Inversión en diamantes: por qué el diamante de laboratorio amenaza a la piedra natural como valor refugio

De Beers recorta precios de diamantes en bruto y la producción se contrae un 20% desde 2014. Con el 61% de las parejas estadounidenses optando por gemas de laboratorio, el diamante natural redefine su lugar en la cartera del inversor.

He estado siguiendo de cerca la evolución del sector diamantífero en los últimos meses y las señales que llegan desde la minería son inequívocas. De Beers Group recortó los precios de sus diamantes en bruto este verano y redujo su lista de compradores autorizados en aproximadamente un tercio. La caída del precio medio por quilate hasta los 105 dólares —frente a los 155 del año anterior— y la interrupción de la producción en la mina Venetia en Sudáfrica apuntan a un reajuste estructural. Pero, sobre todo, confirman que el diamante natural, considerado durante décadas un valor refugio, está perdiendo fuelle frente a la pujanza de una amenaza creada en laboratorio.

Las cifras que tensan el mercado del diamante natural

Según los datos recopilados por Vogue Business, la producción mundial de diamantes se ha contraído un 20% en la última década: de unos 125 millones de quilates en 2014 a cerca de 99 millones en 2025, según certifica el Proceso de Kimberley. Paralelamente, las sanciones a la minera rusa Alrosa —que controla otro 30% del mercado— han restringido la oferta y elevado la volatilidad de los precios. La oferta menguante, sin embargo, no ha bastado para sostener el valor en un entorno de demanda debilitada tras el auge pospandemia.

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El verdadero desafío está en el laboratorio. Un estudio de la plataforma nupcial The Knot, publicado en febrero de 2026, revela que el 61% de 10.000 parejas estadounidenses encuestadas optó por un diamante de laboratorio, un incremento del 239% desde 2020. En una entrevista con el Financial Times el 4 de agosto, Duncan Wanblad, CEO de Anglo American —matriz de De Beers con un 85% de participación—, reconoció que la amenaza del diamante de laboratorio ha sido subestimada. Para el analista de Bernstein Luca Solca, esta amenaza es “muy seria”.

La caída del diamante en bruto no es coyuntural: con la producción minera contrayéndose un 20% en una década, la escasez futura podría ser el motor de revalorización.

De Beers no está sola en este terremoto. En febrero, el gigante acordó ceder más producción de Botsuana a la estatal Okavango Diamond Company, lo que reduce aún más su control sobre el suministro. Anglo American, su matriz, puso a la compañía en venta en 2024. Todo ello configura un panorama de reestructuración forzosa que está redefiniendo el lugar del diamante en la industria del lujo… y en la cartera del inversor.

El giro estratégico: lujo, exclusividad y un nuevo relato de valor

La respuesta del sector se articula en torno a la diferenciación. El Natural Diamond Council (NDC), que agrupa a los grandes mineros y fabricantes, está invirtiendo en una marca de confianza para distinguir las piedras naturales de las de laboratorio y en mejorar su representación en plataformas de inteligencia artificial generativa. “Si la IA se equivoca sobre los diamantes, los consumidores también lo harán”, advierte Amber Pepper, su consejera delegada.

Paralelamente, De Beers ha relanzado su icónico A Diamond Is Forever y ha apostado por los Desert Diamonds, diamantes de colores cálidos —antes considerados imperfectos— que han elevado las ventas en Estados Unidos, India y China entre un 15% y un 19%. La campaña, junto a alianzas con Frieze Art Fair o National Geographic, busca reconquistar a la Generación Z y romper con la dictadura de las 4C (quilate, claridad, color y talla) que durante décadas equiparó los diamantes a materias primas.

El diamante natural solo conservará su valor refugio si el sector logra hacerlo más exclusivo y menos comparable con la gema de laboratorio.

El analista independiente Paul Zimnisky observa que la industria “parece estar en las primeras etapas de reposicionar sus productos como un bien de lujo propiamente dicho, con marcado físico, comercialización elevada y distribución minorista más exclusiva”. Y no le falta razón: la estrategia de De Beers con un grupo reducido de compradores autorizados apunta directamente a una subida de categoría. Sahag Arslanian, de la dinastía diamantífera Arslanian Group, recuerda que el Ocean Blue —un diamante azul verdoso de 5,50 quilates— fue vendido por su familia en 2004 por 2 millones de dólares y alcanzó 17,6 millones en Christie’s este año. La revalorización de las piezas excepcionales sigue intacta.

Horizonte de inversión: ¿dónde situar al diamante en la cartera de activos alternativos?

En mis análisis de activos refugio, el diamante siempre ha ocupado un lugar secundario frente al oro, por su menor liquidez y la ausencia de un mercado estandarizado. No obstante, la combinación de oferta menguante y un reposicionamiento hacia la ultralujo podría devolverle atractivo para el inversor de larga duración. La clave está en la diferenciación: las piedras de color excepcional o los diamantes con certificación de origen y trazabilidad —como el ya mencionado Ocean Blue— ofrecen un perfil de revalorización muy superior al de las gemas blancas de calidad media, que son las que más compiten con el laboratorio.

Los diamantes de laboratorio, mientras tanto, carecen de cualquier mérito inversor. Su producción es técnicamente ilimitada y su precio se desplomará a medida que la tecnología se abarate. Así, el verdadero campo de juego para el inversor se reduce a las piedras naturales de gran formato y color inusual. Para el capital conservador, un diamante natural con un peso superior a 5 quilates y coloración infrecuente puede ser una alternativa interesante de preservación de capital a horizontes superiores a diez años, siempre que se adquiera a través de casas de subastas de primer nivel y se asuma una liquidez restringida.

El sector está en plena metamorfosis y los próximos trimestres serán decisivos. Seguiré de cerca la evolución de la campaña Desert Diamonds y la implantación del sello de confianza del NDC. Si la demanda de los compradores jóvenes se consolida y el diamante recupera su halo de objeto aspiracional, podríamos estar ante un punto de inflexión que devuelva cierto brillo a la piedra más clásica de la cartera de activos alternativos.

💎 Veredicto Wealth

El diamante natural de color excepcional y tamaño considerable mantiene su atractivo como activo de preservación de capital a largo plazo, siempre que se evite la competencia directa con el laboratorio. El inversor debe exigir trazabilidad y apostar por un horizonte de diez años, asumiendo una liquidez reducida y la incertidumbre de una categoría en plena transformación.


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