La tensión en Oriente Medio escala a un nuevo nivel. El ataque de Arabia Saudí contra objetivos en Yemen, denunciado como una «declaración de guerra abierta» por los hutíes, reabre la amenaza más temida por el comercio mundial: el cierre del estrecho de Bab-el-Mandeb. En su último analisis en Negocios TV, el profesor de OBS Business School Eduardo Irastorza dibujó un escenario de «otoño caliente» para Europa si las milicias proiraníes deciden bloquear este paso marítimo vital.
El Bab-el-Mandeb, la llave del comercio mundial
Con apenas 32 kilómetros de ancho en su punto más angosto, el estrecho que separa el mar Rojo del golfo de Adén es un cuello de botella por el que transita cerca del 12% del tráfico marítimo global. Cualquier interrupción obligaría a los buques a rodear el cabo de Buena Esperanza, añadiendo diez días de navegación y costes millonarios. Los hutíes, que desde noviembre de 2023 han atacado decenas de mercantes en represalia por la guerra de Gaza, ya demostraron que poseen misiles y drones capaces de alcanzar objetivos en el mar Rojo. Ahora, con la nueva ofensiva saudí, la amenaza de un cierre total se vuelve más real que nunca.
Irastorza: «Europa se enfrenta a un otoño caliente»
Para Irastorza, el bombardeo saudí no es un hecho aislado. “Este ataque supone un enorme riesgo de escalada, y no solo militar, sino económica para Occidente”, explicó en Negocios TV. Recordó que por el Canal de Suez —estrechamente vinculado al Bab-el-Mandeb— no solo pasa el 20% del petróleo mundial, sino la práctica totalidad del comercio entre Asia y Europa. Si el estrecho se bloquea, los fletes se dispararían y las pólizas de seguro marítimo se encarecerían de forma exponencial. “Nos encontraríamos con un otoño realmente caliente, complicado para las economías europeas”, sentenció.
Arabia Saudí entra en escena y aviva la llama de la guerra regional
La intervención de Riad añade una pieza más al volátil tablero de Oriente Próximo. Antonio Alonso Marcos, director del máster de análisis de inteligencia de la Universidad San Pablo, enmarcó el ataque en la lucha por la hegemonía mundial entre Estados Unidos y China. “No estamos hablando solo de Arabia Saudí y los hutíes; esto es una guerra de fractura más de las muchas que ya están en marcha”, apuntó. Alonso recordó que hace apenas año y medio China medió para sentar a saudíes e iraníes a dialogar, pero aquel frágil entendimiento ha naufragado. La entrada de Washington en el conflicto desde el pasado 28 de febrero, agregó, está forzando a sus aliados —Jordania, Catar, los países del Golfo— a elegir bando, lo que multiplica el riesgo de una conflagración generalizada.
De Ormuz a Suez: la guerra de los estrechos
El analista de seguridad y defensa Juan Belicof profundizó en la dimensión estratégica. Parafraseando a Graham, citó: “El viejo orden se está muriendo, el nuevo todavía no nació, y en el interín están asomando todos los monstruos”. Belicof relató la espiral de agresiones que llevó hasta aquí: la interceptación de tres tanqueros en el estrecho de Ormuz la semana pasada, la respuesta iraní con 85 ataques, la réplica estadounidense con 140 bombardeos durante el fin de semana —varios de ellos contra infraestructuras no militares— y la ambigüedad del memorando de desentendimiento entre Teherán y Washington que, según el experto, ha convertido Ormuz en un polvorín. Si a ese polvorín se suma el cierre del Bab-el-Mandeb, el suministro energético global quedaría asfixiado.
Europa, el eterno pagano
Irastorza fue contundente al señalar a los principales damnificados. “En esta ocasión, los que más preocupados debemos estar somos los europeos, porque realmente nos vamos a ser los paganos de toda esta historia”. Las sanciones, las rutas alternativas y la dependencia energética convierten al Viejo Continente en el eslabón más débil. Un encarecimiento del crudo y de los fletes marítimos golpearía de lleno a una economía ya renqueante, mientras que China —a pesar de sufrir también la disrupción— dispone de reservas de petróleo gigantescas acumuladas durante años y un margen de maniobra comercial que Europa no puede igualar.
“Si los hutíes cierran el estrecho, nos encontramos con un otoño realmente caliente y complicado para las economías europeas”.
— Eduardo Irastorza, profesor de OBS Business School
¿Hacia un nuevo orden mundial sin reglas?
Antonio Alonso sentenció que el multilateralismo de la ONU y la OSCE ha muerto. “Ese tiempo ya pasó. Ahora la única regla es la ley de la fuerza”, afirmó. En un mundo en el que las superpotencias se disputan cada rincón del planeta, los países medianos como España se ven forzados a elegir. El analista sugirió que el presidente Sánchez parece apostar por Pekín, una elección que, de confirmarse, podría acarrear consecuencias diplomáticas y económicas de gran calado. La fractura mundial, añadió, no se limitará a bases militares: el tránsito hacia un nuevo orden suele ser mucho más violento.
Mientras el mundo aguarda el pitido final del Mundial de Fútbol —fecha que varios expertos señalan como el verdadero detonante de la próxima escalada—, la región se adentra en un verano de máxima tensión. Con los arsenales estadounidenses mermados, Irán atado al tambor de la supervivencia hídrica y Arabia Saudí dispuesta a jugar su baza, el fantasma de un cierre de los estrechos ya no es un ejercicio de simulación. Es una posibilidad que, como los monstruos de la frase de Graham, acecha desde las profundidades de un orden mundial que agoniza.
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