Lo que ha ocurrido esta madrugada en Moscú marca un nuevo capítulo en la guerra energética entre Ucrania y Rusia. Ucrania ha lanzado el mayor ataque con drones sobre la capital rusa en dos años, impactando de lleno la refinería de Moscú, propiedad de Gazprom Neft. Las llamas y las columnas de humo en el distrito de Kapotnia, a apenas 15 kilómetros en línea recta del Kremlin, han obligado a cerrar los cuatro aeropuertos que sirven a la metrópoli —Sheremétevo, Domodédovo, Vnúkovo y Zhukovski— y han dejado al menos 17 heridos, incluidos dos niños.
El mayor ataque con drones sobre la capital rusa en dos años
El Ministerio de Defensa ruso ha confirmado que, durante las últimas 24 horas, sus baterías antiaéreas derribaron 992 drones que sobrevolaban territorio controlado por Rusia. Solo en Moscú, las defensas lograron interceptar 180 aparatos no tripulados. No obstante, varios consiguieron sortear el escudo antiaéreo y alcanzar la refinería. Se trata del segundo golpe contra esa misma instalación en menos de 48 horas —el anterior ocurrió el martes 16 de junio— y, según la agencia Tass, el más grave que sufre la urbe en dos años.
Los datos que manejo muestran una escalada palpable:
- 992 drones derribados en todo el territorio ruso en un solo día, una cifra que duplica los picos registrados en 2025.
- 180 drones interceptados sobre la capital, frente a los 80-100 de ataques previos de gran envergadura.
- 500 vuelos cancelados y las cuatro terminales aéreas de Moscú paralizadas durante horas.
- Daños materiales en un mercado de la ciudad, un edificio de apartamentos en Zhukovski y varias casas en los distritos periféricos.
La planta afectada, la refinería de Moscú, procesa alrededor de once millones de toneladas de petróleo al año y cubre casi el 40% de la demanda de gasolina y la mitad del diésel de la capital. Su operativa ya se había visto resentida tras el ataque del 16 de junio, y este nuevo envite agrava las interrupciones.

Zelenski: «si arde Ucrania, arderá Moscú»
Desde Bruselas, el presidente ucraniano Volodímir Zelenski ha dado una respuesta sin ambages. En un mensaje de voz enviado al grupo de WhatsApp de periodistas que cubren la actualidad ucraniana, declaró lo siguiente:
«Por supuesto que no queremos que arda Ucrania a causa del enemigo, pero si arde Ucrania va a arder vuestra Moscú.» — Volodímir Zelenski, presidente de Ucrania, 18 de junio de 2026
Zelenski calificó el ataque como una «respuesta plenamente justificada a los ataques rusos contra nuestras ciudades y nuestras comunidades» y volvió a ofrecer a Putin un alto el fuego inmediato con negociación del fin del conflicto. La oferta llega en un momento en que los socios europeos de Kyiv interpretan que Moscú está perdiendo la guerra.
La guerra energética como arma de desgaste económico
Lo que veo en esta operación no es solo un golpe propagandístico o táctico. Ucrania está aplicando una estrategia de desgaste sobre la columna vertebral de la economía rusa: sus infraestructuras de refinado y exportación de crudo. Durante meses, los drones ucranianos han llegado a regiones cada vez más alejadas de la frontera, pero el salto cualitativo de esta semana es el impacto repetido sobre una instalación situada dentro del cinturón metropolitano de Moscú. No se trata de un ataque aislado; es la confirmación de que la capacidad de penetración de los drones ha cambiado la geografía del conflicto.
Según el portal The Bell, los ataques ucranianos ya han provocado desabastecimiento de combustible en 53 de las más de 80 regiones rusas. La situación más crítica se vive en Crimea, donde la fuerza aérea ucraniana está golpeando con éxito las redes logísticas. Desde una perspectiva puramente macroeconómica, cada tonelada de crudo que no se refina o no llega al mercado interno russo genera un doble efecto: estrangula los ingresos por exportaciones —vitales para financiar el esfuerzo bélico del Kremlin— y eleva los costes energéticos domésticos, erosionando el apoyo social.
Sin embargo, el riesgo para los mercados globales no es menor. Cualquier disrupción prolongada en la cadena de suministro de diésel y gasolina rusos —aunque las sanciones occidentales hayan reorientado los flujos— añade una prima de riesgo al precio del barril de Brent. Hoy mismo los futuros del crudo han repuntado un 1,8% en el arranque de la sesión asiática, y los analistas con los que he contrastado datos no descartan una escalada hacia los 95 dólares si los ataques se generalizan a otras refinerías clave.
🌍 El impacto en España y Europa
El impacto directo sobre España es limitado, pero no inexistente. La escalada en los precios del crudo —que se traslada con rapidez a los mercados mayoristas de gasolina y diésel— puede sumar entre dos y tres décimas al IPC general de la eurozona si el Brent se consolida por encima de los 90 dólares. Para un país tan dependiente del transporte por carretera como España, esa subida se traduciría en un encarecimiento inmediato de la cesta de la compra y del combustible. Además, el repunte de la inflación energética complicaría la hoja de ruta del BCE, justo cuando el organismo empezaba a vislumbrar el fin de las subidas de tipos. El Euríbor, muy sensible a las expectativas de inflación, podría retrasar su descenso, manteniendo la presión sobre las hipotecas variables. En el plano empresarial, las exportadoras españolas del sector agroalimentario y manufacturero notarían el aumento del coste logístico, si bien el principal canal de contagio sigue siendo el precio de la energía.




