Subida de precio de la RAM: Microsoft admite que Windows debe gastar menos memoria

El encarecimiento de la memoria por la demanda de los centros de datos de IA obliga al gigante de Redmond a replantear su arquitectura. La optimización del sistema busca alargar la vida útil de los equipos con 8 GB.

El precio de la memoria RAM se ha disparado en 2026 por la demanda insaciable de los centros de datos de inteligencia artificial, que acaparan la producción mundial de chips de memoria. Microsoft admite por primera vez que Windows debe funcionar con menos recursos y anuncia un plan de optimización para equipos con apenas 8 GB de RAM. La misma industria que durante dos décadas recomendó añadir más memoria para acelerar el sistema se ve ahora forzada a adelgazar su software.

Claves de la operación

  • El precio de la RAM se ha disparado más de un 30% en lo que va de año. La prioridad de los fabricantes de DRAM es la memoria de alto ancho de banda (HBM) para GPUs de IA, lo que reduce la oferta y encarece los módulos para PC.
  • Microsoft rompe con la inercia de la industria y apuesta por optimizar el consumo de memoria de Windows en tres frentes: un asignador más eficiente, ajustes en WinUI 3 y recorte del gasto de los componentes basados en Chromium.
  • Las mejoras empezarán a desplegarse en otoño de 2026, pero la compañía no ha cuantificado el ahorro de memoria ni ha ofrecido comparativas concretas. La comunidad de insiders ya ha recibido algunos avances.

El alza de la RAM, la factura oculta de la IA en el escritorio

Durante años, la respuesta ante un Windows lento era sencilla: comprar más RAM. La memoria era barata y abundante, y la industria del PC crecía alimentándose de esa lógica. Pero ese paradigma se ha roto. Los centros de datos que entrenan modelos como GPT o Gemini necesitan ingentes cantidades de memoria HBM, un tipo de DRAM de alto rendimiento que se fabrica en las mismas líneas que la destinada a ordenadores personales. Los grandes proveedores —Samsung, SK Hynix y Micron— han volcado su capacidad en ese segmento, mucho más rentable.

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El resultado es un mercado doméstico asfixiado por los precios. Un kit de 16 GB de DDR5 cuesta hoy más de 100 euros, cuando hace apenas un año se conseguía por la mitad. Para los equipos con 8 GB, que siguen siendo mayoría en muchos hogares y oficinas españolas, la situación es aún más crítica: cualquier tarea cotidiana, como abrir varias pestañas del navegador o ejecutar aplicaciones de videoconferencia, consume casi toda la memoria disponible. La opción de ampliarla se ha vuelto prohibitiva.

En este contexto, la decisión de Microsoft de tomar cartas en el asunto tiene una lectura económica tan clara como incómoda: la escalada de precios ha forzado la mano del gigante de Redmond, que durante años toleró —si no fomentó— que el hardware resolviese las ineficiencias del software. Ahora que el hardware es un lujo, la optimización deja de ser un capricho de ingeniería y se convierte en una necesidad de mercado.

Apretarse el cinturón: Windows se pone a dieta

Pavan Davuluri, presidente de la división de Windows y dispositivos, ha esbozado un plan con cuatro áreas prioritarias para lo que resta de 2026. La que más ha llamado la atención es la de optimización de memoria para configuraciones de 8 GB y superiores. Las otras tres —onboarding inicial, funciones de familia y entrada por voz— carecen del mismo impacto inmediato para el usuario medio.

Las vías técnicas para adelgazar el sistema son tres. La primera es un asignador de memoria más eficiente que reduzca la sobrecarga en aplicaciones y componentes del sistema operativo. La segunda consiste en ajustes continuos en el marco de desarrollo WinUI 3, de modo que las aplicaciones construidas sobre él consuman menos recursos por diseño. La tercera, y quizá la más relevante para el usuario, es la reducción del consumo de los componentes de Chromium y WebView2, que están presentes en numerosas aplicaciones de Windows y son auténticos devoradores de RAM.

Microsoft no ha detallado cuánta memoria espera ahorrar ni ha facilitado una comparativa real entre la situación actual y la que promete. Davuluri se limitó a señalar que las mejoras han ido llegando a los usuarios del programa Insider durante los últimos meses y que el despliegue general comenzará en otoño de 2026. La falta de cifras concretas deja un regusto a promesa cauta, pero la dirección es incontestable: Windows debe correr en entornos estrechos.

La industria tardó veinte años en admitir que un sistema operativo ligero no es una opción, sino una exigencia de mercado.

La paradoja es evidente. Durante dos décadas, la respuesta de la industria a un Windows pesado fue vender más RAM. Ahora que la RAM es un componente de lujo, resulta que había margen para una operación bikini. La pregunta incómoda que sobrevuela el anuncio es por qué no se hizo antes, cuando la memoria era asequible y millones de usuarios sufrían equipos lentos sin necesidad.

España ante un Windows menos voraz: digitalización con recursos justos

El plan de Microsoft tiene implicaciones particulares para el mercado español. España es uno de los países europeos con mayor proporción de equipos antiguos en hogares y pequeñas empresas; según datos del INE, casi el 40% de los ordenadores personales en uso tienen más de cinco años y una parte significativa funciona con 8 GB de RAM o menos. La administración pública, que impulsa la digitalización de trámites, tampoco renueva su parque con la velocidad deseable.

El contexto lo completa la apuesta nacional por la soberanía tecnológica. El PERTE Chip moviliza miles de millones para atraer fábricas de semiconductores a suelo español, pero los frutos de esa inversión llegarán a medio plazo. Mientras tanto, la optimización del software se presenta como la herramienta más inmediata para cerrar la brecha digital y evitar que el encarecimiento del hardware frene la adopción de servicios digitales.

En esta redacción entendemos que la iniciativa de Microsoft es una respuesta lógica a una crisis de precios que afecta de lleno a su base de usuarios. Lo que está por ver es si la compañía mantendrá este compromiso con la eficiencia cuando la presión de la oferta de RAM se relaje y los fabricantes vuelvan a lanzar equipos con 16 o 32 GB de serie. La historia del sector invita al escepticismo: cada vez que el hardware ha dado un salto, el software ha ocupado el nuevo margen sin miramientos.

Si las optimizaciones de otoño son tangibles y medibles, habrá ganado el usuario y el mercado español, siempre castigado por el precio de los componentes. Si se quedan en retoques cosméticos, la subida de la RAM habrá sido solo el síntoma de un problema más profundo: la incapacidad crónica de la industria para hacer software que no devore todo el hardware disponible.


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