Solana ha subido el listón en silencio. Con el arranque de la época 1009, la noche del 29 de julio de 2026, la red activó el aumento del límite de cómputo por bloque de 60 millones a 100 millones de unidades de cómputo (CU). Una subida del 66% que llevaba meses de preparación, y cuyo objetivo es dar más aire a la cadena cuando el tráfico se dispara, reducir los fallos en las transacciones y suavizar la presión sobre las comisiones de prioridad.
La cifra, 100 millones de CU por bloque, es más que un ajuste técnico: toca de lleno a los validadores, a los creadores de aplicaciones y al usuario que solo quiere que su intercambio se ejecute a la primera. Para entender por qué el cambio era urgente, basta con mirar los datos de la propia red: en el último año, un 11,2% de todos los bloques producidos rozó el techo de 56 millones de CU o más, según la Solana Foundation. Dicho de otro modo, uno de cada nueve bloques estaba operando al límite.
Por qué el límite de 60 millones de CU se estaba quedando corto
Solana mide el trabajo de cada transacción con compute units o unidades de cómputo (CU). Cada instrucción (una transferencia, una operación DeFi, una escritura en un oráculo) gasta una cantidad determinada de CU. Durante los periodos de calma, 60 millones de CU daban margen de sobra. Pero en los picos (una acuñación masiva de NFTs, una fiebre de memecoins o una ventana de DeFi con alta demanda de oráculos), ese techo actuaba como un cuello de botella.
Los llamados mercados locales de comisiones intentan aislar la congestión por programas, pero cuando una parte importante de la red se calienta a la vez, el límite global seguía apretando. El resultado era conocido: transacciones que fallaban, subidas puntuales en las comisiones de prioridad y usuarios que tenían que reenviar operaciones.
De 60 a 100 millones de CU: qué cambia para los usuarios
La propuesta que abrió la mano es la SIMD-0286, cuyo autor principal, Lucas Bruder de Jito Labs, ha coordinado el despliegue. El incremento a 100 millones de CU no garantiza comisiones más bajas todo el tiempo, pero sí amplía la tubería. Si la demanda se mantiene estable, los fallos por congestión deberían reducirse y las comisiones de prioridad aflojar durante buena parte del día. Si la demanda vuelve a crecer, el alivio será temporal, pero al menos se habrá ganado algo de margen.
Para los equipos de aplicaciones, la ventaja es inmediata: menos incidencias de transacciones fallidas sin que el usuario entienda por qué. Los bots de arbitraje y los buscadores de MEV encuentran más espacio para meter sus paquetes en cada bloque, y los protocolos que dependen de oráculos pueden agrupar actualizaciones sin tener que repartirlas en varios bloques. En resumen, una red que respira mejor es una red en la que resulta más fácil construir y operar.
El dato de partida lo dice todo: uno de cada nueve bloques ya iba al límite. Ampliar el techo era una cuestión de tiempo y de preparación de infraestructura.
Ahora bien, hay un requisito indispensable: que los validadores estén a la altura. La Fundación Solana condicionó el cambio a la adopción generalizada de XDP (eXpress Data Path), una técnica de red que evita buena parte del sistema operativo para mover paquetes más rápido. Antes de activar la función, más del 70% del stake en los validadores ya operaba con XDP. Sin ese prerrequisito, bloques más pesados significarían propagación más lenta y, probablemente, un aumento de los slots perdidos.
Análisis: ¿es suficiente elevar el techo de cómputo por bloque?
Subir el límite de 60 a 100 millones de CU es un movimiento con doble filo. Por un lado, alivia la congestión más visible y mejora la experiencia del usuario final, que era el objetivo prioritario. Por otro, traslada la presión al hardware y la conectividad de quien valida la red. La Solana Foundation ha dejado claro que el listón mínimo ahora pasa por XDP, y los operadores que no actualicen sus máquinas o trabajen en centros de datos compartidos pueden empezar a ver cómo se les escapan recompensas.
Este tipo de actualizaciones tiende a acelerar una tendencia que ya se intuía: la estratificación de los validadores entre quienes tratan su nodo como infraestructura de alta frecuencia y quienes lo mantienen de forma más artesanal. Es la contrapartida de una red que aspira a liquidar transacciones de forma masiva y barata.
También hay un riesgo operativo: un bloque pesado que se atasque en un subconjunto de validadores puede provocar microparadas o bifurcaciones locales, aunque el promedio de la red parezca estable. La clave para que el aumento de capacidad no se convierta en un problema está en la monitorización continua y en que la comunidad no deje de invertir en la capa de propagación.
La pregunta que queda abierta es cuánto tardará la demanda en volver a tocar techo. Si el tráfico sigue creciendo al ritmo de los últimos meses, los 100 millones de CU serán un respiro, no una solución definitiva. Pero lo relevante hoy es que Solana ha demostrado, una vez más, que puede afinar su maquinaria sin parar la red y sin que el usuario medio note otra cosa que un alivio en los cuellos de botella.




