Microsoft ha sacudido el mercado de las consolas al anunciar un incremento de hasta 150 dólares en todas sus Xbox a nivel mundial, una medida que entrará en vigor el próximo 1 de agosto de 2026. La firma de Redmond lo justifica por el encarecimiento sin precedentes de los componentes de memoria y almacenamiento, arrastrados por la voraz demanda de la inteligencia artificial en los centros de datos.
Claves de la operación
- Subida de 100 o 150 dólares según la capacidad. Los modelos de 512 GB se encarecen 100 dólares y los de 1 TB suben 150 dólares.
- Adiós a la edición de 2 TB. Microsoft retira del mercado la Xbox Series X Galaxy Black Special Edition de 2 TB de almacenamiento.
- Medidas paliativas para amortiguar el golpe. Financiación sin intereses hasta 12 meses, programas de recompra y consolas reacondicionadas certificadas con descuentos de hasta 100 dólares.
La memoria RAM, el nuevo cuello de botella para las consolas
Detrás de la subida se esconde un problema estructural que hace años que no se veía en la electrónica de consumo. La inteligencia artificial generativa y el entrenamiento de modelos masivos concentran el consumo mundial de chips de memoria. El fenómeno no es nuevo, pero la intensidad actual no tiene precedentes. Los centros de datos dedicados a la IA están absorbiendo una capacidad de producción que antes se destinaba a los componentes de consumo, y eso ha disparado los costes de la RAM y el almacenamiento hasta 2,5 veces más que antes de la explosión de ChatGPT.
Microsoft ya había ajustado precios en octubre de 2025 en Estados Unidos, con incrementos de entre 20 y 70 dólares. Ahora, el fabricante admite que «esperábamos que no fuera necesario» un segundo golpe, pero que la presión sobre los costes de los componentes hace inevitable trasladar parte de la factura al comprador final. La compañía apunta que, para otoño de 2027, el precio de la memoria podría duplicarse de nuevo.
Consultoras como TrendForce llevan meses alertando de que la demanda vinculada a la IA está absorbiendo la capacidad de producción de memoria. The Wall Street Journal ha calificado el despliegue de centros de datos como un nuevo motor de inflación sobre la electrónica de consumo. Y las consolas, que históricamente se venden con márgenes nulos o negativos, son las primeras en acusar el golpe.
El viejo modelo de subsidio cruzado se resquebraja
Durante décadas, la industria del videojuego funcionó con una premisa sencilla: vender la consola por debajo del coste de fabricación y recuperar la inversión con la venta de juegos y suscripciones. Ese modelo permitió precios estables durante largos ciclos. Pero ahora choca con una realidad en la que la memoria, el componente que más ha subido, es la misma que necesitan los centros de datos para entrenar modelos.
La mayoría de los expertos consultados tiene claro que el ajuste era inevitable. Si la IA dispara los costes de la cadena de suministro, los fabricantes no pueden seguir absorbiendo las pérdidas con cada unidad vendida. La decisión de Microsoft llega además después de que Sony subiera el precio de PS5 y de que Valve comunicara que el encarecimiento de la RAM lastró el precio de su Steam Machine. Es un patrón que se repite en toda la electrónica de consumo.
La memoria de los centros de datos está subvencionando el sobreprecio que pagan los jugadores.
Para amortiguar el impacto, Microsoft despliega opciones de pago aplazado, financiación sin intereses en colaboración con Amazon y más disponibilidad de consolas reacondicionadas certificadas con descuentos de hasta 100 dólares sobre el precio recomendado. Sin embargo, estas alternativas dependen de la región y están sujetas a condiciones, lo que diluye su alcance real.
Xbox en España: lecciones del pasado y riesgos a futuro
El mercado español siempre ha sido especialmente sensible al precio. Xbox desembarcó en nuestro país en 2002, en plena batalla con PlayStation 2, y logró una cuota modesta basada en catálogo y precio competitivo. Hoy, según los últimos datos de GfK, PlayStation domina con cerca del 70% de las consolas de sobremesa vendidas en España. El incremento que se avecina puede agrandar esa brecha.
La subida de 100 euros que cabe esperar —tomando como referencia el ajuste en dólares— situaría la Xbox Series S más básica en torno a los 449 euros y la Series X cerca de los 699 euros en nuestro país. En un mercado donde el consumidor medio compara cada euro, esa diferencia puede empujar a muchos indecisos hacia las propuestas de Sony o, cada vez más, hacia el ecosistema del PC.
En esta redacción consideramos que Microsoft está priorizando la rentabilidad de su división de hardware, un movimiento lógico tras la absorción de Activision Blizzard y la consolidación del ecosistema Game Pass. Sin embargo, el riesgo es tangible: si los usuarios empiezan a percibir la consola como un bien prohibitivo, la puerta al juego en la nube y a otros dispositivos se abre de par en par. Y en ese escenario, Xbox compite con gigantes como Amazon y Nvidia, no solo con Sony.
El verdadero test llegará en la campaña navideña de 2026. Si las ventas resisten, Microsoft habrá demostrado que la fidelidad de los jugadores soporta un modelo de precios más realista. Si no, la vieja regla del subsidio cruzado habrá muerto antes de lo que nadie deseaba.




