Revolut alcanza los 200.000 millones de valoración: cómo un ex nadador construyó un neobanco en una década

El neobanco fundado por Nikolay Storonsky duplica su última ronda privada y se prepara para la OPV. Los reguladores observan el agresivo plan de expansión mientras el crédito al consumo desafía el modelo de pagos.

Cuando un neobanco alcanza una valoración de 200.000 millones de dólares, el ecosistema financiero europeo se detiene a observar. Revolut, la fintech fundada por el ex nadador Nikolay Storonsky, ha puesto esa cifra sobre la mesa como objetivo de su salida a bolsa, un hito que duplicaría su última ronda privada y convertiría a Storonsky en uno de los hombres más ricos del sector.

Claves de la operación

  • Storonsky controlaría un paquete accionarial de 76.000 millones de dólares. Los incentivos en acciones especiales le darían un dominio casi absoluto sobre el banco digital. Una rentabilidad descomunal desde los 500.000 dólares iniciales.
  • La empresa busca 100 millones de clientes diarios en 100 países en dos años. Su expansión agresiva incluye la entrada en EE.UU., México y, a largo plazo, China, mientras lidia con los recelos de los supervisores.
  • El modelo de negocio muta hacia el crédito al consumo y las hipotecas. JPMorgan advierte de que cuanto más preste Revolut, menos inversores la valorarán como fintech de pagos y más como banca tradicional, con el consiguiente reajuste de múltiplos.

El ‘misil autoguiado’ de Storonsky: de los derivados a los pagos digitales

Nikolay Storonsky, de 41 años y origen ruso, aprovechó los 500.000 dólares que había ganado como operador de derivados en Lehman Brothers y Credit Suisse para lanzar Revolut en 2015. “Queremos sustituir a los bancos, así de simple”, dijo entonces en un vídeo promocional. Once años después, Revolut alcanza los 75.000 millones de dólares en valoración privada y ambiciona los 200.000 millones en Bolsa, una cifra que lo situaría entre las mayores cotizadas financieras del mundo.

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La compañía, que ya cuenta con 75 millones de clientes, ofrece desde pagos internacionales casi gratuitos hasta gestión patrimonial asistida por inteligencia artificial e inversiones en criptoactivos. Storonsky ha construido una cultura donde las largas jornadas de Wall Street se mezclan con la obsesión por los objetivos trimestrales. Sus directivos son “misiles autoguiados”, según sus propias palabras, y rotan cada tres meses si no cumplen. La tasa de retención es baja, pero la fábrica de talento recibe 1,7 millones de solicitudes al año.

En este escenario, los inversores han bendecido el proyecto con rondas mil millonarias y planean una venta secundaria a finales de 2026 que valoraría la empresa en al menos 100.000 millones de dólares. Jensen Huang, CEO de Nvidia, llegó a anunciarle a Storonsky durante un acto con el primer ministro británico: “Voy a invertir en vuestra próxima ronda”.

Las grietas en la gobernanza que intranquilizan a los reguladores

El hipercrecimiento tiene un precio. Revolut ha necesitado cinco años para obtener una licencia bancaria en el Reino Unido y un plazo similar para operar en la India. El Banco Central Europeo le impone el mayor coeficiente de capital del bloque a su filial en Lituania, reflejo de la inquietud ante los controles de blanqueo de capitales y ciberseguridad.

En 2023, un fallo en el sistema de pagos estadounidense permitió a los delincuentes sustraer 20 millones de dólares. En 2024, las denuncias por fraude en Reino Unido se dispararon. Los supervisores europeos observan con lupa la mezcla de startup tecnológica y entidad financiera que Storonsky defiende. Brendan O’Boyle, director de Coatue, uno de los fondos que ha apostado por la compañía, sostiene que “el negocio es una plataforma de software global integral para servicios financieros” y que la expansión geográfica crea una ventaja imposible de replicar.

El gran salto de Revolut no es tecnológico, es de confianza: pasar de ‘app de viajes’ a banco principal requerirá sudor regulatorio y cultura corporativa.

Sin embargo, las ambiciones hipotecarias chocan de frente con la realidad normativa. La entrada en Francia o Alemania exige convencer a los reguladores de que los problemas de gobernanza están superados. La filial europea arrastra una exigencia de capital adicional impuesta por el BCE, lo que encarece cualquier apuesta por el crédito inmobiliario.

El espejismo del hipercrecimiento: riesgos ocultos en el modelo de crédito

En esta redacción leemos la metamorfosis de Revolut como un paso inevitable, pero arriesgado. La fintech ha construido su prestigio sobre los pagos y las comisiones, un negocio ligero con márgenes cercanos al 25% que ha enamorado a los fondos tecnológicos. Ahora, para seguir escalando, necesita convertirse en prestamista. A cierre de 2025, los préstamos al consumo, hipotecas y saldos de tarjetas apenas representaban el 6% de los depósitos de clientes, mientras que los ingresos por intereses suponían el 22% del total, buena parte procedente de la rentabilidad de los bonos del Tesoro estadounidense que mantenía como garantía.

JPMorgan estima que cada 1.000 millones de libras adicionales prestados pueden generar 70 millones más de ingresos por intereses, pero advierte: los inversores podrían reajustar sus marcos de valoración si Revolut se parece cada vez más a un banco tradicional. Y ahí aparece la sombra de la comparación con el IBEX 35. Entidades como Santander o BBVA llevan años puliendo sus billeteras digitales, pero con estructuras mucho más reguladas y, a la vez, con una rentabilidad sobre depósitos que las fintech europeas envidian. Si Revolut avanza hacia el crédito, el espejo con el que se mide cambia: ya no será un unicornio disruptivo, sino un banco que compite en un terreno donde los márgenes dependen del ciclo económico y de los tipos de interés.

Storonsky mantiene el timón con mano única: 40 personas le reportan directamente y su paquete accionarial está atado a hitos de valoración que pocos consejos de administración aprobarían sin pestañear. La cultura de alta exigencia y los incidentes de seguridad han sembrado dudas en las agencias supervisoras, justo cuando la compañía se prepara para pedir licencia en Estados Unidos y diseñar su salto a China. El verdadero test no será alcanzar los 200.000 millones, sino demostrar que puede gestionar un gigante global sin tropezar en los mismos escándalos de blanqueo que hundieron a Wirecard o Worldline.

El artículo original de El País detalla que Revolut afirma incorporar casi dos millones de clientes cada mes, una velocidad de crucero que obliga a verificar identidad y origen de fondos con precisión milimétrica. La historia reciente enseña que la combinación de crecimiento explosivo y controles laxos es letal. Storonsky ha prometido mejoras, pero la tensión entre el ritmo de una startup y el corsé de la banca regulada no se disipará con una ronda de financiación. El mercado lo sabe: la próxima venta secundaria de acciones y la eventual OPV serán los momentos en los que la credibilidad de ese nuevo modelo híbrido se ponga a prueba.

Lo dejamos aquí con una certeza: Revolut ha conseguido lo que muchos bancos centenarios aún persiguen: una base de clientes joven, global y dispuesta a pagar comisiones. La incógnita es si la criatura de Storonsky puede domesticar la fiera regulatoria sin perder el alma ágil que la hizo grande.


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