El pasado martes 16 de junio, la consejera de Sostenibilidad y Medio Ambiente en funciones, Catalina García, acudió al Espacio Natural de Doñana para asistir al anillamiento de un ejemplar de águila imperial ibérica. No era un acto protocolario más. El gesto simboliza el arranque de un proyecto de conservación que la Junta de Andalucía y la Fundación Endesa sellaron en enero con una inversión de 400.800 euros para los próximos cuatro años. La meta: salvar de la extinción al águila imperial (Aquila adalberti) y al milano real (Milvus milvus), dos rapaces que tienen en Doñana uno de sus últimos refugios.
La visita comenzó en el centro administrativo de El Acebuche y culminó junto al jaulón de ‘hacking’, una estructura de 120 metros cuadrados donde se alimenta a los pollos sin contacto humano para que se adapten al medio natural. Una vez que alcanzan el desarrollo óptimo, la jaula se abre voluntariamente y se mantiene el suministro de comida durante las primeras semanas de dispersión. La consejera no escatimó elogios hacia la Fundación Endesa, subrayando que la implicación privada es “fundamental para ampliar el impacto de las políticas públicas de conservación”.
Los números delatan que no es solo discurso. Desde que arrancó la colaboración, se han acondicionado 16 nidos de águila imperial y 16 de milano real. Gracias a ello, ya vuelan sobre Doñana 15 pollos de águila y 13 de milano real equipados con emisores GPS que permiten monitorizar sus movimientos día a día. Además, se mantienen media docena de cercados de alimentación suplementaria que garantizan recursos en las fases más críticas. “Todo esto contribuye a que estas aves no mueran por falta de alimento en sus primeros vuelos”, explicó Catalina García.
El convenio pretende que en los próximos años puedan volar entre 35 y 40 pollos de águila imperial ibérica y 40 pollos de milano real, un salto cuantitativo que los técnicos consideran viable si se mantienen las actuales condiciones de seguridad. La inversión total de la Fundación Endesa —400.800 euros— se destinará íntegramente a acciones dentro del Espacio Natural de Doñana: desde el seguimiento veterinario hasta las plataformas de nidificación y los sistemas de monitoreo satelital.
El jaulón de ‘hacking’, o crianza campestre, es una técnica de reintroducción que ya ha dado buenos resultados en otros puntos de Europa. Consiste en alojar a los pollos en un entorno natural protegido, lo que reduce el riesgo de depredación y aumenta la supervivencia tras la liberación. En Doñana, la estructura permitirá fortalecer el núcleo reproductor, especialmente importante porque ambas especies están catalogadas como “en peligro de extinción” en Andalucía.
El águila imperial ibérica es endémica de la península y estuvo al borde de la desaparición. Gracias a planes de recuperación iniciados en 2001, su población andaluza se ha multiplicado hasta alcanzar las 176 parejas en 2025, según los datos de la Junta. Medidas como la corrección de tendidos eléctricos peligrosos y la lucha contra el veneno han sido claves. Para el milano real, la situación es más delicada: su población reproductora en Andalucía se concentra mayoritariamente en Doñana, por lo que cualquier acción en este espacio tiene un impacto directo en la supervivencia de la especie.
Quince pollos de águila imperial vuelan ya con GPS sobre Doñana, el mayor número alcanzado gracias a un programa de cría campestre financiado por la Fundación Endesa.
La revolución silenciosa de las rapaces en Doñana: del borde de la extinción al vuelo de 176 parejas
Los datos no engañan. En 2001, el águila imperial apenas contaba con medio centenar de parejas en toda Andalucía. El Plan de Recuperación aprobado en 2011 cambió el rumbo: hoy se superan las 176, y la especie ha recolonizado territorios de Cádiz, Granada, la Subbética y la Campiña sevillana. “La mejora de la situación del águila imperial es resultado directo de las acciones definidas en el Plan, como la corrección de tendidos y el marcaje de pollos con emisores satelitales”, reconoció Catalina García. En el caso del milano real, el convenio con Endesa incluye una estrategia específica de alimentación suplementaria y nidificación para revertir el declive.
Fundación Endesa y biodiversidad: ¿gesto cosmético o compromiso real?
Para muchos, una eléctrica que invierte 400.800 euros en salvar aves es una gota en el océano de sus cuentas. Endesa facturó más de 21.000 millones en 2025. Sin embargo, este tipo de proyectos no nacen de la nada: responden a una presión creciente por parte de reguladores, inversores y consumidores que exigen a las utilities un papel activo en la lucha contra la pérdida de biodiversidad. Desde esta redacción siempre hemos defendido que la transición energética no puede limitarse a sustituir combustibles fósiles: debe abarcar también la restauración de ecosistemas que, como Doñana, llevan décadas bajo estrés hídrico y contaminación.
El dinero de la Fundación Endesa cubre gastos concretos —alimentación, GPS, veterinarios, jaulones— y no se mezcla con partidas de marketing. Eso sí, la compañía gana en reputación y refuerza su licencia social para operar en un entorno tan sensible. La consejera en funciones lo resumió con una frase contundente: “Proteger estas especies en Doñana es proteger la identidad ambiental de Andalucía”. Yo añadiría que también es un buen seguro de imagen para una compañía que, como todas las energéticas, necesita demostrar que su negocio no es incompatible con la vida salvaje.
Ahora bien, la verdadera prueba de fuego llegará en los próximos cuatro años. Si se alcanzan los 40 pollos de águila y los 40 de milano, este convenio podrá exhibirse como un caso de éxito replicable. Si no, quedará como una anécdota más en la larga lista de mecenazgos corporativos. Las rapaces, mientras tanto, seguirán volando sobre Doñana, ajenas a los balances y a las cuentas de resultados.




