La economía española crece un 2,7% pero la CEOE alerta del freno exterior

El consumo de los hogares tira del PIB en el segundo trimestre, que avanza un 0,7%, mientras las exportaciones pierden fuerza por el enfriamiento de la demanda externa. La patronal pide medidas para recuperar competitividad.

La economía española mantiene su dinamismo, pero los empresarios ya ven nubarrones en el horizonte. El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha publicado esta mañana el avance del Producto Interior Bruto (PIB) del segundo trimestre: la actividad creció un 0,7% respecto al periodo enero-marzo, lo que eleva la tasa interanual hasta el 2,7%. Una velocidad de crucero que se apoya, sin embargo, en un pilar cada vez más solitario: el consumo interno.

La cifra, que mejora en una décima la registrada entre enero y marzo, confirma que los hogares y el sector servicios siguen siendo los grandes motores de la recuperación. El gasto en consumo privado repuntó con fuerza durante la primavera, impulsada por la temporada turística y la estabilización de los precios de la energía.

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El sector turístico, de hecho, ha registrado cifras récord de ocupación en julio, según los indicadores adelantados. Ese dinamismo se ha traducido en un mayor consumo de ocio, restauración y transporte, que lastra a su vez las cifras de inflación subyacente. Pero el dato esconde una debilidad que la CEOE ha subrayado con crudeza: el sector exterior se está desinflando.

El consumo de los hogares está sosteniendo el crecimiento, pero la cuestión es cuánto tiempo puede hacerlo sin la aportación de las exportaciones.

La alerta de la CEOE: el sector exterior se frena

La patronal ha valorado la marcha de la economía con un tono agridulce. En una nota difundida tras conocerse el dato del PIB, la CEOE destaca «el buen comportamiento de la economía española» pero advierte de «la pérdida de fuerza del sector exterior». Un aviso que apunta directamente a la debilidad de las exportaciones de bienes, que ya en el primer trimestre mostraron un estancamiento y amenazan con restar crecimiento en los próximos trimestres.

Las razones son múltiples. La desaceleración de los principales socios comerciales de España —Alemania, Francia e Italia— está lastrando los pedidos de manufacturas. A ello se une el encarecimiento de la financiación para las empresas exportadoras y una competitividad-precio que no mejora al mismo ritmo que la de los países del Este de Europa, según apuntan fuentes empresariales.

En paralelo, las importaciones siguen creciendo a buen ritmo, espoleadas por el consumo interno, lo que podría ensanchar el déficit comercial y restar décimas al PIB en la segunda mitad del año. Un escenario que la CEOE ha calificado de «inquietante» si no se adoptan medidas de estímulo a la internacionalización.

Análisis: un crecimiento a dos velocidades y el riesgo de sobrecalentamiento

La radiografía que dejan estos datos es la de una economía partida. Por un lado, el consumo de las familias y la inversión en servicios funcionan a pleno rendimiento; por otro, la industria y el sector exportador pierden fuelle justo cuando la demanda interna podría empezar a moderarse si los tipos de interés reales se mantienen altos durante más tiempo. Este desequilibrio no es nuevo, pero sí peligroso.

Yo creo que la economía va a tener que hacer un ajuste si las exportaciones no remontan. España suele apoyarse en el tirón del turismo y el consumo para capear las crisis, pero ahora el contexto exterior —ralentización de la eurozona, tensiones geopolíticas— no acompaña. Si el Banco Central Europeo retrasa la bajada de tipos, el crédito seguirá caro y el consumo podría resentirse, justo cuando el exterior no esté en condiciones de tomar el relevo.

Habrá que ver si el Gobierno y las empresas reaccionan a tiempo con políticas de competitividad y diversificación de mercados. De lo contrario, el 2,7% actual podría ser el pico de un ciclo que se agota.


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