El Niño 2026 se fortalece: el satélite Sentinel-6 confirma aguas más cálidas en el Pacífico y podría rivalizar con 1997

El satélite Sentinel-6 Michael Freilich confirma anomalías en la altura del mar que reflejan un calentamiento del Pacífico central y oriental similar al de 1997.

El 11 de junio de 2026, la NOAA declaró oficialmente el fenómeno de El Niño. Menos de una semana después, las imágenes devueltas por el satélite Sentinel-6 Michael Freilich —operado por la NASA y la ESA— confirmaban que el evento no solo sigue su curso, sino que se intensifica a un ritmo que ya evoca al monstruo de 1997, uno de los episodios más destructivos del registro histórico.

Un mapa de anomalías que habla de un Pacífico recalentado

La imagen del 8 de junio, procesada por el Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA, muestra una lengua de tonos rojizos que se extiende por el Pacífico central y oriental. Son anomalías de altura del nivel del mar: el agua cálida se expande, y el océano se eleva varios centímetros, una señal inequívoca de que la temperatura superficial está muy por encima del promedio. En concreto, la NOAA exige que las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial se mantengan al menos 0,5 °C sobre la media durante varios meses consecutivos para cantar El Niño, y este 2026 se ha cumplido con creces.

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Pero lo que realmente inquieta a los científicos no es tanto la superficie como lo que esconde el subsuelo. El Sentinel-6 Michael Freilich, lanzado en 2020 y gestionado de forma conjunta por la NASA y la ESA, mide la altura del mar con una precisión de pocos centímetros, lo que permite deducir cuánto calor se ha almacenado en la capa superior del océano. “Va más allá de las mediciones de temperatura en superficie: indica cuánta energía térmica se acumula bajo el agua”, explica Severine Fournier, científica adjunta del proyecto en el JPL. Y esa reserva de calor es la que determina la intensidad final de un episodio de El Niño.

Olas Kelvin: el mecanismo oculto bajo la superficie

El detonante de esta acumulación son las ondas Kelvin. Se trata de masas de agua cálida de cientos de kilómetros de ancho que viajan desde el Pacífico occidental hacia el este cuando los vientos alisios —esos vientos que suelen empujar el agua caliente hacia Indonesia— se debilitan o, en situaciones extremas, invierten su dirección. Al amontonarse el agua caliente en el Pacífico oriental, la termoclina —la frontera que separa las aguas superficiales templadas de las profundas y frías— se hunde, y la surgencia que normalmente refrigera las costas americanas se suprime. El resultado es una especie de batería térmica que se carga en el este y que acaba condicionando el clima de medio planeta.

El pasado mes de mayo, el Sentinel-6 ya detectó las primeras ondas Kelvin desplazándose hacia el este, una señal temprana que los modelos de predicción climática siguieron con lupa. A 8 de junio, la situación en el Pacífico occidental era casi idéntica a la que se vivió en esas mismas fechas de 1997, cuando un Niño especialmente intenso asoló el planeta con inundaciones en el sur de Estados Unidos, sequías en Indonesia y Australia, y un aumento de la temperatura global que se dejó sentir durante meses. Sin embargo, Fournier advierte de que la parte oriental aún lleva retraso: “hemos visto menos acumulación de ondas Kelvin en el este que en 1997, pero hay más en camino”. El Niño 2026, por tanto, se está construyendo por capas, y el desenlace dependerá de lo que ocurra en las próximas semanas.

Los efectos de un Niño vigoroso son globales, aunque en España la influencia es más sutil. Históricamente, los episodios intensos tienden a traer inviernos más lluviosos a la vertiente mediterránea, y menos nieve en los Pirineos, pero los científicos insisten en que cada episodio es único y que el cambio climático añade una capa extra de imprevisibilidad.

El Pacífico oriental acumula ya una reserva de calor comparable a la de 1997, pero aún necesita la energía adicional de las nuevas ondas Kelvin para igualar aquel evento.

Lo que está en juego: un fenómeno que redibuja el clima global

Colocar a El Niño 2026 en la estantería de los grandes eventos es aún prematuro, pero los paralelismos con 1997 son innegables. Aquel año, la temperatura del Pacífico central llegó a superar los 2,5 °C por encima de lo normal, provocando una cascada de desastres naturales y una factura económica estimada en más de 30.000 millones de euros. Lo que diferencia a este 2026 es que llega en un océano que ya está de por sí más caliente a causa del calentamiento global antropogénico. Según los datos del programa Copernicus, la temperatura media de la superficie del mar nunca había sido tan alta como en los últimos dos años, lo que añade un combustible extra que puede amplificar los efectos del Niño.

El comunicado oficial de la NOAA subraya que el evento alcanzó los criterios formales el 11 de junio, pero que la intensidad máxima suele darse entre noviembre y enero. Eso implica que la ventana de observación crítica está abierta ahora mismo. La combinación de modelos climáticos y los datos casi en tiempo real del Sentinel-6 ofrecen una ventana sin precedentes para seguir la evolución del fenómeno. Aun así, los investigadores del JPL se curan en salud: necesitan confirmar que las ondas Kelvin que se aproximan al este son capaces de alimentar la anomalía térmica con la misma intensidad que en 1997. “Por ahora, parece que va a ser un evento importante, más de lo que habría dicho la semana pasada, pero aún necesitamos más observaciones para saber qué va a pasar”, reconoce Fournier.

Más allá del laboratorio, la pregunta que flota en el aire es si este Niño será el que empuje al planeta a superar temporalmente el umbral de 1,5 °C de calentamiento sobre los niveles preindustriales, un hito que el acuerdo de París busca evitar de forma permanente. Aunque sea un episodio transitorio, un pico así podría tener consecuencias dramáticas para la agricultura, los ecosistemas marinos y la seguridad alimentaria de millones de personas. El precedente de 2015-2016, cuando un Niño fuerte elevó las temperaturas globales hasta marcar un récord que luego fue pulverizado por el cambio climático de fondo, sirve como aviso de lo que puede ocurrir.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: El Niño 2026 se intensifica y ya acumula un calor subsuperficial en el Pacífico ecuatorial comparable al de 1997, según las mediciones de altura del mar del satélite Sentinel-6 Michael Freilich.
  • Dónde: Océano Pacífico ecuatorial, especialmente en la región central y oriental (Niño 3.4).
  • Institución responsable: NASA, ESA (Sentinel-6), NOAA y el Jet Propulsion Laboratory (JPL).
  • Cuándo: La NOAA declaró El Niño el 11 de junio de 2026; los datos de altimetría son del 8 de junio de 2026.
  • Impacto a futuro: Si continúa fortaleciéndose, podría alterar los patrones de lluvia y sequía en todo el planeta, con especial incidencia en el suroeste de Estados Unidos, Indonesia y Australia; en España, podría suavizar los inviernos y traer lluvias al Mediterráneo.

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