Hay declaraciones que marcan un punto de inflexión. No por quién las dice, sino desde dónde se pronuncian. Joseph Chalom, el que fuera máximo responsable de activos digitales de BlackRock y ahora CEO de Sharplink, lo ha puesto negro sobre blanco: Ethereum se está convirtiendo en la capa de liquidación de las finanzas globales. No es una promesa de futuro lejano. Es una lectura estratégica lanzada desde la atalaya del mayor gestor de activos del mundo.
Chalom, que lideró en BlackRock el lanzamiento de los ETF de bitcoin y ether al contado en 2024, describe un sistema financiero tradicional obsoleto. Su tesis es demoledora: cada año se gastan 9,3 billones de dólares —billones en español, millones de millones— en generar confianza de forma artificial. Contratos, seguros, gestión de riesgos de contraparte. Una maquinaria costosa, lenta y fragmentada.
Frente a ese modelo, Ethereum ofrece una alternativa radical: validadores repartidos por el mundo, una red sin caídas en diez años y más de 300.000 millones de dólares en activos on-chain. Cifras que pesan, sobre todo cuando vienen de alguien que ha pasado dos décadas en BlackRock.
La tesis del ‘trust commodity’: por qué Ethereum es la base de las finanzas globales
Chalom bautiza a Ethereum como el ‘trust commodity’, la materia prima de la confianza. Una red donde la liquidación de operaciones no depende de cámaras de compensación, horarios de oficina ni bases de datos fragmentadas. En sus palabras, «Ethereum se está convirtiendo en la capa de liquidación de confianza para las finanzas globales». La etiqueta no es menor: implica que el valor de la red no reside solo en su token nativo, el ether, sino en su capacidad para funcionar como infraestructura de verificación económica.
El dato de validadores respalda la afirmación. Más de un millón de validadores distribuidos en 84 países sostienen la red. Ninguna otra cadena pública con liquidez comparable puede presumir de una descentralización geográfica tan extrema. Y cuando hablamos de dinero institucional, la tolerancia a caídas o manipulaciones es cero.
De hecho, más del 65% de las stablecoins y activos tokenizados del mundo se alojan ya en Ethereum o en sus capas 2. Las finanzas programables no van a esperar a que las bolsas tradicionales abran de 9:30 a 16:00.
El fin de los mercados de 9 a 4 y el desembarco de los activos tokenizados
El otro gran argumento de Chalom es la tokenización de activos. Acciones, fondos, materias primas: todo apunta a un mercado 24/7. La Bolsa de Nueva York, el Nasdaq y la DTCC, el depositario central estadounidense, estudian ya una renovación completa de sus sistemas.
La imagen que puso sobre la mesa fue gráfica: si un viernes por la noche el presidente de Estados Unidos declara la guerra, el único activo que podrás vender ese fin de semana será cripto —acciones tokenizadas, metales tokenizados, futuros on-chain—. El resto tendrá que esperar al lunes a las 9:00. La rigidez del sistema actual, construido en los últimos cuarenta años, se vuelve una desventaja competitiva en un mundo que ya opera en tiempo real.
La banca tradicional gasta 9,3 billones de dólares al año en algo que Ethereum resuelve con un smart contract y un validador en cualquier huso horario.
En este nuevo mapa, las stablecoins —con un mercado de 330.000 millones de dólares— actúan como raíl de pago transfronterizo. Chalom incluso sugiere que los salarios personales podrían pagarse en stablecoins. Y los protocolos DeFi, con más de 200.000 millones bloqueados, ya prestan, operan y proveen liquidez de forma automatizada sin pedir permiso a un banco.
De BlackRock a Sharplink: la industrialización de la confianza y el papel de las ‘carteras inteligentes’
Lo que Chalom llama «la industrialización de la confianza» tiene cuatro motores: stablecoins, activos tokenizados, DeFi y las finanzas agentivas, donde una inteligencia artificial ejecuta pagos e inversiones de forma autónoma.
En ese escenario, cada usuario tendría una ‘smart wallet’ funcionando como su director financiero digital. Algo que suena a ciencia ficción pero que, si se cumplen los plazos que maneja el sector, podría llegar a finales de 2027 con estándares como el ERC-8004.
Sharplink, la empresa que ahora dirige Chalom, ya actúa en consecuencia. Es la primera cotizada construida con Ethereum como activo central de tesorería y la segunda con mayor posición pública en ETH, superando los 2.000 millones de dólares. Además, apuesta todo su ether en staking para reforzar la seguridad económica de la red. Una declaración de principios.
¿Hay riesgos? Por supuesto. La concentración del staking en unos pocos proveedores líquidos, los tiempos de finalidad en los rollups más agresivos y la posible sobrerregulación en Estados Unidos son vectores que conviene vigilar. Sin embargo, el respaldo explícito de una figura del calibre de Chalom —y por extensión, del entorno BlackRock— cambia el tono de la conversación institucional. Ya no se discute si Ethereum servirá para algo. Se discute cómo de rápido absorberá las funciones de liquidación del sistema financiero actual.




