Los drones rusos y los incendios agravan la crisis del cereal en Ucrania: 5.000 hectáreas quemadas y el trigo europeo, en alerta

La destrucción de 5.000 hectáreas de cosecha por drones rusos y el abandono de otro 20% de la superficie cultivable amenazan las exportaciones ucranianas de cereal, del que España es uno de los principales compradores europeos, y elevan la presión sobre los precios del trigo y la

Rusia ha intensificado este verano su guerra contra la agricultura ucraniana con una táctica que va más allá del frente de batalla: drones kamikaze que siembran el fuego en los campos de cereal. Y los datos que he analizado esta misma semana dibujan un escenario que ya está activando las alarmas en los mercados europeos de trigo y maíz. Más de 5.000 hectáreas de cosecha han ardido solo en la región de Jersón, un golpe directo al corazón de un país que, incluso mutilado por la ocupación rusa del 20% de sus tierras cultivables, sigue siendo uno de los tres principales proveedores de cereales de España.

El asalto silencioso a la despensa ucraniana

Los números que manejan las asociaciones agrarias locales no dejan margen a la duda. Viktor Hordienko, presidente de la agrupación de agricultores de la zona, ha detallado que los drones -algunos kamikaze, otros con explosivos- ya han destruido más de 5.000 hectáreas de cultivos en lo que él mismo denomina «terror contra el pan ucraniano». La cosecha, que arranca en julio, se recoge ahora bajo la amenaza constante de aparatos que sobrevuelan el Dniéper y se adentran hasta 30 kilómetros en zona controlada por Kiev. Los incendios, avivados por un clima seco y caluroso, se propagan a una velocidad que los bomberos ya no pueden contener.

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Para hacerse una idea de la magnitud, la pasada campaña Ucrania exportó 41,1 millones de toneladas de grano, lejos de los 46,7 millones del ejercicio anterior y de los 57,5 millones de la temporada 2022-2023. Cada tractor calcinado y cada campo abandonado a causa de los drones rusos restan capacidad a un flujo exportador que el mundo -y Europa en particular- necesita más que nunca.

«Los orcos están quemando la maquinaria y los campos por los que mi padre dio la vida. Resistiremos. Ellos nunca romperán a nuestro pueblo y rendirán cuentas por cada uno de sus crímenes». — Viktor Hordienko, presidente de la asociación regional de agricultores de Jersón, 10 de agosto de 2026

Análisis: la batalla del cereal y sus ondas sísmicas en Europa

Lo que me preocupa de esta situación no es solo el drama humano que relatan los agricultores, sino la progresiva erosión de la capacidad exportadora ucraniana en un momento en que los precios de los alimentos siguen siendo un vector inflacionista sensible para la eurozona. Cada año que la producción cae -y la tendencia es inequívoca: 41,1 millones de toneladas frente a los 57,5 de hace tres campañas- supone menos grano disponible para los puertos del Mar Negro y, por tanto, más presión sobre los futuros del trigo y del maíz en Euronext.

La lógica de los mercados de materias primas es fría. Si el corredor marítimo ucraniano, que sigue funcionando a pesar de los ataques, sufre un nuevo estrangulamiento -como el reciente bombardeo del terminal de aceite de girasol en Odesa-, el spread entre el cereal comunitario y el de otras procedencias se ampliará. Y eso, en una economía europea que apenas respira tras dos años de ajuste monetario, es un riesgo inflacionista adicional que el BCE no puede ignorar.

El factor humano, sin embargo, es el que hace más impredecible el desenlace. Hordienko y otros agricultores han perdido ya a sus trabajadores más experimentados -los que sabían manejar una cosechadora, explican, son también excelentes conductores de tanques- y se ven obligados a operar con un 30% menos de personal, con detectores de drones y cortafuegos artesanales para proteger las parcelas. La pregunta que me hago es cuánto tiempo más puede aguantar una infraestructura agrícola sometida a un goteo de bajas y destrucción antes de que el colapso sea estructural. Y si eso ocurre, los mercados de cereales tendrán que buscar alternativas en un contexto en el que la producción mundial ya lidia con otros focos de tensión climática.

🌍 El impacto en España y Europa

España mira directamente a Ucrania cuando habla de cereales. Según los datos de la última Comisión Europea, el país es el cuarto destino de las exportaciones ucranianas de trigo y el tercero en maíz. Cualquier interrupción en ese suministro se traduce en precios más altos para la industria harinera y los fabricantes de pienso, con un impacto en los lineales que empezaríamos a notar en semanas, no en meses. En paralelo, esta presión alcista sobre el cereal es un ingrediente que el BCE no ha eliminado de su receta de lucha contra la inflación y que mantiene al Euribor en una senda de tipos elevados que seguirá castigando a las hipotecas variables españolas mientras las exportaciones ucranianas no recuperen un ritmo de normalidad que, hoy por hoy, no se vislumbra.


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