Goldman Sachs acaba de publicar un informe que redefine el tablero bursátil. La tesis es clara: la renta variable ha entrado en un “ciclo posmoderno”, y las reglas de inversión que funcionaron durante décadas han caducado. La economía en forma de ‘K’ que describen muchos analistas no solo afecta a los sectores reales: también está fracturando los mercados.
Los tres ciclos que definieron la Bolsa moderna
Para entender el presente, los analistas del banco estadounidense dibujan una línea temporal que arranca antes de los años ochenta. Aquel ciclo era corto y volátil, con inflación y tipos de interés erráticos. Para compensar, los inversores exigían dividendos elevados.
Luego llegó el “ciclo moderno”: desde 1980 hasta la crisis financiera de 2008. Fue un periodo de estabilidad, desinflación, desregulación y globalización. Un entorno ideal para los beneficios empresariales y, por tanto, para las carteras de renta variable.
La quiebra de Lehman Brothers lo cambió todo. Entre 2008 y la pandemia, los tipos de interés se mantuvieron en mínimos históricos, lo que generó flujos masivos hacia los activos de crecimiento, especialmente en Estados Unidos y el sector tecnológico. Las carteras se concentraron en un puñado de valores.
Características del nuevo ciclo posmoderno
El fin de la pandemia activó el cambio. Goldman Sachs lo bautiza como ciclo “posmoderno”. Se caracteriza por tipos de interés más altos, mayor deuda pública y un coste del capital que afecta a todas las empresas. Además, la regionalización sustituye a la globalización y el gasto en infraestructuras y defensa se dispara.
El informe subraya un dato clave: por primera vez en una generación, el capex está erosionando el flujo de caja libre. Esto obliga a los inversores a cuestionar el valor de los negocios a largo plazo que basaban su atractivo en proyecciones de crecimiento exponencial.
“Los inversores han empezado a cuestionar el valor de los valores terminales de las empresas de crecimiento a largo plazo”, recoge el texto. Es una advertencia directa a las tecnológicas que dominaron la década pasada.
Por primera vez en décadas, el gasto en infraestructura y la defensa vuelven a ser catalizadores de la renta variable.
Ganadores y perdedores: la economía en ‘K’ llega a los mercados
La dispersión de rentabilidades será la norma. Frente a la polarización anterior, Goldman Sachs anticipa un mercado más variado, con ganadores y perdedores repartidos por distintas geografías, sectores y factores. Una “economía en K” los mercados replican, dicen: los países y las industrias que logren capear este entorno despegarán, mientras otros se rezagarán.
Eso sí, el crecimiento agregado de los índices podría ser menor. La era de subidas generalizadas impulsadas por unos pocos titanes tecnológicos se apaga. A cambio, las empresas de la “vieja economía” —infraestructuras, defensa, energía— mejorarán estructuralmente sus ingresos gracias a la inflación nominal y al gasto público.
Nuestro análisis: ¿cómo invertir en la era posmoderna?
Esta redacción cree que el mensaje de Goldman Sachs va más allá de una simple rotación sectorial. El aumento del coste del capital y la regionalización devuelven el protagonismo al inversor que sabe leer balances, flujos de caja y ventajas competitivas locales. Las carteras concentradas en índices globales con sesgo tecnológico pierden fuelle.
Más aún, la diversidad geográfica se convierte en un activo en sí misma. Europa, con su mix de empresas industriales y de servicios, puede salir beneficiada si el viejo continente logra atraer inversión en infraestructuras. España, en concreto, cuenta con valores ligados a la construcción y las utilities que encajan en este nuevo paradigma. El informe original sugiere hasta siete compañías españolas para evitar la volatilidad de las tecnológicas.
El riesgo es evidente: esta tesis depende de que los tipos de interés se mantengan elevados durante años. Si la Reserva Federal o el BCE vuelven a políticas laxas, el ‘value’ y la vieja economía podrían desinflarse. Pero, por ahora, el ciclo posmoderno es una realidad que ningún gestor puede ignorar. La adaptación será lenta, pero necesaria.




