Crisis de memorias smartphones 2026: Nothing cancela el CMF Phone 3 Pro por precio récord

El CEO Carl Pei advierte que la memoria ya cuesta más que el procesador y la pantalla y supone más del 50% del coste total del hardware. Los fabricantes aplazan lanzamientos y los consumidores se enfrentan a un mercado con menos opciones baratas.

La crisis de las memorias vacía de lanzamientos el segmento asequible en 2026 y obliga a los fabricantes a redibujar sus hojas de ruta. Nothing ha cancelado el CMF Phone 3 Pro, el sucesor natural de su gama económica, porque los chips de RAM y almacenamiento se han disparado hasta representar más de la mitad del coste de producción de cualquier smartphone. La decisión deja sin nuevo modelo a la marca este año y confirma una tendencia preocupante: los móviles por debajo de los 300 euros están en peligro de extinción.

Claves de la operación

  • Nothing suspende el lanzamiento del CMF Phone 3 Pro. Akis Evangelidis, cofundador de la firma, comunicó en redes sociales que los precios de los chips de memoria hacen inviable el producto para 2026.
  • Carl Pei eleva la alerta al máximo. El CEO de Nothing declaró que la memoria es ya el componente más caro de un smartphone, por encima del procesador o la pantalla, y puede superar el 50% del coste total del hardware.
  • El consumidor se queda sin opciones baratas y sin refugio en lo ‘antiguo’. Ni siquiera los modelos del año pasado bajan de precio, porque reponer inventario con los actuales costes de memoria los encarecería un 50% sobre su tarifa original.

La ‘factura’ de la memoria asfixia al segmento asequible

Akis Evangelidis fue directo al confirmar la cancelación: la empresa ha tenido que redibujar por completo la hoja de ruta de su catálogo porque los precios de las memorias no dejan margen. El proyecto del CMF Phone 3 Pro quedó en pausa hasta que los componentes vuelvan a niveles razonables, algo que, según los analistas del sector, no sucederá antes de 2027. El movimiento de Nothing no es aislado: otras marcas asiáticas están retrasando discretamente sus lanzamientos de gama media y baja, priorizando los terminales premium donde el impacto del sobrecoste se puede amortiguar con precios más altos.

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La declaración de Carl Pei, cofundador y CEO, pone cifras a la tormenta. “La memoria es ahora el componente más caro de un smartphone. Más que el procesador, más que la pantalla, y puede representar más del 50% del coste total de hardware”, reiteró hace apenas unos días. En la práctica, esto significa que un móvil cuyo precio de venta se situaba en torno a los 250 euros necesita ahora entre 120 y 150 euros solo para cubrir la factura de los chips de RAM y almacenamiento, según las estimaciones que manejamos de fuentes del sector. Imposible mantener márgenes sin subir el PVP o sin recortar en otras prestaciones clave.

Esta situación recuerda a la crisis de semiconductores de 2020-2021, pero con un agravante: el encarecimiento de la memoria es más concentrado y golpea con más fuerza a las gamas que viven del volumen. Si entonces la escasez afectó sobre todo a la disponibilidad, ahora es el propio coste unitario el que rompe la ecuación de negocio. Y en en el segmento asequible, donde cada euro cuenta, la diferencia entre un modelo viable y uno cancelado puede ser de apenas 20 o 30 dólares de sobrecoste en memorias.

Los consumidores, entre el año viejo y la subida de precios

Nothing CMF Phone 3 Pro cancelado

La recomendación intuitiva sería comprar el modelo del año anterior. Sin embargo, el mercado de segunda mano y el stock remanente no ofrecen alivio. Un usuario preguntó a Evangelidis si podrían volver a fabricar el CMF Phone 2 Pro, y la respuesta fue demoledora: producir hoy ese mismo dispositivo con los actuales precios de memoria lo encarecería un 50% sobre su precio de lanzamiento. “Para exactamente el mismo producto”, subrayó. Es decir, lo antiguo no cuesta menos, sino más, y en muchas categorías tecnológicas el patrón se repite: consolas, tarjetas gráficas, portátiles y, por supuesto, móviles.

En España la situación es especialmente delicada. Nuestro mercado ha sido históricamente uno de los más sensibles al precio, con marcas como Xiaomi, realme o la propia CMF capturando cuota gracias a terminales por debajo de los 200 euros. Con la desaparición de renovaciones asequibles, el consumidor español se ve empujado a financiar terminales más caros o a alargar la vida de su móvil actual, algo que la tasa de reemplazo, ya en máximos históricos, confirma. Los operadores, que tradicionalmente subvencionaban parte del coste, tampoco están en disposición de absorber el sobrecoste.

La memoria se ha convertido en el verdadero dueño del precio final.

El caso del Pixel 10 de Google ilustra la paradoja. Cuesta 899 euros en la tienda oficial, apenas 100 euros más que el Pixel 9, pero la mejora real de prestaciones para el usuario medio es marginal. El sobreprecio se va casi íntegramente a cubrir el incremento de las memorias, no a ofrecer innovaciones tangibles. Algo parecido ocurre en la gama alta de Samsung o Apple, donde el salto de precio se justifica con argumentos de marketing mientras el componente silencioso se lleva la mayor tajada.

El dilema estratégico de las marcas: ¿subir precios o sacrificar componentes?

La cancelación del CMF Phone 3 Pro abre un debate estratégico que trasciende a Nothing. Las marcas que apostaron por el volumen en la gama de entrada se encuentran ante una encrucijada: subir precios y arriesgarse a perder cuota frente a la competencia, o mantener el precio a costa de recortar en cámara, batería o materiales, lo que degrada la experiencia y la reputación. En un mercado maduro, ninguna opción es buena. Observamos que fabricantes como OPPO o vivo ya están optando discretamente por lo primero en sus lanzamientos europeos de 2026, mientras que otros prefieren retrasar modelos hasta que escampe la tormenta.

El antecedente histórico en España es revelador. Durante la década de 2010, la llegada de marcas chinas con precios agresivos democratizó el smartphone y desplazó a los fabricantes locales y a los grandes tradicionales. Ese ciclo virtuoso se basó en componentes baratos y competencia feroz. Ahora, con la memoria disparada, el suelo de precios se eleva y amenaza con dejar fuera del mercado a millones de compradores potenciales que no pueden o no quieren pagar más de 300 euros por un terminal. No descartamos que veamos un resurgir de los móviles básicos con 4 GB de RAM que dábamos por extinguidos, o que algunos operadores lancen marcas blancas con especificaciones mínimas.

Desde esta redacción entendemos que la crisis de las memorias no es coyuntural: los fabricantes de DRAM y NAND, concentrados en tres grandes actores, llevan trimestres restringiendo la oferta para mantener los precios altos, y la demanda de IA, data centers y edge computing mantiene la presión al alza. Mientras el RAMgeddon siga dictando las reglas, el smartphone barato será una especie en peligro. La pregunta que dejamos abierta es si los consumidores aceptarán el nuevo paradigma de precios o si, por el contrario, prolongarán la vida de sus dispositivos hasta que la oferta se vea obligada a reaccionar. La próxima campaña navideña de 2026 dará las primeras respuestas.


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