El Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Oficina Nacional de Estadística de China sellaron ayer, 24 de junio, un Memorando de Entendimiento que marcará un antes y un después en la medición de la segunda economía del mundo. He analizado el comunicado oficial y lo que subyace es una decisión con implicaciones geopolíticas inmediatas: Pekín acepta alinear sus cifras con el renovado Sistema de Cuentas Nacionales de Naciones Unidas (SNA 2025) —la primera gran revisión del marco en 17 años— para incorporar al PIB activos intangibles como la inteligencia artificial, la computación en la nube o el big data.
📊 El SNA 2025: la economía digital entra en el cálculo del PIB
La actualización del estándar estadístico global acordada en 2025 y que ahora China se compromete a implementar es la mayor desde la crisis financiera de 2008. Por primera vez, los manuales de Naciones Unidas reconocen de forma explícita el valor económico de activos que no se tocan: plataformas de intermediación digital, los datos como asset productivo o los algoritmos de IA. En mi lectura de este salto metodológico, Pekín está dando un paso voluntario hacia una transparencia que sus rivales llevaban años reclamando.
El nuevo SNA permitirá desagregar con mucha más precisión el peso real del sector digital en el crecimiento chino, que hoy sigue opaco para los analistas internacionales. Hasta ahora, las estimaciones oscilaban entre un 10% y un 40% del PIB, una horquilla que hacía casi imposible negociar en igualdad de condiciones. China es líder global en comercio electrónico y patentes de inteligencia artificial, pero sin una estadística homologable, cada informe macroeconómico se convertía en un campo de batalla interpretativo entre Washington y Pekín.
💬 Las claves del memorando de colaboración
Según el comunicado del FMI, el memorando define un marco de cooperación para implementar el SNA 2025 en China, con un foco especial en la economía digital, las plataformas de intermediación y los datos como activo. No se trata de un simple intercambio de cartas, sino de un programa de trabajo conjunto.
«El Memorando proporciona un marco de colaboración para implementar el SNA 2025, incluyendo el trabajo sobre la medición de la economía digital, la inteligencia artificial, la computación en la nube, las plataformas de intermediación digital y los datos como activo». — Fondo Monetario Internacional, nota de prensa, 24 de junio de 2026
El acuerdo también contempla visitas de alto nivel, consultas técnicas, talleres conjuntos y análisis coordinados, lo que me sugiere que el FMI aspira a establecer un canal directo y periódico con los estadísticos chinos para validar las cifras antes de que se publiquen. La última vez que se revisó de raíz el SNA, en 2008, China apenas estaba despegando como potencia digital; ahora el contexto es radicalmente distinto.
🏛️ La guerra de los datos que trasciende la estadística
Detrás de este ejercicio de transparencia que Pekín parece dispuesto a aceptar hay un tablero geoeconómico caliente. Estados Unidos y la Unión Europea llevan años señalando que las cifras oficiales chinas infravaloran el superávit comercial digital y, por tanto, disfrazan ventajas competitivas. Con el nuevo estándar, esa asimetría podría empezar a corregirse, pero también ofrece a China una plataforma para defender sus intereses con números homologados.
Lo que veo en este movimiento es un doble filo: por un lado, la comunidad internacional gana una herramienta para medir el crecimiento real del gigante asiático y calibrar mejor los riesgos de sobrecapacidad en sectores tecnológicos. Por otro, Pekín se blinda frente a acusaciones de manipulación contable y se sitúa en el centro del debate estadístico global. La batalla ya no es solo por los chips o los aranceles: la próxima trinchera comercial se juega en las hojas de cálculo del PIB.
El propio FMI admite que la cooperación «promoverá la calidad, la transparencia y la comparabilidad de las estadísticas oficiales». Sin embargo, el éxito dependerá de que Pekín comparta datos en tiempo y forma y acepte auditorías metodológicas. Dado el contexto de tensiones con Washington —que en las últimas semanas ha vuelto a amenazar con elevar los aranceles a los vehículos eléctricos chinos—, el margen para la falta de compromiso es estrecho.
🌍 El impacto en España y Europa
La adopción del SNA 2025 en China puede parecer un tecnicismo distante, pero afecta directamente al tejido exportador español y a la toma de decisiones en Bruselas. Una medición más fiable del sector digital chino ofrecerá al BCE y a la Comisión Europea datos más sólidos para evaluar el impacto de la competencia asiática en la inflación de servicios tecnológicos y en el déficit comercial bilateral. Para empresas españolas del IBEX 35 con intereses en Asia —desde la industria de componentes de automoción hasta las firmas de moda que dependen del comercio electrónico transfronterizo—, una mayor claridad estadística se traduce en menos incertidumbre a la hora de planificar inversiones o defenderse de prácticas de dumping digital. A corto plazo, lo que ocurra con la implementación de este acuerdo influirá en la negociación de nuevos aranceles digitales y en la protección de la propiedad intelectual que la UE quiere blindar antes de que termine 2026.




