Bruselas descarta el impuesto europeo a las energéticas mientras Cuerpo insiste en evaluar los ‘beneficios extra’

La patronal Aelec, que agrupa a Endesa, Iberdrola y EDP España, sostiene que el gas fija el precio eléctrico en menos del 15% de las horas, frente al 75% de 2022. El ministro de Economía subordina el impuesto español a que Bruselas certifique primero esas rentas extraordinarias.

La Comisión Europea descarta de momento un gravamen comunitario sobre los beneficios de las eléctricas, mientras España mantiene abierta la puerta al impuesto y pide a Bruselas que cuantifique los ‘beneficios extra’ del sector.

La posición comunitaria deja sin paraguas la principal vía que el Ejecutivo español había explorado para elevar la fiscalidad energética con cobertura jurídica europea. Sin ese marco, la decisión vuelve a Madrid, donde el Ministerio de Economía sostiene que primero hay que demostrar que las compañías están capturando rentas extraordinarias. El ministro Carlos Cuerpo ha reclamado al Ejecutivo comunitario ese análisis previo antes de mover ficha con el impuesto energéticas en España.

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Bruselas se desmarca y devuelve el debate a Madrid

El sector no espera quieto. Aelec, la patronal que agrupa a Endesa, Iberdrola y EDP España, sostiene que el escenario actual no guarda parecido con el de 2022 y que no se cumplen las condiciones para repetir una intervención del mercado mayorista. Su presidenta, Marina Serrano, recuerda que la excepción ibérica «nació como una respuesta extraordinaria a una situación extraordinaria y bajo unas condiciones específicas establecidas por Europa».

El contexto geopolítico también ha cambiado. Las tensiones en Oriente Próximo presionan el precio del gas, pero el sistema eléctrico español ya no absorbe ese golpe con la intensidad de hace cuatro años. Serrano subraya que el mecanismo estuvo vigente un año y medio, entre 2022 y finales de 2023, y que entonces el gas marcaba el precio de la electricidad en torno al 75% de las horas.

Hoy ocurre lo contrario. El gas fija el precio marginal en menos del 15% de las horas, lo que deja al mercado eléctrico español como amortiguador del shock y no como amplificador. «No tiene sentido responder a una crisis del gas interviniendo un mercado eléctrico que está funcionando», argumenta la presidenta de Aelec.

Con el gas fijando el precio en menos del 15% de las horas, el argumento técnico de los ‘beneficios extra’ pierde la coartada que sí tenía en 2022.

El gas marca menos del 15% de las horas, no el 75%

La comparación es el corazón del asunto. Durante la excepción ibérica, el gas llegó a determinar el precio en aproximadamente tres de cada cuatro horas del mercado diario. Ahora lo hace en menos de una de cada siete. El cuadro que maneja la patronal y que resume el giro del sistema queda así:

IndicadorExcepción ibérica (2022-2023)Situación actual
Peso del gas en la fijación del precioCerca del 75% de las horasMenos del 15% de las horas
Marco vigenteUn año y medio, hasta finales de 2023Sin mecanismo aprobado
Efecto sobre el consumidorAlivio para los expuestos al poolEl 75% en mercado libre asumiría el coste

Ahí está el problema político. Aelec calcula que recuperar un tope al gas trasladaría el coste a la mayoría de los consumidores, los que están en el mercado libre y, en gran medida, a precio fijo. Una parte muy mayoritaria de los hogares y las pymes asumen hoy un precio cerrado y ajeno al vaivén del pool. El resultado sería el inverso al que se busca: encarecer la factura del 75% para aliviar al 25% que sigue expuesto al mercado diario. Ese efecto distributivo, insiste Serrano, tendría que estar encima de la mesa antes de plantear cualquier intervención.

El pulso que condiciona al Ibex energético

Para el inversor, el ruido fiscal pesa hoy más que el precio del gas. Las grandes utilities del Ibex 35 cotizan con una prima de riesgo regulatorio que se revisa cada vez que el debate del gravamen reaparece, y el sector lo sabe: cada comparecencia pública es también un mensaje al accionista. En el capital de estas compañías conviven inversores institucionales como BlackRock, Norges Bank o Qatar Investment Authority, con mandatos de largo plazo y escasa tolerancia a cambios fiscales retroactivos.

El precedente inmediato es la propia excepción ibérica. Aquella intervención se aprobó con el aval expreso de Bruselas y bajo un shock de precios que ya no existe. Repetirla sin ese paraguas exigiría justificar técnicamente una excepción que la propia Comisión Europea ha dejado de considerar necesaria. El contraste es claro. Para las eléctricas, el riesgo no es solo el importe del impuesto: es la señal que envía a quien financia la transición energética.

Tampoco conviene ignorar el flanco institucional. Cualquier intervención sobre el mercado eléctrico pasa por los informes de la CNMC, competente en la supervisión del sistema, y por el escrutinio de una Comisión Europea que acaba de cerrar la puerta a una figura armonizada entre los Veintisiete. Si Bruselas no aprecia ‘beneficios extra’ en el sector, el Gobierno tendrá que sostener el gravamen con datos propios y a contracorriente del criterio comunitario.

Queda la incógnita regulatoria. El debate no es nuevo: España ya aplicó un gravamen temporal al sector tras la crisis energética y su continuidad ha sido uno de los puntos de fricción más repetidos entre las eléctricas y el Ejecutivo. La diferencia, esta vez, es que el argumento comunitario no acompaña. De momento, no.

📊 Las Claves para el Inversor

  • Qué vigilar: Si Bruselas accede a cuantificar los ‘beneficios extra’ del sector y si el Gobierno registra finalmente un proyecto de ley de gravamen permanente.
  • Reacción del valor: Las utilities del Ibex descuentan cada comparecencia política como prima de riesgo regulatorio; una figura europea sería más digerible que un impuesto estrictamente nacional.
  • Precedente sectorial: La excepción ibérica de 2022 exigió aval comunitario, shock de precios y una justificación técnica que hoy no concurre.

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