El mundo quemará este año una cifra récord de carbón: 8.940 millones de toneladas métricas. Lo he leído en el último informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), publicado el jueves, y es la noticia energética más incómoda del trimestre: la demanda sube mientras el consenso climático pide lo contrario desde hace años.
No se trata de una estimación marginal. La AIE proyecta un aumento del consumo del 1,2% frente al año anterior y deja el volumen total en su máximo histórico. El informe atribuye una parte relevante de este repunte a la guerra entre Estados Unidos e Israel e Irán y, sobre todo, a las interrupciones en el estrecho de Ormuz.
Una revisión al alza que rompe las proyecciones
El dato central tiene varias aristas. Lo desgloso en cifras:
- Consumo mundial: 8.940 millones de toneladas métricas en 2026, un máximo histórico.
- Europa, China, Japón y Corea del Sur: más carbón en la generación eléctrica ante la escasez de gas.
- Corea del Sur: alza prevista del 6% por los altos precios del gas natural.
- Vietnam e India: mayor demanda por El Niño, más aire acondicionado y menos producción hidroeléctrica.
- Estados Unidos: descenso del 7% este año, pese a la reactivación prometida por Donald Trump.
Hace cinco años, en Glasgow, casi todos los países acordaron reducir gradualmente el carbón. Desde entonces, sin embargo, la demanda ha seguido subiendo. Las renovables se instalan a ritmo acelerado, pero no alcanzan a cubrir el crecimiento total de la electricidad.
De Ormuz a las centrales: el canal que lo cambia todo
Antes del conflicto, aproximadamente una quinta parte del comercio mundial de gas natural licuado cruzaba el estrecho de Ormuz. Ahora los flujos están cortados y los precios del gas se mantienen muy por encima de los niveles previos. La salida más barata para muchos sistemas eléctricos ha sido quemar más carbón.
«Aunque prácticamente ningún cargamento de carbón pasa por el estrecho de Ormuz, las interrupciones asociadas con la guerra han afectado, no obstante, a los mercados del carbón al provocar un aumento en los precios del gas natural». — Agencia Internacional de la Energía, informe publicado el 10 de septiembre de 2026
La excepción más clara es Estados Unidos. La administración Trump ha ordenado mantener abiertas centrales de carbón obsoletas, pero el consumo estadounidense caerá alrededor del 7% este año. El gas natural barato y el avance de la solar y la eólica pesan más que la retórica política.
La paradoja de una transición que no llega a tiempo
Lo que me parece relevante no es solo la subida del carbón, sino la revisión constante de las proyecciones. La AIE esperaba un pico en 2030 y ha tenido que corregir repetidamente. Veo aquí una paradoja: la energía limpia avanza, pero la demanda eléctrica crece más deprisa, y el carbón ocupa el hueco que deja la geopolítica.
Sin embargo, el informe no cierra la puerta a una corrección. Si los flujos de gas natural licuado a través de Ormuz se recuperan y los precios vuelven a los niveles anteriores a la guerra, la demanda mundial de carbón podría disminuir en 2027. Si el estrecho permanece cerrado, subiría aún más. Esa condición expone la fragilidad de la seguridad energética global.
El carbón produce más gases de efecto invernadero que cualquier otra fuente de energía al combustionarse. Por eso el acuerdo de Glasgow de hace cinco años se centró en su reducción gradual. Lo que ha ocurrido desde entonces demuestra que los objetivos climáticos ceden cuando la seguridad de suministro entra en tensión.
A la guerra se suma un factor climático con su propio simbolismo. El Niño eleva el uso de refrigeración y reduce el agua embalsada en Vietnam e India. La mezcla de conflicto y clima recuerda que la transición energética no avanza sobre un tablero ordenado.
🌍 El impacto en España y Europa
El efecto para España llega por la vía del gas, no del carbón. Europa compite con Asia por el gas natural licuado y España, como puerta de entrada de GNL, nota con rapidez las tensiones de precios.
- Euríbor: si la inflación energética se mantiene, el BCE retrasará los recortes y las hipotecas variables seguirán presionadas.
- Precio de la electricidad: un gas más caro eleva el mercado mayorista peninsular y se traslada al consumidor industrial.
- Tejido empresarial: la industria electrointensiva y exportadora pierde margen frente a competidores con energía más barata.
- Política europea: Bruselas puede acelerar renovables, pero el carbón gana tiempo mientras llegan esas inversiones.
La próxima señal llegará de la reapertura real del estrecho de Ormuz y de la revisión de la propia AIE. Si el gas vuelve a fluir, el carbón podría aflojar. Si no, el récord de 2026 dejará de ser una anomalía.




