La piscina natural de la Sierra de Madrid a la que se llega en coche y sin pagar entrada

Madrid tiene un problema cada julio: el termómetro sube y la ciudad se vacía en busca de agua fría que no sea la de una piscina municipal. La respuesta lleva décadas ahí, a poco más de una hora en coche por la A-1, y sigue sorprendiendo a quien la descubre por primera vez. Se llama Las Presillas y son tres pozas naturales formadas en el cauce del río Lozoya, dentro del término de Rascafría.

Lo curioso es que, pese a estar entre los planes de verano más buscados de la Comunidad de Madrid, el acceso a pie sigue siendo completamente gratuito. No hay taquilla, no hay control de aforo y no hay vallas. Solo se paga si se decide aparcar el coche justo al lado del agua, algo que conviene entender bien antes de hacer el viaje.

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Rascafría, la puerta de entrada a Las Presillas

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El Valle de El Paular, donde se encuentran estas pozas, pertenece administrativamente al municipio de Rascafría, uno de los pueblos más conocidos de la sierra de Guadarrama. Para llegar en coche desde Madrid hay que coger la A-1 hasta el kilómetro 69, tomar el desvío hacia la M-604 y seguir esa carretera hasta el kilómetro 28,600, pasando por Lozoya, Pinilla del Valle y Alameda del Valle.

El trayecto completo ronda la hora y cuarto, dependiendo del tráfico y del punto de salida dentro de la capital. Quien prefiera no conducir tiene alternativa: el autobús interurbano 194 sale desde Plaza de Castilla y llega hasta el pueblo, aunque después hay que caminar un tramo hasta la zona de baño.

Entrada gratis, aparcamiento de pago

El dato que más confunde a quien visita Las Presillas por primera vez es precisamente este: el baño en sí no cuesta nada, pero dejar el coche junto al agua sí tiene tarifa. El Ayuntamiento de Rascafría gestiona un parking habilitado que cobra por vehículo y día, una fórmula pensada para financiar el mantenimiento de la zona sin cerrar el acceso a nadie.

Quien quiera evitar ese pago tiene una opción sencilla: aparcar en el propio pueblo de Rascafría y caminar unos veinte minutos hasta las pozas. No es la ruta más cómoda si se va con niños pequeños o mucho equipaje, pero convierte el plan en un día completamente gratuito, algo cada vez más raro en los alrededores de Madrid.

Agua de deshielo a menos de 20 grados

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Lo que de verdad marca la diferencia frente a otras zonas de baño de la región es la temperatura. El agua que llena las tres pozas procede directamente del deshielo del pico Peñalara, y ronda los 18 grados incluso en pleno agosto, cuando Madrid capital roza los 35. Es un choque térmico que sorprende incluso a quien llega avisado.

Las tres presas consecutivas que regulan el cauce del río Lozoya calman la corriente lo suficiente como para que el baño sea seguro, aunque conviene recordar que no hay socorristas ni control de aforo. La precaución sigue siendo cosa de cada visitante, especialmente si se va acompañado de niños.

Qué llevar y cuándo ir para evitar las aglomeraciones

Las Presillas no tienen chiringuito ni quiosco, así que conviene ir preparados con comida y bebida propias si se planea pasar el día entero. El calzado también importa: el fondo de las pozas tiene bastantes piedras, y unas cangrejeras o escarpines hacen la experiencia mucho más cómoda que entrar descalzo.

El otro factor decisivo es la hora de llegada. Los fines de semana de julio y agosto, el parking se llena antes de las diez de la mañana, y encontrar sombra en las praderas cercanas se complica a medida que avanza el día. Ir entre semana o madrugar sigue siendo, según quienes repiten cada verano, la única forma de disfrutar del lugar casi en soledad.

  • Zona recreativa abierta todos los días de 9:00 a 21:00 horas
  • Bebida, comida y calzado de baño cerrado, porque no hay chiringuito
  • Toalla o esterilla, ya que las praderas se llenan rápido en fin de semana
  • Bolsa para la basura, dado que los contenedores se saturan en temporada alta

Más allá del baño: el Valle de El Paular

Quien se anima a alargar la visita encuentra en Rascafría mucho más que las pozas. A pocos minutos en coche está el Monasterio de Santa María de El Paular, uno de los conjuntos monásticos medievales mejor conservados de toda la sierra madrileña, y el histórico Puente del Perdón, de piedra, que cruza el mismo río Lozoya frente al monasterio.

Para quienes prefieren caminar antes de mojarse, el Camino Natural del Valle del Lozoya conecta ambos puntos por un sendero llano entre robles centenarios. Es la combinación que mejor explica por qué tantos madrileños repiten temporada tras temporada: un solo desplazamiento que suma naturaleza, patrimonio y agua fría de verdad.

Un plan que va a más cada verano

El turismo de proximidad hacia la sierra norte de Madrid lleva creciendo desde 2024, y todo apunta a que esa tendencia se mantendrá los próximos veranos. Cada vez más madrileños descartan la escapada larga a la costa a favor de destinos como este, donde el trayecto de ida y vuelta cabe en un solo día sin madrugar de más.

Si algo puede estropear la experiencia no es la masificación en sí, sino llegar tarde y encontrar todo ocupado. La recomendación de quienes ya conocen bien el lugar es sencilla y realista: elegir un día laborable si se puede, y si no, salir de Madrid antes de las nueve de la mañana. El resto lo pone el agua fría del Lozoya, que lleva siglos bajando de la sierra sin pedir entrada a nadie.


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