No todos los días un dato de inflación devuelve a los mercados a un escenario que creían superado. El IPC de julio de 2026 lo ha hecho. La tasa interanual escala al 3,5%, tres décimas más que en junio, y marca su nivel más alto desde mayo de 2024. El INE confirma esta mañana lo que los precios de la gasolina y el recibo de la luz llevaban semanas anunciando: el shock energético de la guerra en Irán ha roto la tendencia de moderación.
La inflación encadena así cinco meses por encima del 3%. Y lo hace con un componente que inquieta especialmente al supervisor único: la inflación subyacente repunta una décima hasta el 3,0%. La energía tira del índice general, pero el núcleo de precios —sin alimentos frescos ni energía— también se mueve al alza. Un detalle que el BCE no pasará por alto en su reunión de septiembre.
Subida de combustibles y electricidad: los culpables del repunte
El avance del INE detalla que la aceleración del IPC se debe, sobre todo, a los precios de los carburantes y lubricantes para vehículos personales y de la electricidad, cuyas subidas han sido superiores a las registradas en julio del año pasado. En términos intermensuales, el IPC subió un 0,2% en julio respecto a junio, cuatro décimas menos que el avance del mes anterior. Acumula ya seis meses de incrementos consecutivos.
El Ministerio de Economía ha salido al paso destacando que el Plan de Respuesta al impacto de la guerra de Irán sigue desplegado y ha amortiguado, de media, más de un 60% de la subida de los precios imputable al conflicto. Según sus cálculos, las medidas en vigor —bonificaciones al combustible, reducción del IVA eléctrico hasta el 5% y cheque a hogares vulnerables— han restado un punto a la inflación general en los últimos meses.
Sin esos parches fiscales, el IPC de julio rondaría el 4,5%. Un escenario que devuelve a la economía española a los peores momentos del ciclo de precios de 2022-2023. La declaración del vicepresidente primero, Carlos Cuerpo, resume el ánimo del Ejecutivo: ‘Seguimos en un contexto internacional complejo, marcado por la guerra en Irán, cuya presión sobre los carburantes ha hecho que la inflación en este mes de julio se eleve 3 décimas, al 3,5%
El dato de IPC armonizado (IPCA) —homogéneo para comparaciones europeas— subió dos décimas interanuales hasta el 3,8%, aunque en tasa mensual fue negativo (-0,1%). La inflación subyacente del IPCA se estima en un 3,4% para el séptimo mes del año según Estadística. Cifras que, en el contexto de una Eurozona que apenas superaba el 2,5% en junio, colocan a España otra vez en la parte alta de la tabla.
Impacto en los mercados: el IBEX abre con dudas y la prima de riesgo repunta
La bolsa española ha recibido el dato con un tono mixto. El IBEX 35 abría la sesión cediendo un 0,4% hasta los 13.180 puntos, arrastrado por el retroceso de las utilities —que temen una intervención regulatoria si los precios siguen escalando— y el lastre de la banca, que descuenta una menor flexibilidad del BCE. Endesa y Redeia caían más de un 2% en los primeros compases. En contraste, Repsol se anotaba un avance del 1,5% al calor del repunte del crudo.
En el mercado de deuda la reacción fue más limpia. El bono español a diez años repuntaba ocho puntos básicos en la apertura, situando la rentabilidad en el 3,48%. La prima de riesgo respecto al bund alemán se ampliaba de inmediato hasta los 72 puntos básicos, desde los 64 con los que había cerrado el miércoles. Un movimiento de manual: la inflación persistente erosiona el valor real de los cupones fijos y fuerza a los inversores a exigir más rentabilidad.
Los futuros sobre los tipos del BCE comenzaron a descontar una probabilidad del 45% de que Fráncfort mantenga sin cambios el tipo de depósito en septiembre, cuando hace apenas una semana apenas se asignaba un 20% a ese escenario. La guerra de Irán, con el barril Brent coqueteando con los 100 dólares, se ha convertido en la variable que ningún banco central puede ignorar.
La inflación subyacente en el 3,0% indica que el problema no es solo energético: los precios de los servicios mantienen una inercia que complica las previsiones del BCE.
El dato definitivo del IPC de julio se publicará el próximo 13 de agosto, una semana antes de que el Consejo de Gobierno del BCE se reúna en su cita informal de Jackson Hole. Ese encuentro, aunque no vinculante, suele marcar la pauta de la comunicación para el otoño.

Análisis: ¿Un repunte coyuntural o un síntoma de inflación estructural?
Llevo varios ciclos cubriendo la macro española, y este dato de julio despierta ecos incómodos. La subida actual está pilotada por un shock de oferta externo: la guerra entre Irán y Occidente ha estrangulado rutas de suministro en el estrecho de Ormuz y ha disparado los precios del gas natural licuado. Si el conflicto se desescala, los precios energéticos pueden retroceder tan rápido como subieron. Eso es lo que descuenta el Ministerio cuando insiste en que el plan de respuesta está funcionando. Sin embargo, hay un detalle que chirría: la inflación subyacente ya está en el 3,0% y no da muestras de doblegarse.
Desde el verano de 2024, la subyacente no ha bajado del 2,8%. En paralelo, los salarios pactados en convenio crecen a ritmos del 3,4% anual según los últimos registros de la Seguridad Social. Si energía y salarios se retroalimentan, España puede encontrarse con un suelo de inflación más alto del que dibujaban los modelos del BCE hace apenas un trimestre. Un suelo que, por cierto, se sitúa por encima del objetivo del 2%, el mandato único de Fráncfort.
La reacción del mercado de bonos —con la prima en 72 puntos— es comedida si se compara con el pánico de 2012, pero lo relevante es la tendencia. En las últimas cinco sesiones, la prima de riesgo ha sumado 18 puntos. Para un Tesoro que tiene previsto colocar 15.000 millones de euros en letras y bonos durante agosto, cada punto adicional encarece la carga financiera en unos 150 millones anuales. No es una cantidad que desestabilice las cuentas —la deuda sobre PIB ronda el 107%—, pero sí puede frenar la reducción del déficit prevista para 2027.
La gran incógnita es septiembre. Si el BCE frena las bajadas de tipos —o incluso insinúa la posibilidad de una subida si la inflación no cede—, el aterrizaje suave de la economía española se complica. Las hipotecas a tipo variable volverían a tensionar la renta disponible de los hogares justo cuando el consumo daba síntomas de recuperación. Es precisamente esa dualidad —shock externo transitorio contra inercia salarial y subyacente— lo que convierte el dato de julio en una lectura con más capas de lo que parece a primera vista.
No creo que estemos ante un episodio de estanflación como el de los setenta, pero el mercado empieza a poner en precio un escenario de ‘higher for longer’ que hace seis meses nadie contemplaba. Y cuando el mercado cambia de guion, las carteras se reajustan rápido.
Veredicto Merca2
Cotización al cierre o apertura: El IBEX 35 abrió la sesión con un descenso del 0,4% hasta los 13.180 puntos, liderado por las caídas de Endesa (-2,2%) y Redeia (-2,1%). Repsol, en cambio, subió un 1,5% impulsada por el alza del petróleo.
Clave técnica: La prima de riesgo española a diez años repuntó hasta los 72 puntos básicos, ocho más que al cierre del miércoles. Rompe así la media móvil de 50 sesiones en los 67 puntos, lo que activa una señal de presión alcista en el diferencial.
Apunte macro: Moody’s mantiene el rating de España en Baa1 con perspectiva estable. La agencia no revisará su calificación hasta octubre, pero estos registros de inflación podrían retrasar cualquier mejora si el BCE endurece el tono. La rentabilidad del bono español a diez años se sitúa en el 3,48%, su nivel más alto en tres semanas.




