El crudo Brent superó este jueves los 100 dólares por primera vez en más de cuatro años, después de que los rebeldes hutíes de Yemen atacaran dos petroleros saudíes en el estrecho de Bab el-Mandeb. El incidente bloquea de facto dos de los puntos de tránsito de crudo más importantes del mundo: el propio Mar Rojo y el ya convulso estrecho de Ormuz. El precio del barril de referencia en Europa se disparó un 5,3% en la sesión hasta los 101,2 dólares, su nivel más alto desde la primavera de 2022.
Dos ataques y dos estrechos bloqueados en menos de una semana
La ofensiva hutí se produjo en la madrugada del miércoles contra los buques Al-Diriyah y Yanbu Glory, ambos con bandera saudí, cuando transitaban el estrecho de Bab el-Mandeb. Según los primeros informes de inteligencia naval, los impactos se concentraron en la sala de máquinas y en las cubiertas de carga, lo que obligó a la marina saudí a remolcar las naves hacia el puerto de Yeda. Ninguna tripulación resultó herida de gravedad.
Por Bab el-Mandeb transitan cada día cerca de 6,2 millones de barriles de crudo y productos refinados con destino a Europa y Estados Unidos. Su cierre, aunque sea temporal, asfixia la ruta más corta entre el Golfo Pérsico y el Mediterráneo. A esta congestión se suma el recrudecimiento de las hostilidades en Ormuz, donde la tregua entre Irán y Estados Unidos saltó por los aires hace apenas tres semanas. Con dos chokepoints fuera de servicio, las primas de riesgo del transporte marítimo se han triplicado en siete días.
De la amenaza de exceso de oferta al pánico en el mercado
Hace menos de un mes, las mesas de análisis de los grandes bancos de inversión discutían sobre un posible exceso de oferta mundial de crudo para el tercer trimestre. La recuperación paulatina del tráfico en Ormuz tras el alto al fuego iraní, unida a la producción récord de la OPEP+, apuntalaba esa narrativa. Las previsiones de Goldman Sachs y JPMorgan situaban el Brent en una horquilla de 80-85 dólares para el verano, sin grandes sobresaltos.
El ataque hutí pulveriza en 48 horas el relato de un mercado petrolero abastecido y devuelve la prima geopolítica a niveles de 2022.
Los dos misiles que impactaron en los petroleros saudíes han bastado para darle la vuelta al tablero. En cuestión de horas, los algoritmos de trading pasaron de descontar superávit a incorporar un escenario de interrupción severa del suministro. Los futuros del Brent para entrega en septiembre acumulan una subida del 14% en lo que va de semana. El diferencial con el West Texas Intermediate se ha ampliado hasta los 8 dólares, señal inequívoca de que el riesgo está concentrado en la cuenca atlántica.

Arabia Saudí, que ya había incrementado su producción en 300.000 barriles diarios durante junio, se enfrenta ahora a la imposibilidad de sacar buena parte de ese crudo por la ruta del sur. Fuentes de Saudi Aramco, citadas por la agencia estatal SPA, confirmaron que la compañía está redirigiendo sus cargamentos hacia el este, a través del Índico, lo que añade entre 12 y 14 días de tránsito marítimo y dispara los costes de los fletes.
La factura energética de la inestabilidad en Oriente Medio
Superar los 100 dólares no es un hito simbólico: dispara el coste de la energía para las economías europeas y reproduce el cóctel inflacionario que obligó al Banco Central Europeo a endurecer su política monetaria en 2022-2023. Con el precio del gas TTF también al alza —superó los 45 €/MWh en la sesión del miércoles—, el recibo energético de la eurozona volverá a presionar los márgenes empresariales justo cuando la inflación subyacente daba síntomas de aplacarse.
Para España, el impacto llega en dos canales: el encarecimiento de los combustibles de automoción y el aumento de la factura eléctrica. El barril Brent a 100 dólares sitúa el precio del gasóleo de automoción en el entorno de 1,75 euros por litro, el nivel más alto desde el pico de la crisis energética. La gasolina sin plomo de 95 octanos rebasará con toda probabilidad los 1,82 euros en los surtidores peninsulares, según los modelos de seguimiento de la CNMC. Son cifras que el consumidor medio notará en el próximo repostaje y que alimentarán el debate político en pleno verano.
La situación recuerda, salvando las distancias, a la concatenación de crisis petroleras de 1973 y 1979. Entonces, los cierres de Ormuz —en un escenario geopolítico igualmente volátil— provocaron recesiones sincronizadas en Occidente. Hoy, con una inflación todavía frágil y unos tipos de interés que apenas han empezado a descender, el margen de maniobra de los bancos centrales es mucho más estrecho. La Reserva Federal se encuentra atrapada entre la obligación de contener las expectativas de inflación y el riesgo de provocar una parada brusca en la economía estadounidense.
Los analistas consultados por la Agencia Internacional de la Energía empiezan a introducir en sus modelos un escenario de recesión técnica en Europa para el primer semestre de 2027, condicionado a que los estrechos sigan bloqueados más de ocho semanas. La propia AIE ha advertido en un comunicado interno —filtrado a la prensa especializada— que la demanda mundial de crudo podría contraerse entre 1,2 y 1,5 millones de barriles diarios en ese escenario, lo suficiente para borrar el crecimiento previsto para el año próximo.
En el flanco de la oferta, la OPEP+ se reúne de urgencia el próximo lunes en Viena. Los ministros del cártel saben que cualquier movimiento a la baja de los precios sería ahora interpretado como una intervención política para aliviar a Occidente, lo que tensaría aún más las relaciones con Irán y con el eje Moscú-Riad. El statu quo de cuotas parece, por tanto, el desenlace más probable. Mientras tanto, el Brent se aferra a los 100 dólares como una señal de alarma que ningún Gobierno quería volver a escuchar.





