La economía española ha pisado el freno en el arranque de 2026. El PIB creció un 0,6% entre enero y marzo, dos décimas menos que en el trimestre anterior, según los datos de Contabilidad Nacional publicados este jueves por el Instituto Nacional de Estadística. La demanda nacional aportó cinco décimas al crecimiento, mientras que el sector exterior contribuyó con una décima, confirmando que la fuerza del consumo interno sigue sosteniendo la actividad.
El dato, que coincide con el avance ofrecido a finales de abril, deja 23 trimestres consecutivos de avances. Sin embargo, la composición del crecimiento revela matices que el mercado no debería ignorar. El consumo de los hogares moderó su ritmo tres décimas, hasta el 0,6% trimestral, al tiempo que la inversión se desinfló 1,7 puntos para anotar un exiguo 0,4%, su peor registro desde el verano de 2024.
La demanda interna tira del carro, pero la inversión pisa el freno
El consumo privado, motor de esta larga expansión, se mantuvo gracias a un mercado laboral robusto: el empleo creció un 0,8% trimestral y un 2,8% interanual. No obstante, el coste de la guerra en Irán —que irrumpió en los mercados energéticos en febrero— ha empezado a notarse. Los hogares se enfrentan a precios más altos, lo que ha llevado al Gobierno a activar medidas de amortiguación el pasado 20 de marzo.
El gasto público, por su parte, aceleró tres décimas hasta el 0,5%, y el de las instituciones sin fines de lucro se disparó un 2,0%. Pero la gran nota agria es la formación bruta de capital fijo. La inversión empresarial creció apenas un 0,4%, lastrada por el estancamiento de la construcción (0,0%) y un avance testimonial de los bienes de equipo.
El contraste sectorial es palpable: mientras la agricultura rebotó un 3,3% y los servicios un 0,8%, la industria sumó solo un 0,3% y la construcción se quedó a cero. De hecho, si analizamos la demanda externa, las exportaciones cayeron un 0,6% trimestral, la primera contracción desde hace más de un año, y las importaciones retrocedieron un 1,0%, su mayor caída desde el tercer trimestre de 2023. Esto sugiere que la economía mundial también enfría, y España no está inmune.
El consumo interno aguanta, pero la inversión y el sector exterior lanzan señales de fatiga que el segundo trimestre deberá confirmar o desmentir.
Empleo récord y salarios al alza en un sector exterior renqueante
A pesar de la pérdida de tracción, el mercado laboral mantiene un tono excepcional. Los puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo subieron un 2,8% interanual, la misma tasa que el trimestre previo. Las horas efectivamente trabajadas, sin embargo, bajaron un 0,3% trimestral, lo que refleja una cierta ralentización en la intensidad del empleo. La productividad por hora trabajada repuntó un 1,0% en el trimestre, el mejor dato desde principios de 2025, un factor que el Ministerio de Economía ha calificado como “un ciclo insólito”.
En el lado de los ingresos, la remuneración de los asalariados subió un 7,2% interanual, acumulando 20 trimestres consecutivos de alzas. Y el excedente empresarial bruto avanzó un 4,8%, su mayor incremento en año y medio. Las empresas siguen generando márgenes, aunque a costa de una inversión anémica.
El sector exterior apenas aportó una décima al PIB trimestral. Las exportaciones de bienes y servicios cayeron un 0,6%, una señal preocupante si se tiene en cuenta que los principales socios comerciales —Alemania y Francia— tampoco muestran vigor. Las importaciones, al contraerse un 1%, compensaron parcialmente el efecto sobre la balanza, pero pintan un panorama de demanda global débil.

Análisis Merca2: ¿resfriado pasajero o síntoma de agotamiento del ciclo?
El dato del 0,6% no enciende alarmas, pero obliga a levantar la mirada. La economía española se ha acostumbrado a crecer por encima del 0,8% trimestral desde finales de 2024, y esta es la primera vez que se desliza por debajo de esa cota. La pregunta es si estamos ante un bache provocado por el shock energético de Irán o ante el principio de un agotamiento más estructural del ciclo expansivo.
Por un lado, hay argumentos para el optimismo. El empleo sigue batiendo récords y la productividad da señales de vida después de años plana. La demanda interna —el verdadero motor desde la pandemia— apenas ha cedido dos décimas, y el consumo público empuja cuando el privado flaquea. Además, la caída de las importaciones en un contexto de consumo robusto podría leerse como una sustitución de demanda externa por producción nacional, lo que sería positivo para la balanza.
Por otro lado, la inversión productiva lleva dos trimestres perdiendo fuelle, y la construcción se ha parado en seco. En un país que quiere reindustrializarse, ver la formación bruta de capital al 0,4% trimestral es inquietante. También preocupa la debilidad exportadora: si la recuperación de la eurozona sigue retrasándose, el sector exterior restará cada vez más al PIB, justo cuando el consumo privado podría resentirse por unos precios energéticos persistentemente altos.
En mi lectura, la clave está en cómo se comporte el segundo trimestre. La guerra en Irán cumple ya varios meses y su impacto sobre el IPC y la confianza empresarial está aún por cuantificarse por completo. Un dato de inversión inferior al 0,2% en el Q2 confirmaría que la desaceleración no es solo estadística. Mientras tanto, la prima de riesgo española se mantiene alrededor de los 70 puntos básicos, sin reaccionar al dato, lo que sugiere que el mercado de deuda no ve un riesgo de deterioro fiscal inminente. Veremos si el turismo —que aporta hasta un 12% del PIB— compensa en los meses de verano la debilidad industrial. Esa será la verdadera prueba de fuego para 2026.
Veredicto Merca2
Cotización al cierre o apertura: El IBEX 35 apenas reaccionó al dato de PIB, con una variación plana en la sesión del jueves. Los valores más vinculados al ciclo doméstico, como las constructoras y los bancos, mantuvieron posiciones sin grandes sobresaltos.
Clave técnica: La debilidad de la inversión en el primer trimestre puede ser una señal de agotamiento cíclico, pero aún no ha perforado soportes: la media móvil de 200 sesiones del índice de producción industrial europeo no se ha roto. Si el PMI manufacturero de mayo muestra una nueva contracción, se activaría una señal de venta para los fondos más expuestos a cíclicas españolas.
Apunte macro: La prima de riesgo española se mantenía alrededor de 70 puntos básicos tras conocerse el dato, sin cambios significativos. La deuda soberana sigue beneficiándose del entorno de bajadas de tipos del BCE y del colchón de crecimiento que, pese a la moderación, dobla la media de la eurozona.





