El debate ETF Bitcoin vs oro tiene un nuevo pronóstico: los fondos cotizados de bitcoin llegarán a triplicar en patrimonio a los respaldados por oro. Lo sitúa ahí Eric Balchunas, analista senior de ETF de Bloomberg, que calcula un techo de 1,85 billones de dólares para el sector. La cifra parece lejana. Él no cree que lo sea.
Balchunas lo explicó el jueves en una entrevista con el canal de vídeo de Bitcoin Magazine. Su argumento no es técnico, es de calendario: el oro lleva 5.000 años ejerciendo de refugio de valor —aparece 450 veces en la Biblia, recuerda— y bitcoin, nacido en 2009 y con una historia mucho más corta, cumple 17 años. La generación que ahora hereda el dinero es la primera que ha crecido con el activo digital como algo normal, y eso, sostiene el analista, pesará más que cualquier gráfico de corto plazo.
Cuánto pesa hoy cada mercado
Los números actuales dejan la distancia en una proporción clara. El sector de los ETF de oro gestiona unos 615.000 millones de dólares, según las cifras que maneja Balchunas. Los ETF de bitcoin, que empezaron a cotizar en Estados Unidos en enero de 2024, acumulan casi 100.000 millones, de acuerdo con los datos del agregador Coinglass. El metal sigue pesando seis veces más que el activo digital.
El envoltorio importa. Un ETF permite a un fondo de pensiones, a una aseguradora o a un gestor indexado tener exposición al bitcoin dentro de su cuenta de valores, con las reglas y la auditoría a las que están acostumbrados, sin abrir una cartera de criptomonedas ni custodiar claves privadas. Esa puerta fue la que convirtió una demanda latente en dinero real.
Los dos mercados, eso sí, se construyeron en tiempos muy distintos. El primer ETF de oro al contado llegó a Estados Unidos hace más de dos décadas; los de bitcoin tuvieron que esperar a que la SEC, el regulador de valores estadounidense, levantara una década de negativas. Su lanzamiento, en enero de 2024, fue el más exitoso de la historia de estos productos por volumen captado en los primeros meses.
El relevo generacional y la vuelta del ‘debasement trade’

El segundo pilar de su tesis es político. Balchunas sostiene que la Generación Z está canalizando su enfado por el déficit público y la inflación a través del voto, y apunta que bitcoin ofrece otra salida: es un activo que ningún Gobierno puede confiscar ni devaluar por decreto. El precedente histórico está ahí: en 1933, Estados Unidos obligó a sus ciudadanos a entregar su oro al Estado a cambio de dólares.
La distancia de seis a uno entre el oro y bitcoin no mide solo dinero: mide generaciones que todavía no han heredado.
La idea conecta con el llamado debasement trade, la estrategia de comprar activos que no generan intereses —oro, bitcoin— para protegerse de la pérdida de poder adquisitivo del dinero. Ese movimiento fue uno de los temas de 2025 y ha vuelto con fuerza este año, con un dólar más débil y una parte del ahorro global buscando refugio fuera de la renta fija.
Queda el argumento más operativo, el de la volatilidad. El analista apunta que, a medida que el precio de bitcoin se comporte de forma más parecida al oro, las carteras institucionales dejarán de mirarlo como una apuesta y empezarán a tratarlo como una reserva estable. En 2025 el activo firmó su año menos volátil desde que existe, y Balchunas cree que esa domesticación del precio es la condición previa para el desembarco definitivo del dinero grande.
Qué tendría que pasar para que el pronóstico no se quede en titular
La comparación tiene precedentes que ayudan a calibrar el optimismo. Los ETF de oro tardaron casi dos décadas en convertirse en un mercado de 615.000 millones de dólares; los de bitcoin han llegado a casi 100.000 en algo más de dos años y medio, un ritmo que ningún otro producto cotizado ha igualado. Si el pronóstico acierta, el sector tendría que multiplicar por más de 18 su tamaño actual, y ahí aparece el primer matiz: la tesis se apoya en una hipótesis demográfica que se mide en décadas, no en trimestres.
Hay más riesgos sobre la mesa. El patrimonio de estos fondos depende de un puñado de emisores estadounidenses y de un único activo subyacente, así que cualquier episodio de pánico se transmite al conjunto a la misma velocidad con la que entra el dinero. La regulación tampoco está cerrada: el reglamento europeo MiCA terminó de aplicarse en diciembre de 2024 y los ETF estadounidenses siguen fuera del alcance del inversor minorista europeo, que solo puede acceder a través de productos cotizados del continente. Y el escenario macro puede girar: si el dólar se fortalece o los tipos suben con fuerza, el atractivo de los activos que no pagan intereses se enfría, como ya ocurrió en 2022.
Con todo, la dirección que describe el analista no es extravagante. El mercado de ETF de oro existe desde 2004 y sigue siendo la referencia de los activos refugio; el de bitcoin tiene 17 años de historia y menos de tres cotizando en bolsa. Nadie sabe si el relevo llegará en 2030 o en 2045. Lo que sí puede seguirse es la huella del proceso: los flujos semanales hacia los fondos, la volatilidad anualizada del activo y cuánto dinero nuevo entra desde carteras jóvenes. Ahí estará la respuesta, antes que en cualquier predicción.




