PP, Vox y Junts tumban el decreto de Renfe para comprar trenes con más deuda

La compañía ferroviaria pierde así la autorización para concertar créditos por 671 millones destinados a nueva flota. El voto en contra de PP, Vox y Junts deja en suspenso el plan de compra de trenes y abre un nuevo frente en la batalla política por los presupuestos.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? El Congreso rechazó el decreto ley que autorizaba a Renfe a concertar hasta 671 millones de euros en crédito extraordinario para la compra de trenes. PP, Vox y Junts votaron en contra.
  • ¿Quién está detrás? El Ministerio de Transportes impulsó el decreto, pero la oposición y Junts lo tumbaron. La votación terminó 176 votos en contra frente a 173 a favor.
  • ¿Qué impacto tiene? Renfe se queda sin la autorización de endeudamiento necesaria para renovar flota, lo que podría retrasar la incorporación de nuevas unidades y mermar su competitividad frente a Iryo y Ouigo.

El Congreso de los Diputados rechazó ayer el decreto ley que autorizaba a Renfe a concertar operaciones de crédito extraordinarias por hasta 671 millones de euros para la compra de trenes. La votación, con 176 votos en contra, deja en el aire las inversiones ferroviarias previstas por la compañía pública.

El voto que bloquea la capacidad de endeudamiento de Renfe

El decreto, aprobado previamente en el Consejo de Ministros, permitía a Renfe —junto a Puertos del Estado, Icex y Salvamento Marítimo— superar sus límites de endeudamiento ordinario ante la imposibilidad de actualizarlos por la prórroga de los Presupuestos Generales del Estado desde 2023. El rechazo parlamentario impide a la operadora ferroviaria disponer de los 671 millones que destinaba a adquirir material rodante durante este año.

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El resultado de la votación reflejó una frágil mayoría en contra: 173 diputados a favor (incluidos el PSOE, Sumar, PNV, Coalición Canaria y UPN) no fueron suficientes frente al bloque de PP, Vox y Junts, que sumaron 176 votos. La medida contaba con el respaldo del Gobierno, pero la aritmética parlamentaria le dio la espalda.

La importancia del decreto radica en que Renfe necesita renovar flota para competir en un mercado de alta velocidad cada vez más disputado. La entrada de Iryo y Ouigo ha elevado la oferta de plazas, y la falta de trenes modernos o de repuestos para los existentes podría traducirse en menos frecuencias y pérdida de cuota. La compañía pública ya había vinculado parte de su plan estratégico a esta línea de crédito.

Reacciones y la exigencia de Junts de apartar a Sánchez

El debate parlamentario dejó también un fuerte choque político. El diputado de Junts, Josep Maria Cruset, condicionó cualquier apoyo al Gobierno a que el presidente Pedro Sánchez «se tiene que apartar». Su formación ha endurecido el discurso y utilizó el decreto de Renfe como palanca para presionar al Ejecutivo.

Desde el PP y Vox, las críticas se centraron en el instrumento legislativo escogido. Pilar Alía Aguado (PP) tachó la fórmula de «mala gestión» por no incluir las autorizaciones en unos presupuestos nuevos. Por su parte, Pablo Sáez (Vox) definió el decreto como «una verdadera tomadura de pelo», especialmente la compra de una sede para Icex. El ministro de Transportes, Óscar Puente, respondió recordando que los votos no repercuten solo en el Gobierno, sino en «los ciudadanos y ante su conciencia».

En la misma sesión, el Congreso sí convalidó el programa Verano Joven 2026, dotado con 130 millones de euros para descuentos de hasta el 90% en viajes de autobús y tren para jóvenes nacidos entre 1996 y 2008, válido del 1 de julio al 30 de septiembre. Solo Vox votó en contra; PP y Junts se abstuvieron. Un contraste que evidencia la complejidad del tablero parlamentario.

El bloqueo del decreto coloca a Renfe en un escenario de incertidumbre financiera justo cuando la operadora pública necesita acelerar la compra de nuevos trenes para no ceder más cuota de mercado a Iryo y Ouigo.

Hoja de Ruta: Claves del Viaje

El impacto más inmediato recae sobre la capacidad operativa de Renfe. Sin la autorización de crédito, la empresa deberá revisar su programa de adquisiciones, lo que puede retrasar la renovación de flota en corredores de alta densidad como el Madrid‑Barcelona. La compra de trenes no es un capricho: en el actual entorno competitivo, disponer de unidades modernas es determinante para mantener frecuencias y atraer viajeros con tarifas ajustadas.

La zona cero es el propio grupo Renfe y, por extensión, los fabricantes de material rodante que esperaban adjudicaciones. Empresas como CAF, Alstom o Talgo tenían puestos los ojos en este plan de inversión, que ahora queda paralizado. El sector ferroviario español ve cómo la inestabilidad presupuestaria frena un flujo de contratos que genera miles de empleos.

El dato que resume todo es el margen de 671 millones de euros, una partida que quedaba bloqueada si el decreto no prosperaba. La votación con 176 ‘noes’ deja a Renfe en una posición similar a la de 2024, cuando ya tuvo que retrasar algunos pedidos por falta de crédito. La lectura estratégica apunta a que el uso del decreto ley para sortear la prórroga presupuestaria se agota políticamente.

La lectura a 5‑10 años sugiere que, si la parálisis se prolonga, el diferencial de flota entre el operador público y sus rivales privados podría ampliarse. Iryo y Ouigo avanzan con planes de inversión financiados por sus matrices (Trenitalia y SNCF), mientras Renfe depende del Estado. El episodio también deja ver que Junts está dispuesto a tumbar medidas económicas para forzar un cambio de liderazgo en Moncloa, una estrategia con consecuencias imprevisibles para la legislatura.

El riesgo inmediato es que Renfe tenga que desistir de algunas licitaciones ya preparadas. Fuentes del sector consultadas por MERCA2.ES indican que la compañía barajaba este año la compra de al menos diez trenes de alta velocidad y una veintena de unidades de media distancia. Sin la inyección de crédito, los plazos se dilatan y la ventana de oportunidad para contratar con proveedores se estrecha. El próximo paso, probablemente, será negociar con Hacienda una partida alternativa dentro de un eventual presupuesto de 2027 o, en su defecto, buscar fórmulas de financiación extrapresupuestaria que puedan esquivar un nuevo veto parlamentario.


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