
Una Europa huérfana de liderazgo alemán
La consecuencia inmediata es de calado. Si Berlín pierde fiabilidad interna, la pierde también el conjunto de la Unión Europea en plena reconfiguración del orden mundial. Los invitados mencionan el avance bilateral de Trump en Groenlandia tras el acuerdo entre Dinamarca y Washington, un movimiento en el que Bruselas no apareció. Con un canciller debilitado, el Consejo Europeo lo tendrá mucho más difícil para cerrar posiciones comunes en política exterior.
La previsión que se lanza en el programa es que los extremos dominen tarde o temprano en Francia y en Alemania, precisamente porque se intentó aislarlos. La culpa del descontento, concluyen, recae en unos partidos tradicionales que no están resolviendo los problemas de la gente.
Sobre la supervivencia de Merz, la comparación que se hace es británica. Tras el hundimiento de popularidad de Starmer, la respuesta no pasó por un cambio de rumbo, sino por sustituir una figura por otra equivalente, con políticas muy parecidas, que reactivó temporalmente el voto. Los analistas sospechan que en Alemania se intentaría algo similar. Y descartan que se levante el cordón sanitario: a corto plazo, el establishment prefiere mantener el control del proceso, aunque a largo plazo eso refuerce a los partidos aislados.
Lo que la derrota de Merz significa para el lector
Conviene separar dos cosas. Una es el resultado electoral, verificable: la CDU pierde, la AfD y la izquierda alternativa ganan, y el liderazgo alemán llega más débil que nunca al tramo decisivo del debate sobre Ucrania. Otra es la interpretación política que se hace en el programa, y que aquí presentamos como lo que es, una lectura de los tertulianos, no un hecho. Dicho eso, la lectura tiene recorrido. Las decisiones europeas sobre rearme, financiación a Kiev y sanciones a Moscú dependen de gobiernos con mayorías cada vez más frágiles, y eso estrecha el margen de Bruselas justo cuando Washington negocia por su cuenta.
Para el lector español, el mensaje práctico es que el calendario electoral europeo va a condicionar la política exterior tanto como cualquier cumbre. Cada cita con las urnas añade una restricción nueva a lo que los gobiernos pueden firmar en Bruselas. Y si los partidos que hoy compiten por ese voto son los que piden menos implicación en Ucrania, el debate sobre hasta dónde debe llegar Europa no va a desaparecer: va a instalarse en el centro de la agenda.
Queda la pregunta de fondo. ¿Cuánto tiempo puede sostener la Unión Europea una política exterior de bloque cuando sus dos motores, París y Berlín, bailan al ritmo de sus propias elecciones? El próximo episodio se escribirá en las urnas.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Negocios TV en YouTube.





