47.200 euros de multa al alquiler turístico en Mallorca por un piso de 6 plazas con 13 personas

La sanción del Govern balear por infracción de vivienda turística refleja el endurecimiento de los controles sobre la sobreocupación. La rentabilidad de alquilar por habitaciones triplica el ingreso del alquiler tradicional, pero dispara el riesgo de sanciones de hasta 45.000 eur

El propietario de un piso en el barrio palmesano de Son Dameto se enfrenta a una multa de 47.200 euros por alquilar su vivienda turística con capacidad para seis personas a nada menos que trece ocupantes, según la propuesta de sanción de la Conselleria de Vivienda del Govern balear. La operación, detectada gracias a la colaboración vecinal, expone cómo el ansia de rentabilidad dispara las irregularidades en el alquiler vacacional de las islas.

Así funcionaba el ‘piso patera’ de Son Dameto

El inmueble en cuestión contaba con tres dormitorios dobles —capacidad máxima legal de seis personas— pero su propietario había transformado radicalmente la distribución. El salón comedor se dividió en cuatro habitaciones individuales y, aprovechando los anexos de la cocina, creó otros tres cuartos adicionales. El garaje, por su parte, se convirtió en el cuarto de estar. El resultado: al menos trece personas hacinadas en un espacio diseñado para la mitad.

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La inspección reveló que solo estaban registrados cinco contratos de alquiler, que generaban unos ingresos declarados de 2.200 euros al mes. Del resto de las estancias no existía documentación alguna. La propuesta de sanción suma 45.000 euros por la consideración de ‘infravivienda’ por sobreocupación, más otros 2.200 euros por no haber depositado las fianzas de los alquileres.

No es un caso aislado. Hace apenas semanas, la misma conselleria impuso otra multa de 45.000 euros a un propietario que alojaba a nueve inquilinos en un piso con capacidad para seis, tras habilitar la sala de estar como dormitorio. La administración autonómica advierte de que convertir zonas comunes en habitaciones de alquiler es ilegal y que las sanciones serán crecientes.

La rentabilidad desbocada del alquiler por habitaciones

El trasvase de inmuebles del alquiler tradicional al alquiler por habitaciones se ha acelerado en Baleares, especialmente en barrios más degradados de Palma. La asociación de consumidores Consubal y el Colegio Oficial de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria de Baleares vienen alertando desde hace meses sobre esta tendencia. El presidente de Consubal, Alfonso Rodríguez, explica que ‘un piso que en alquiler tradicional daría menos de 1.000 euros al mes, por habitaciones supera fácilmente los 2.000’.

La razón es doble: mayor rentabilidad y menor rigidez, ya que el alquiler de habitaciones escapa en muchos casos a las limitaciones de la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU). Pero el caso de Son Dameto muestra que el riesgo legal es muy alto. Con un ingreso mensual de 2.200 euros, la multa equivale a casi dos años de renta. Matemáticamente, un mal negocio si te pillan.

Alquilar habitaciones puede duplicar los ingresos, pero con el riesgo de perderlo todo — y más — en una sola inspección.

Las inspecciones se han intensificado. Según datos del Govern, en los seis primeros meses de 2026 se realizaron 37 controles relacionados con infraviviendas y sobreocupaciones. La colaboración ciudadana, a través de la web habilitada, está siendo clave para detectar estos ‘pisos patera’. Rodríguez subraya que los inmigrantes son a menudo los principales afectados, atrapados en condiciones de hacinamiento que pasan desapercibidas hasta que estallan las denuncias vecinales.

El filo de la navaja regulatoria en Baleares

El Govern de Marga Prohens endureció hace meses los controles sobre el alquiler turístico y residencial, un movimiento que en buena medida responde a la presión social por la escalada de los precios de la vivienda y la saturación turística. Las multas de 45.000 euros por sobreocupación son disuasorias, pero la tentación de maximizar la rentabilidad persiste mientras el diferencial de ingresos sea tan abultado.

Yo creo que el caso de Son Dameto es el síntoma de un problema más profundo: la falta de vivienda asequible convierte el alquiler de habitaciones en una opción —casi inevitable— para muchos inquilinos con rentas bajas, y para los propietarios, en un chollo difícil de resistir. Las sanciones son necesarias, pero también lo es una política de vivienda que reduzca ese diferencial de rentabilidad por la vía de los incentivos, no solo del castigo.

La Conselleria de Vivienda ha anunciado que mantendrá la presión inspectora. Alfonso Rodríguez insiste en que el alquiler de habitaciones seguirá creciendo mientras no se ofrezcan alternativas habitacionales dignas y asequibles. La pregunta que flota en el sector inmobiliario balear es si estas multas ejemplares bastarán para atajar un fenómeno que, en realidad, es el reverso de un mercado residencial profundamente tensionado.


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